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Alexis Sinchire
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Senegal conquistó este domingo 18 de enero de 2026 su segunda Copa de África en una final dramática, intensa y marcada por la controversia frente a Marruecos, el país anfitrión de esta edición que debió jugarse el año pasado.
El título de Senegal se definió en la prórroga, después de un partido que rozó el escándalo, con un penalti fallado, amenazas de abandono y un desenlace que dejó a un país celebrando y a otro sumido en la frustración.
El héroe de la noche fue Pape Gueye, atacante del Villarreal, quien marcó el gol decisivo en el tiempo extra (94′) y selló la consagración de Senegal por segunda vez, luego de la alcanzada en 2021 en Camerún.
El momento que lo cambió todo llegó en el añadido del tiempo reglamentario. El árbitro, asistido por el VAR, sancionó un penalti a favor de Marruecos tras un agarrón en el área.
La decisión encendió los ánimos y llevó a Senegal a protestar con dureza, al punto de abandonar el terreno de juego por unos minutos, sin Sadio Mané, que permaneció en el terreno de juego junto a los jugadores locales.
Minutos antes, el árbitro anuló por falta en ataque un gol a Senegal. Marcó Abdolaye Seck, pero el tanto fue anulado por una falta previa de Abdoulaye Sack sobre Achraf.
Mientras el partido quedaba al borde de la suspensión, Brahim Díaz asumió la responsabilidad desde los doce pasos. El mediapunta del Real Madrid tenía la oportunidad de convertirse en héroe y darle el título a Marruecos en casa.
Sin embargo, su ejecución, suave y centrada, fue controlada sin dificultad por Edouard Mendy, quien sostuvo a Senegal en el momento más crítico de todo el torneo.
El fallo cambió el ánimo del encuentro. La tensión se disipó y el golpe psicológico favoreció a Senegal, que salió a disputar la prórroga con mayor determinación.
Apenas iniciado el tiempo extra, Idrissa Gueye asistió a Pape Gueye, quien sacó un potente remate que superó a Yassine Bono, hasta entonces una de las grandes figuras del partido.
Ese gol fue suficiente. Senegal manejó los minutos restantes con inteligencia y firmeza defensiva para asegurar un triunfo histórico y prolongar la sequía de títulos de Marruecos, que ya supera el medio siglo sin levantar la Copa de África.
El partido tuvo momentos de alto voltaje desde el inicio. Senegal fue más agresivo en la primera parte y generó las ocasiones más claras, pero se encontró con un Bono inspirado.
El arquero, clave también en la semifinal, evitó el gol en un cabezazo temprano de Pape Gueye y luego en un mano a mano frente a Iliman Ndiaye.
Marruecos, presionado por su condición de anfitrión, tardó en asentarse. Sus principales figuras ofensivas no lograron imponerse y el equipo dependió en exceso de la seguridad de su arquero.
La ocasión más clara llegó con Ayoub El Kaabi, que increíblemente falló solo frente al arco.
El ritmo del encuentro se fue diluyendo con el paso de los minutos. Un fuerte choque de cabezas provocó una larga interrupción que enfrió el juego y llenó el tramo final de imprecisiones, protestas y nervios.
Después llegaron el penalti, el fallo, la prórroga y el desenlace. Senegal resistió, golpeó en el momento justo y volvió a celebrar en lo más alto del fútbol africano, confirmando que su generación dorada ya dejó de ser promesa para convertirse en realidad.
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El título de Senegal se definió en la prórroga, después de un partido que rozó el escándalo, con un penalti fallado, amenazas de abandono y un desenlace que dejó a un país celebrando y a otro sumido en la frustración.
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Senegal levantó su segunda Copa de África
El héroe de la noche fue Pape Gueye, atacante del Villarreal, quien marcó el gol decisivo en el tiempo extra (94′) y selló la consagración de Senegal por segunda vez, luego de la alcanzada en 2021 en Camerún.
El momento que lo cambió todo llegó en el añadido del tiempo reglamentario. El árbitro, asistido por el VAR, sancionó un penalti a favor de Marruecos tras un agarrón en el área.
La decisión encendió los ánimos y llevó a Senegal a protestar con dureza, al punto de abandonar el terreno de juego por unos minutos, sin Sadio Mané, que permaneció en el terreno de juego junto a los jugadores locales.
Minutos antes, el árbitro anuló por falta en ataque un gol a Senegal. Marcó Abdolaye Seck, pero el tanto fue anulado por una falta previa de Abdoulaye Sack sobre Achraf.
Mientras el partido quedaba al borde de la suspensión, Brahim Díaz asumió la responsabilidad desde los doce pasos. El mediapunta del Real Madrid tenía la oportunidad de convertirse en héroe y darle el título a Marruecos en casa.
Sin embargo, su ejecución, suave y centrada, fue controlada sin dificultad por Edouard Mendy, quien sostuvo a Senegal en el momento más crítico de todo el torneo.
El fallo cambió el ánimo del encuentro. La tensión se disipó y el golpe psicológico favoreció a Senegal, que salió a disputar la prórroga con mayor determinación.
Apenas iniciado el tiempo extra, Idrissa Gueye asistió a Pape Gueye, quien sacó un potente remate que superó a Yassine Bono, hasta entonces una de las grandes figuras del partido.
Ese gol fue suficiente. Senegal manejó los minutos restantes con inteligencia y firmeza defensiva para asegurar un triunfo histórico y prolongar la sequía de títulos de Marruecos, que ya supera el medio siglo sin levantar la Copa de África.
️ Pape Gueye (24) scores in the AFCON final! What a strike!
pic.twitter.com/jyoWwdgE5N
— EuroFoot (@eurofootcom) January 18, 2026
La Copa de África tuvo una vibrante final
El partido tuvo momentos de alto voltaje desde el inicio. Senegal fue más agresivo en la primera parte y generó las ocasiones más claras, pero se encontró con un Bono inspirado.
El arquero, clave también en la semifinal, evitó el gol en un cabezazo temprano de Pape Gueye y luego en un mano a mano frente a Iliman Ndiaye.
Marruecos, presionado por su condición de anfitrión, tardó en asentarse. Sus principales figuras ofensivas no lograron imponerse y el equipo dependió en exceso de la seguridad de su arquero.
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La ocasión más clara llegó con Ayoub El Kaabi, que increíblemente falló solo frente al arco.
El ritmo del encuentro se fue diluyendo con el paso de los minutos. Un fuerte choque de cabezas provocó una larga interrupción que enfrió el juego y llenó el tramo final de imprecisiones, protestas y nervios.
Después llegaron el penalti, el fallo, la prórroga y el desenlace. Senegal resistió, golpeó en el momento justo y volvió a celebrar en lo más alto del fútbol africano, confirmando que su generación dorada ya dejó de ser promesa para convertirse en realidad.
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