Refugiados en oro: bancos centrales acumularon 1.000 toneladas en la última década

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Maria Nuñez Chacón

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En una ruta desde las entrañas de la tierra al fondo de las cajas fuertes de bancos centrales y de inversores privados, la fiebre del oro nunca ha dejado de existir. El gran negocio de este metal mueve la economía mundial convirtiéndose en un activo refugio, especialmente en los últimos tiempos, con las crisis geopolíticas y la guerra.

Los bancos centrales han acumulado un promedio de 1.000 toneladas de oro en los últimos cuatro años, lo que implicó un aumento significativo en relación con las 500 toneladas de la década anterior, esto según reportó el Consejo Mundial del Oro en su Encuesta sobre las reservas del metal del 2026; y se espera que esas reservas se incrementen, debido a su rendimiento en tiempos de crisis, la diversificación de carteras y la protección contra la inflación.

Al tercer trimestre del 2026, la demanda del oro alcanzó las 1.231 toneladas, un 2% más con relación al mismo período del 2025, y el valor se disparó alcanzando cifras récord de $193.000 millones, un 74% adicional al año anterior. Actualmente, el precio de la onza de oro es ₡1.805.833,35 o cerca de $4.028 la onza.

Fernando Rodríguez, economista y exviceministro de Hacienda, explicó que el oro se ha convertido en un activo refugio, es decir, una inversión diseñada para conservar el capital durante períodos de crisis, alta inflación o recesión económica, porque el dólar se debilita a nivel internacional.

“Los vaivenes en las economías internacionales, los conflictos, la pandemia y la guerra han convertido al oro en un activo más seguro y por eso su precio se ha disparado. Por eso siempre habrá interés de explotar oro, pero con una mala concepción de riqueza asociada a la acumulación de metales preciosos”, ahondó Rodríguez.

Por su parte, Luis Chavarría, coordinador de estrategias de inversión y portafolio de Acobo Puesto de Bolsa, detalló que el incremento de compras de oro por parte de los bancos centrales es parte de una estrategia para fortalecer sus reservas, reducir la dependencia del dólar estadounidense y mejorar la estabilidad financiera, sobre todo en economías emergentes.

“Si se mantiene el cese al fuego en el medio oriente y los mercados bursátiles se estabilizan, es posible que el oro se mantenga como una inversión de mediano plazo, por lo que el precio de la onza tiene una posibilidad significativa de subir en el segundo semestre del año 2026”, indicó Chavarría.

Aseguró que las principales instituciones financieras mantienen una perspectiva positiva sobre el precio del oro para el resto del año, y entidades como J. P. Morgan y TD Securities proyectan que el metal podría superar los $5.000 por onza, respaldado por la demanda física y las compras que están haciendo los bancos centrales.

¿Cómo beneficia a las comunidades extractivas de oro?

Para Fernando Rodríguez, pese al fuerte atractivo que tiene el oro, su extracción no implica verdaderos beneficios de riqueza para las comunidades donde se saca el metal.

En su criterio, es un error afirmar que los países tienen interés en explotar el mineral, porque en realidad son las empresas e inversionistas privados los que buscan extraer el oro como dinero rápido, esta explotación no se traduce en que las condiciones económicas de una nación vayan a cambiar.

“Tenemos como ejemplo a Sudamérica, que extrae minerales preciosos en zonas desérticas, donde no cambia nada, por ejemplo, en Bolivia o Chile se explotan muchos metales como cobre o plata, incluso el litio en Argentina, sin mayores beneficios para las comunidades”, indicó el economista.

Agregó que en la explotación de oro en Costa Rica, como se ha planteado en las 84.800 hectáreas del territorio de Cutris (incluyendo la zona de Crucitas donde hay extracción ilegal), gran parte del valor que generaría no quedará en la comunidad, porque esos recursos no se invierten en las fuerzas productivas, ni en los centros educativos o infraestructura comunitaria.

Y el principal problema es que en esa zona hay una enorme cobertura forestal, que ofrece servicios ambientales, lo que implicaría más pérdidas que ganancias.

Al respecto, el geólogo Allan Astorga explicó que según la información geológica disponible es posible hacer una estimación del potencial aurífero (depósitos de oro rentables) de la zona de Crucitas diferenciando entre reservas probadas y recursos de carácter potencial.

El proyecto original de Industrias Infinito contemplaba la explotación de aproximadamente 123 hectáreas de saprolita mineralizada (roca madre con el metal), con espesores cercanos a 15 metros y para esa área se estimaron alrededor de 600.000 onzas de oro.

“Con base en la evolución de la minería ilegal desde 2017, mi apreciación técnica (aunque no es un dato oficialmente verificado) es que podría haberse extraído entre un tercio y la mitad de ese recurso, por lo que actualmente podrían permanecer alrededor de 300.000 onzas. En los cerros Botija y Fortuna existen reservas probadas reportadas por Industrias Infinito del orden de 2 millones de onzas de oro”, acotó Astorga.

Adicionalmente, comentó que existen otros sectores con potencial geológico, por ejemplo, en Conchudita que tendría un potencial cercano a 500.000 onzas (aunque no corresponde a reservas demostradas); asimismo, hay otros sectores con indicios favorables, pero a los que prefirió no referirse para que no se identifique su ubicación.

“Se estima un potencial total que ronda los 3,3 millones de onzas de oro de reservas probadas con recursos potenciales que requerirían exploración adicional para su confirmación y si se toma como referencia un precio internacional cercano a US$4.000 por onza troy, el valor bruto teórico del contenido metálico sería del orden de US$13.200 millones. Pero ese monto no representa el valor económico de un proyecto minero, ya que deben descontarse los costos de exploración, inversión, operación, procesamiento, recuperación metalúrgica, infraestructura, impuestos, regalías, cierre de mina y restauración ambiental”, concluyó el especialista.

Además, estos depósitos solamente podrían explotarse mediante minería a cielo abierto, condición que explica buena parte del debate ambiental existente debido a los impactos que este tipo de explotación genera sobre el territorio.

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