Por qué Costa Rica no puede volver a la usura

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Laura Martínez Quesada

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Joseph Stiglitz lo dijo con claridad: “la libertad de los lobos ha significado la muerte de las ovejas”. Esa frase resume bien lo que ocurre cuando se deja a los mercados financieros fijar libremente tasas de interés sin límite alguno. En Costa Rica ya vivimos esa experiencia: tasas del 70%, del 100% y hasta del 200% anual, especialmente contra quienes menos poder de negociación tienen. Hoy algunos sectores piden desmontar la Ley Contra la Usura, argumentando que los topes impiden que los más pobres accedan al crédito. La realidad es exactamente la contraria.

¿Por qué no se justifican tasas de interés superiores al 30%?

No existe justificación técnica, científica ni lógica para cobrar tasas reales por encima del 30%. Los costos de prestar dinero son conocidos y públicos: los bancos reportan cada mes sus gastos, su morosidad y su margen de intermediación. A noviembre del 2025, los bancos privados cobraban una tasa promedio del 9,69% anual, cubriendo con esa cifra todos sus costos —administrativos, captación, reservas, morosos— y además obteniendo una rentabilidad muy satisfactoria (ver https://sdd.bccr.fi.cr/es/IndicadoresEconomicos/Inicio/Documento/939)

Si extrapolamos a un segmento de personas de muy alto riesgo, incluso asumiendo una pérdida esperada del 10% y costos de cobro tres veces mayores, la tasa máxima razonable ronda el 28%. No hay ciencia que sostenga un 60%, un 120% o un 240%. Lo que sí existen son campañas agresivas para atiborrar a las personas préstamos para consumo, con contratos llenos de letra menuda que empujan a hacia créditos impagables.

¿De quién es el dinero que prestan los bancos?

Aquí está la verdad que casi nunca se dice: el dinero que prestan los bancos no es de los bancos. De cada 100 colones prestados, alrededor de 92 pertenecen a los ciudadanos, a las empresas y al propio Estado. Es dinero de los ahorrantes que debe ser devuelto. Por eso el sistema financiero no puede asumir pérdidas del 15% o 25%, como algunos piden para justificar tasas altísimas. Sería irresponsable y atentaría contra la estabilidad del país. Las reglas financieras existen para proteger a la gente, no para garantizar rentabilidades desproporcionadas a unos pocos.

¿Por qué es necesario mantener los topes?

Los topes a las tasas de interés no son un invento costarricense. La mayoría de los países desarrollados y emergentes los utilizan para proteger a la población: España, Francia, Portugal, Polonia, Grecia, Bélgica, Países Bajos, el Reino Unido, Tailandia, Zambia y muchos otros. Las razones son simples: evitar abusos, controlar el sobreendeudamiento y reducir el riesgo moral de los prestamistas.

Una investigación seria del CINPE-UNA, mostró que la Ley Contra la Usura redujo la carga financiera de los hogares pobres, disminuyó laa personas manchadas en las centrales de crédito y evitó que miles de familias cayeran en deudas impagables. La calidad del crédito mejoró, el saldo total se mantuvo y cerca del 80% de los usuarios de tarjetas obtuvieron mejores condiciones. Además, las entidades financieras tuvieron que competir con más transparencia y mejores productos. En conclusión, la ley ha sido un avance claro para proteger a los consumidores, ordenar el mercado y fortalecer un sistema financiero más justo y estable.

Sin topes, la práctica común es elevar la tasa a todos los clientes, no solo a los de mayor riesgo. Cuando las ganancias son excesivas, la selección de clientes se relaja, la morosidad sube y se termina creando una burbuja de crédito de consumo, como ocurrió con las hipotecas en Estados Unidos en el 2008. El resultado siempre es el mismo: quiebran las familias primero, y después el país paga la cuenta.

La zozobra del sobreendeudamiento

El sobreendeudamiento no es un concepto financiero: es un drama humano. Quien se atrasa en un crédito cae en un círculo de miedo, vergüenza y pérdida de autoestima. Muchos hogares viven con la angustia diaria de no poder cubrir las cuotas, con llamadas constantes, amenazas y la sombra del cobro judicial. La mora no solo mancha al deudor: mancha al fiador, al padre, a la hermana o al vecino que firmó por ayudar. Costa Rica hoy registra más de 715 mil expedientes de cobro judicial en trámite. Cada uno de ellos es una historia de angustia.

El sobreendeudamiento también trae conflictos familiares, rupturas, depresión, ansiedad y problemas de salud. Nada destruye tanto la tranquilidad de un hogar como deberle al banco más de lo que se puede pagar. Y nada excluye más del sistema financiero que una mancha en el récord crediticio: miles de personas pierden su acceso al crédito por años, quedando atrapadas en un circuito de prestamistas informales.

La usura: un mal antiguo

La usura ha sido condenada a lo largo de la historia por religiones, filósofos, economistas y legisladores. ¿Por qué? Porque aprovecha la desesperación humana. Porque empobrece, esclaviza y desestabiliza sociedades enteras. Porque convierte la necesidad en negocio.

Costa Rica dio un paso civilizado al poner límites, y no podemos retroceder. Quien pide eliminar la Ley Contra la Usura no defiende la libertad, sino la libertad de unos pocos para enriquecerse a costa de las familias más vulnerables.

Una advertencia necesaria

Si se permiten tasas de interés abusivas, volverán crecer los créditos impagables, la morosidad explosiva y la exclusión financiera. Crecerá el número de los fiadores arruinados, las familias destruidas y los hogares viviendo con angustia. Y cuando esa burbuja estalle, porque siempre estalla, los bancos pedirán rescates, y la sociedad tendrá que pagar los platos rotos.

Costa Rica ya eligió un camino distinto, uno que protege a la gente. Mantener los topes no es un capricho: es una defensa de la dignidad humana, de la estabilidad económica y del futuro del país.

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