Restricción vehicular al transporte pesado, una medida parcial frente a un problema complejo

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Betty Jumbo

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La decisión del Municipio de Quito de restringir la circulación del transporte pesado en la Ruta Viva y la avenida Simón Bolívar, entre las 06:00 y las 10:00, responde a una preocupación legítima: reducir los siniestros de tránsito en dos de las vías más importantes y conflictivas de la ciudad.

Los agentes de la Agencia Municipal de Tránsito han estado muy activos en el control, para que se respete la medida del gobierno local, que se aplica desde el 1 de enero de 2026, por disposición del gobierno local.

Restringir horarios sin corregir las causas de fondo es administrar el riesgo, no prevenir los siniestros.

Ambas arterias han sido escenario de accidentes graves, con víctimas mortales y cierres prolongados que afectan la movilidad y generan alarma ciudadana. Sin embargo, la efectividad real de esta medida merece un análisis más amplio y equilibrado.

La restricción horaria apunta a disminuir la interacción entre vehículos pesados y un alto flujo de automotores livianos en horas pico.

En teoría, esta separación temporal puede reducir riesgos. No obstante, los reportes de siniestros de tránsito ocurridos en estas vías muestran que el horario de circulación no es, por sí solo, el factor determinante. El exceso de velocidad aparece de forma recurrente como causa principal, seguido por deficiencias en el estado mecánico de los vehículos y falencias en la preparación de algunos conductores profesionales.

A ello se suman problemas estructurales que no pueden ser ignorados. Tramos con diseño vial deficiente, señalización insuficiente o poco visible y un control irregular por parte de las autoridades de tránsito inciden directamente en la seguridad.

La restricción, además, no es absoluta: existen salvoconductos para determinados vehículos pesados. Aunque estos permisos exigen requisitos como la Revisión Técnica Vehicular y planes de capacitación, su existencia no garantiza que los siniestros no ocurran si persisten prácticas riesgosas al volante.

Otro elemento clave es la dimensión del problema. Del total de siniestros registrados en Quito, apenas el 3% involucra transporte pesado. Entre enero y noviembre de 2025 se contabilizaron 3 468 siniestros en la ciudad, lo que sugiere que la seguridad vial es un desafío sistémico y no exclusivo de un tipo de vehículo. Focalizar la respuesta únicamente en restricciones horarias puede generar una sensación de acción inmediata, pero resulta insuficiente para producir cambios sostenidos.

La reducción efectiva de siniestros por parte del transporte pesado en la Ruta Viva y la Simón Bolívar requiere una estrategia integral, más allá de la restricción vehicular. Control permanente de velocidad, fiscalización técnica rigurosa, mejoras en la infraestructura vial, señalización adecuada y formación continua de conductores son piezas de un mismo engranaje.

A ello debe sumarse una política consistente de prevención y educación vial, orientada a construir una cultura de respeto a las normas y de corresponsabilidad entre autoridades, transportistas y ciudadanía.

La restricción vehicular al transporte pesado puede ser parte de la solución, pero no debe presentarse como la solución. Sin un abordaje integral y sostenido, el riesgo es que la medida termine siendo un paliativo temporal frente a un problema estructural que exige decisiones más profundas y coordinadas.

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