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Giovanna Alvear
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El soterramiento de cables avanza como una de las apuestas centrales del Municipio de Quito para transformar el entorno urbano. A través del Plan de Soterramiento de Redes de Telecomunicaciones, la ciudad reduce la contaminación visual y reorganiza el uso del espacio público. La intervención busca que calles y avenidas presenten un paisaje más ordenado y funcional.
La administración municipal impulsó este proceso desde mayo de 2023. Desde entonces, el proyecto mantiene un avance sostenido en distintos puntos de la capital. Las obras se concentran en sectores donde el cableado aéreo afecta la seguridad, la movilidad y la imagen de la ciudad.
En el sur, el Municipio intervino la avenida Rodrigo de Chávez. En el norte, las obras se desarrollan en La Pradera y en un tramo de la avenida 6 de Diciembre. En estos espacios, las redes de telecomunicaciones pasaron a la infraestructura subterránea, lo que permitió despejar postes y cables visibles.
Al mismo tiempo, el plan se extiende a otros sectores como la avenida El Inca y Cotocollao. En estas zonas, las intervenciones se articulan con trabajos de repavimentación y con acciones de mejoramiento del espacio público. Esta forma de trabajo conjunto evita duplicar esfuerzos y permite un uso más eficiente de los recursos municipales.
El Plan Metropolitano de Intervención 2023–2026 guía el desarrollo del soterramiento. La planificación prioriza zonas con alta densidad poblacional, corredores de transporte público, ciclovías, centralidades urbanas y áreas turísticas. Bajo este esquema, entre 2023 y 2026 Quito incorporará 66,8 kilómetros de redes subterráneas.
Para 2026, el Municipio prevé sumar 33,6 kilómetros adicionales. Las obras llegarán a avenidas representativas del norte y del sur de la ciudad, como la 10 de Agosto, nuevos tramos de la 6 de Diciembre, Alonso de Angulo y Mariscal Sucre. Con estas intervenciones, la capital superará los 100 kilómetros de cables soterrados al final de la actual administración.
La Secretaría de Hábitat y Ordenamiento Territorial destaca que este proceso mejora la imagen urbana y refuerza la seguridad. El soterramiento libera aceras, reduce riesgos para las personas y fortalece la calidad de los servicios. Además, recupera el espacio público y contribuye a una mejor calidad de vida para quienes habitan y transitan por la ciudad.
El soterramiento traslada bajo tierra los cables que hoy cuelgan de postes. Esta medida reduce la contaminación visual, libera las aceras y disminuye riesgos para la ciudadanía.
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La administración municipal impulsó este proceso desde mayo de 2023. Desde entonces, el proyecto mantiene un avance sostenido en distintos puntos de la capital. Las obras se concentran en sectores donde el cableado aéreo afecta la seguridad, la movilidad y la imagen de la ciudad.
Obras en ejecución y nuevos frentes
En el sur, el Municipio intervino la avenida Rodrigo de Chávez. En el norte, las obras se desarrollan en La Pradera y en un tramo de la avenida 6 de Diciembre. En estos espacios, las redes de telecomunicaciones pasaron a la infraestructura subterránea, lo que permitió despejar postes y cables visibles.
Al mismo tiempo, el plan se extiende a otros sectores como la avenida El Inca y Cotocollao. En estas zonas, las intervenciones se articulan con trabajos de repavimentación y con acciones de mejoramiento del espacio público. Esta forma de trabajo conjunto evita duplicar esfuerzos y permite un uso más eficiente de los recursos municipales.
Planificación y resultados esperados
El Plan Metropolitano de Intervención 2023–2026 guía el desarrollo del soterramiento. La planificación prioriza zonas con alta densidad poblacional, corredores de transporte público, ciclovías, centralidades urbanas y áreas turísticas. Bajo este esquema, entre 2023 y 2026 Quito incorporará 66,8 kilómetros de redes subterráneas.
Para 2026, el Municipio prevé sumar 33,6 kilómetros adicionales. Las obras llegarán a avenidas representativas del norte y del sur de la ciudad, como la 10 de Agosto, nuevos tramos de la 6 de Diciembre, Alonso de Angulo y Mariscal Sucre. Con estas intervenciones, la capital superará los 100 kilómetros de cables soterrados al final de la actual administración.
La Secretaría de Hábitat y Ordenamiento Territorial destaca que este proceso mejora la imagen urbana y refuerza la seguridad. El soterramiento libera aceras, reduce riesgos para las personas y fortalece la calidad de los servicios. Además, recupera el espacio público y contribuye a una mejor calidad de vida para quienes habitan y transitan por la ciudad.
El soterramiento traslada bajo tierra los cables que hoy cuelgan de postes. Esta medida reduce la contaminación visual, libera las aceras y disminuye riesgos para la ciudadanía.
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