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Omar Acosta, ABC Color
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El puesto de salud fue evacuado hace dos años por peligro de derrumbe y actualmente la atención se realiza en una vivienda alquilada, mientras las autoridades sanitarias no brindan respuestas. El local había sido construido e inaugurado durante el gobierno de Mario Abdo Benítez, bajo la gestión del entonces ministro Julio Mazzoleni.
Más ministros figuran en el festín de bonificaciones
El servicio de salud funciona de lunes a viernes, de 7:00 a 15:00, con un equipo reducido encabezado por el médico Joaquín Acosta, quien además cumple el rol de chofer de ambulancia. El profesional traslada a pacientes en casos de urgencia hasta hospitales del departamento de Concepción, realiza visitas domiciliarias y sostiene el sistema sanitario local con escasos recursos.
El equipo se completa con tres licenciadas y un encargado de farmacia, pero no se realizan partos, no hay atención los fines de semana ni servicio odontológico, lo que limita gravemente la cobertura médica.
La situación se agravó recientemente con el hurto de ocho aires acondicionados y cuatro ventiladores del puesto de salud abandonado, evidenciando el estado de vulnerabilidad de las instalaciones.
Para sostener el alquiler del local —que asciende a G. 600.000 mensuales— y el pago de internet (G. 200.000), los trabajadores de salud y pobladores realizan colectas solidarias, ferias de comidas e incluso el propio médico cubre parte de los gastos con su salario.
La comunidad cuenta con unos 3.000 habitantes, incluyendo dos comunidades indígenas, y se encuentra a unos 150 km de San Pedro de Ycuamandyyú y a 55 km de Concepción, por lo que en casos de emergencia recurren con mayor frecuencia a este último departamento.
Los pobladores deben trasladarse largas distancias para gestiones básicas y provisión de medicamentos, mientras las calles se encuentran en pésimo estado, dificultando aún más el acceso y la asistencia.
El abandono también se refleja en el ámbito educativo, con una escuela que se cae a pedazos y un colegio en condiciones precarias, en una comunidad donde la mayoría de los habitantes vive de la pesca o trabaja en estancias cercanas.
A pesar de los constantes reclamos, la población y el personal de salud denuncian que no reciben respuestas del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, y aseguran sentirse olvidados por las autoridades.
Mientras tanto, desde esta lejana comunidad ribereña, siguen “haciendo patria” con esfuerzo propio, sosteniendo servicios básicos en condiciones extremas y a la espera de una solución que no llega.
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Salud sostenida a pulmón
El servicio de salud funciona de lunes a viernes, de 7:00 a 15:00, con un equipo reducido encabezado por el médico Joaquín Acosta, quien además cumple el rol de chofer de ambulancia. El profesional traslada a pacientes en casos de urgencia hasta hospitales del departamento de Concepción, realiza visitas domiciliarias y sostiene el sistema sanitario local con escasos recursos.
El equipo se completa con tres licenciadas y un encargado de farmacia, pero no se realizan partos, no hay atención los fines de semana ni servicio odontológico, lo que limita gravemente la cobertura médica.
Robos y precariedad extrema
La situación se agravó recientemente con el hurto de ocho aires acondicionados y cuatro ventiladores del puesto de salud abandonado, evidenciando el estado de vulnerabilidad de las instalaciones.
Para sostener el alquiler del local —que asciende a G. 600.000 mensuales— y el pago de internet (G. 200.000), los trabajadores de salud y pobladores realizan colectas solidarias, ferias de comidas e incluso el propio médico cubre parte de los gastos con su salario.
Aislamiento y falta de asistencia
La comunidad cuenta con unos 3.000 habitantes, incluyendo dos comunidades indígenas, y se encuentra a unos 150 km de San Pedro de Ycuamandyyú y a 55 km de Concepción, por lo que en casos de emergencia recurren con mayor frecuencia a este último departamento.
Los pobladores deben trasladarse largas distancias para gestiones básicas y provisión de medicamentos, mientras las calles se encuentran en pésimo estado, dificultando aún más el acceso y la asistencia.
Educación en crisis y reclamos sin respuesta
El abandono también se refleja en el ámbito educativo, con una escuela que se cae a pedazos y un colegio en condiciones precarias, en una comunidad donde la mayoría de los habitantes vive de la pesca o trabaja en estancias cercanas.
A pesar de los constantes reclamos, la población y el personal de salud denuncian que no reciben respuestas del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, y aseguran sentirse olvidados por las autoridades.
Mientras tanto, desde esta lejana comunidad ribereña, siguen “haciendo patria” con esfuerzo propio, sosteniendo servicios básicos en condiciones extremas y a la espera de una solución que no llega.
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