Por los derechos de las mujeres, pasemos de la igualdad escrita, a la igualdad tangible

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Laura Martínez Quesada

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Como diputada independiente, durante los últimos meses he presentado en la Asamblea Legislativa varios proyectos de ley orientados a fortalecer la agenda de los derechos de las mujeres en Costa Rica. Las últimas Iniciativas como No es No, la ley contra la violencia digital y el proyecto para hacer efectiva la igualdad salarial entre mujeres y hombres, nacieron por una sensibilidad fuerte que siento por reivindicar nuestros derechos. Porque también he sufrido en carne propia algunas de estas situaciones y no quiero que otras mujeres las pasen; también, porque creo que la democracia no se sostiene si la mitad de la población vive con derechos incompletos.

Costa Rica se ha destacado por sus avances normativos en materia de derechos humanos y ha sido ejemplo ante el mundo. En cuanto a los derechos de la mujer, hemos suscrito convenciones internacionales fundamentales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y la Convención de Belém do Pará. Estos acuerdos reconocen que la violencia y la discriminación contra las mujeres no son asuntos privados, sino problemas estructurales que debilitan la democracia, la justicia social y el desarrollo. No obstante, también debemos reconocer que, a pesar de los avances en el país, aún existe una brecha entre lo establecido en las leyes y lo que vivimos las mujeres en la cotidianidad. Costa Rica no puede conformarse con ratificar convenciones y dejarlas ahí, debe implementarlas tal cual, los derechos de las mujeres deben pasar del papel a la realidad.

El proyecto No es No busca dejar atrás la ambigüedad histórica con la que el ordenamiento jurídico ha tratado el consentimiento, especialmente en contextos de violencia sexual. Decir “no” debe ser suficiente. No puede seguir recayendo sobre las mujeres la carga de probar que resistieron, que gritaron o que hicieron lo “suficiente” para protegerse. Este no puede convertirse en un debate ideológico: es un debate de derechos humanos, dignidad y autonomía corporal, y de este modo también ser consistentes con las convenciones ratificadas.

En cuanto al proyecto de ley contra la violencia digital, responde a una realidad que avanza, lastimosamente, más rápido que nuestras normas. Las agresiones, amenazas, difusión no consentida de imágenes y campañas de odio contra mujeres están a la orden del día, en especial para aquellas que alzamos la voz en espacios públicos y que defendemos la democracia. Y al final, afectan una vida, una carrera, una familia, la democracia, porque existen consecuencias reales: silenciamiento, daños económicos, daño psicológico, autocensura y exclusión. Porque la violencia digital es violencia real. Por lo tanto, debe ser reconocida, prevenida y sancionada por el Estado.

Por otro lado, el proyecto de igualdad salarial y transparencia parte de una verdad incómoda: aunque en Costa Rica el principio de “a trabajo igual, salario igual” existe desde hace tiempo, aun las brechas salariales existen. Persisten porque operan en la opacidad, en los componentes variables, en la falta de información y en las asimetrías de poder. La propuesta no fija salarios, ni invade la negociación colectiva; lo que hace es introducir reglas de transparencia, auditorías y corrección progresiva para que la igualdad deje de ser retórica y se convierta en un derecho exigible, considerando las mejores prácticas de la legislación de otros países sobre este tema. Porque la transparencia salarial no es punitiva, es preventiva, fortalece la confianza y la gobernanza laboral, y finalmente, genera ese camino de las mujeres a la igualdad salarial.

Con estas iniciativas pretendo poner a las mujeres en el centro del Estado de Derecho, no como un grupo de interés, sino como sujetas plenas de derechos. Por eso, no es una agenda de proyectos que se deba “satanizar” con las voces de la destrucción, viendo el punto negro en la sábana blanca. Más bien, agradecería que la discusión sea por el fondo de los derechos que busca garantizar. Porque prosperar en esta agenda beneficia a toda la sociedad.

Una sociedad donde las mujeres vivan sin miedo, con igualdad salarial y con voz para alzarla en cualquier espacio, generará un país respetuoso, menos violento, más productivo y, por supuesto, nos acerca más, con hechos y no solo con palabras, a la Costa Rica que queremos ser.







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