Primeras señales del batallón legislativo chavista recuerdan su mayor desafío: mantener cohesión

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Álvaro Murillo

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La principal fortaleza reformista del chavismo en el cuatrienio 2026-2030, su fuerte bancada legislativa, se enfrenta ante la oportunidad de constituirse en una mayoría suficiente para aprobar numerosas leyes y controlar el Congreso, pero también a la debilidad de origen por su falta de cohesión y, por tanto, a la amenaza de una fragmentación que haga saltar por los aires la expectativa del oficialismo generada por los resultados de las elecciones del 1.° de febrero.

Dos semanas bastaron para tener señales de discrepancias, aunque la presidenta electa, Laura Fernández, dijo que son “chismes” e intenciones de provocar separación.

El grupo de 31 diputados que tendría el Partido Pueblo Soberano (PPSO) deja ver ya indicios de divergencia entre algunas de las principales figuras y también entre rostros referentes del oficialismo, como la diputada saliente Pilar Cisneros, mientras crece la expectativa sobre su liderazgo en los próximos legisladores o el poder de influencia que tendrán tanto Laura Fernández, como Rodrigo Chaves, mandatario saliente y “padre” del movimiento.

Algunas diferencias se visibilizaron desde la campaña y otras después del triunfo electoral chavista, en las semanas del mes de febrero al abordar asuntos por temas de fondo, por la manera como se conducirán en el poder a partir del 1.° de mayo o por asuntos éticos, como el que señaló Cisneros por la reciente contratación que hizo la Presidencia de un hijo de José Miguel Villalobos, diputado electo oficialista. “Eso es red de cuido”, dijo Cisneros en el programa Interferencia de Radios UCR, echando sal en la herida que ya de por sí existía con “ese señor” desde que ella descartó tener relación alguna con el abogado de Rodrigo Chaves y el legislador electo lanzó una frase significativa. “Ella ya se va de la política y yo entro al Congreso”, dijo sobre la madrina del chavismo y futura asesora especial de Laura Fernández, según lo que ella ha manifestado.

La futura bancada oficialista también dirime quién ostentará la jefatura y quién irá por la presidencia del Congreso, un puesto para el que se vislumbran Nogui Acosta, exministro de Hacienda, y también Gonzalo Ramírez, representantes de grupos evangélicos, quien ya tuvo ese puesto entre 2017 y 2018, gracias al apoyo de la bancada del Partido Liberación Nacional (PLN) en aquel momento. Sin embargo, el también diputado electo Antonio Barzuna publicó en la red social X que quiere ver en ese cargo a una mujer, lo que coloca las luces sobre Marta Esquivel, figura protegida de Rodrigo Chaves.

A ellos se agregan posiciones disímiles en asuntos como impuestos o el futuro de los fondos del Régimen Obligatorio de Pensiones (ROP), temas de fondo a los que se podrían sumar otros conforme se concreten prioridades del nuevo gobierno.

El riesgo de fracturas es el principal desafío de la bancada oficialista, reafirmó Daniel Calvo, politólogo especializado en asuntos de la Asamblea Legislativa. Señala un factor lógico, es más difícil mantener la unidad en bloques grandes que en fracciones pequeñas, pero también otras particularidades: variedad de “caciques” sin convergencia partidaria ni ideológica, pues el PPSO fue sólo un vehículo electoral creado para el proyecto político chavista y este movimiento, a su vez, gira alrededor de la persona de Rodrigo Chaves, cuyo futuro a partir del 8 de mayo es aún una incógnita.

“La bancada actual tenía el liderazgo de Pilar Cisneros, pero ahora habrá varios liderazgos en competencia. Hay un alto riesgo de fragmentación, quizás no en el primer año, pero sí después”, comentó Calvo sin dejar de reconocer que le ha sorprendido cuán tempranas han sido las pistas de esas fracturas. Recordó, por ejemplo, que Nogui Acosta en la campaña electoral decidió romper la línea partidaria de no acudir a debates entre candidatos legislativos y que él ha expresado posiciones en materia tributaria incómodas para sectores empresariales que otras figuras oficialistas intentan mantener cerca.

Según Calvo, Chaves es hasta el momento el principal factor cohesionador de la bancada, pero está por verse su capacidad real porque se desconoce aún qué función tendrá, aunque está claro que será fuera de la Asamblea Legislativa. Aunque en algún momento de 2025 dejaba abierta la puerta de renunciar a la Presidencia para ser diputado y, eventualmente, presidente del Directorio, al final eso no se concretó y ahora la opción más mencionada es la de ser ministro de la Presidencia, como ha dicho Fernández, lo cual significa que podría encargarse de la relación del Ejecutivo con los diputados.

“No puedo estar tan seguro que vaya a tener ese puesto”, añadió Calvo en referencia a las posibilidades que desdeñó José María Villalta, diputado electo de Frente Amplio, quien sostiene que el nombramiento de Chaves como ministro de Presidencia será un error de corta duración, pues en poco tiempo su estilo confrontativo obligaría a una sustitución.

El lugar que ocupe Chaves es relevante porque la presencia cercana puede ser necesaria para la consistencia de la bancada oficialista, al margen de si le otorga inmunidad o no frente a decenas de causas penales que enfrenta y de una mayor afinidad de algunos diputados electos con él. Mientras, está por verse el grado de autonomía que tenga Laura Fernández y de cuáles figuras respondan más a ella y a su estilo que al actual mandatario.

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