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Paola Gavilanes
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La recuperación de un loro cabeciazul (Pionus menstruus) en Pichincha y tres monos ardilla (Saimiri macrodon) en Napo, en febrero de 2026, volvió a poner en evidencia un problema persistente en Ecuador: el tráfico ilegal de fauna silvestre.
Este delito no solo amenaza la biodiversidad, también activa sanciones administrativas y penales que pueden incluir prisión.
Autoridades ambientales recuerdan que la denuncia ciudadana resulta clave para frenar esta actividad, considerada el cuarto negocio ilícito más lucrativo del mundo.
El primer paso consiste en reconocer situaciones sospechosas. La tenencia ilegal de animales silvestres como mascotas, su venta en mercados o redes sociales y el transporte sin permisos constituyen señales de alerta.
Especialistas recomiendan evitar la confrontación directa con los involucrados y priorizar la seguridad personal. La recolección de datos básicos facilita la intervención de las autoridades.
Entre la información útil constan:
Lee más: 25 especies de fauna silvestre fueron liberadas en reserva ecológica de Sucumbíos
En Ecuador existen varias vías para reportar estos casos:
Las autoridades recalcan que cualquier ciudadano puede denunciar, incluso de forma reservada.
Te puede interesar: Los rostros de los sobrevivientes del tráfico ilegal de fauna silvestre en Ecuador
La legislación ecuatoriana contempla dos vías de sanción.
Vía administrativa (Código Orgánico del Ambiente): multas desde cinco hasta 65 salarios básicos unificados, según la gravedad del caso, el nivel de amenaza de la especie y la capacidad económica del infractor. Además, se dispone el decomiso del animal.
Vía penal (artículo 247 del COIP): penas privativas de libertad de uno a tres años para quienes capturen, transporten, comercialicen o se beneficien del tráfico de especies silvestres.
La pena máxima aplica cuando el delito afecta especies en peligro de extinción, ocurre dentro de áreas protegidas, involucra delincuencia organizada o provoca muerte masiva de animales.
Lee más: Cómo actuar si te encuentras con un animal silvestre en Ecuador
En los últimos años, las autoridades retuvieron 1 289 individuos de vida silvestre. Las provincias con más rescates fueron El Oro (347), Pichincha (192) y Napo (138).
Del total, 53 animales pertenecían a especies en peligro crítico y 38 a especies en peligro, lo que evidencia la presión directa sobre poblaciones vulnerables.
El daño va más allá del sufrimiento animal. La desaparición de aves y primates afecta la dispersión de semillas y compromete la regeneración de los bosques. También altera la cadena alimenticia y aumenta el riesgo de zoonosis, enfermedades que pasan de animales a humanos.
Organismos ambientales estiman que por cada ejemplar que llega vivo al comprador, al menos nueve murieron durante la captura y el transporte.
La denuncia oportuna, insisten las autoridades, puede marcar la diferencia entre la supervivencia y la desaparición de una especie.
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Este delito no solo amenaza la biodiversidad, también activa sanciones administrativas y penales que pueden incluir prisión.
Autoridades ambientales recuerdan que la denuncia ciudadana resulta clave para frenar esta actividad, considerada el cuarto negocio ilícito más lucrativo del mundo.
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Rescate de tres monitos ardilla y un loro alerta sobre el tráfico de fauna en Ecuador: así puede denunciar
El primer paso consiste en reconocer situaciones sospechosas. La tenencia ilegal de animales silvestres como mascotas, su venta en mercados o redes sociales y el transporte sin permisos constituyen señales de alerta.
Especialistas recomiendan evitar la confrontación directa con los involucrados y priorizar la seguridad personal. La recolección de datos básicos facilita la intervención de las autoridades.
Entre la información útil constan:
- Ubicación exacta del hecho
- Fotografías o videos, si obtenerlos no implica riesgo
- Descripción del animal y de las personas involucradas
Lee más: 25 especies de fauna silvestre fueron liberadas en reserva ecológica de Sucumbíos
Canales oficiales para denunciar tráfico de animales
En Ecuador existen varias vías para reportar estos casos:
- ECU 911: opción inmediata ante flagrancia, por ejemplo, cuando el animal se vende o transporta en ese momento.
- Ministerio del Ambiente y Energía: mediante oficinas técnicas provinciales.
- Unidad de Protección del Medio Ambiente (UPMA) de la Policía Nacional.
- Plataforma Animalia EC: disponible en Guayas, Pastaza y Orellana.
- Fiscalía General del Estado: para presentar denuncias formales por delitos ambientales.
Las autoridades recalcan que cualquier ciudadano puede denunciar, incluso de forma reservada.
Te puede interesar: Los rostros de los sobrevivientes del tráfico ilegal de fauna silvestre en Ecuador
Multas y cárcel: las sanciones por traficar fauna silvestre
La legislación ecuatoriana contempla dos vías de sanción.
Vía administrativa (Código Orgánico del Ambiente): multas desde cinco hasta 65 salarios básicos unificados, según la gravedad del caso, el nivel de amenaza de la especie y la capacidad económica del infractor. Además, se dispone el decomiso del animal.
Vía penal (artículo 247 del COIP): penas privativas de libertad de uno a tres años para quienes capturen, transporten, comercialicen o se beneficien del tráfico de especies silvestres.
La pena máxima aplica cuando el delito afecta especies en peligro de extinción, ocurre dentro de áreas protegidas, involucra delincuencia organizada o provoca muerte masiva de animales.
Lee más: Cómo actuar si te encuentras con un animal silvestre en Ecuador
Más de 1 200 animales rescatados: las provincias con más casos
En los últimos años, las autoridades retuvieron 1 289 individuos de vida silvestre. Las provincias con más rescates fueron El Oro (347), Pichincha (192) y Napo (138).
Del total, 53 animales pertenecían a especies en peligro crítico y 38 a especies en peligro, lo que evidencia la presión directa sobre poblaciones vulnerables.
El impacto ambiental del tráfico ilegal de fauna
El daño va más allá del sufrimiento animal. La desaparición de aves y primates afecta la dispersión de semillas y compromete la regeneración de los bosques. También altera la cadena alimenticia y aumenta el riesgo de zoonosis, enfermedades que pasan de animales a humanos.
Organismos ambientales estiman que por cada ejemplar que llega vivo al comprador, al menos nueve murieron durante la captura y el transporte.
La denuncia oportuna, insisten las autoridades, puede marcar la diferencia entre la supervivencia y la desaparición de una especie.
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