Pobres diablos

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macsep2005

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El árbitro es la mayor víctima de los cambios instaurados en el fútbol en los últimos años. Si ya era la figura controversial por definición, porque a la neutralidad que se le exige, se le añade el odio unánime, queda en el centro del foco, y en la mayoría de los casos para mal.

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A ese destino controvertido, hay que agregarle que la irrupción de la tecnología lo ha convertido en un títere que deambula por la cancha en busca de aplicar el reglamento, pero ello es solo una fantasía.

Ahora desde el VAR, que muchas veces me suena a BAR, por las pésimas decisiones que toman sus ilustres articuladores, le dicen al ábitro qué debe hacer en las jugadas clave.

En efecto, con la llegada del VAR, el árbitro perdió toda autoridad. Si no ve un penal, como fue el caso entre Senegal-Bélgica, lo llaman para que vaya a ver la jugada desde diferentes panoramas, entonces se pasa de la acción al natural, es decir, tal y como la vio el réferi, a las imágenes, que por solo el hecho de escoger estas y no aquellas, llevan consigo el germen de la manipulación.

De esta manera asistimos al fútbol-ficción. Y en este fútbol-ficción, como las verdades que cuenta el neofascismo, la realidad ya no importa, sino el «storytelling», para decirlo con palabras de los nacidos a partir del 2000, que antepone la narrativa a la verdad.

Un ejemplo demoledor de esa realidad ficcionalizada fue lo que sucedió en un juego en Italia, el 11 de septiembre de 2022, entre Juventus y Salernitana, en la que le anularon un gol a Arkadiusz Milik, en el minuto 92, y luego la televisión demostró que un futbolista del Salernitana lo habilitaba perfectamente, pero en las tomas del VAR no salía.

En estos territorios se mueve el árbitro moderno, que ahora en el Mundial 2026 se le ve ataviado con todo tipo de artefactos por debajo de su camiseta a la altura de los hombros, además del «sprite» que debe portar, y la comunicación directa con el VAR.

Si ya era un personaje cuestionado, triste, derrotado, figurón apagado, como había dado a entender Eduardo Galeano en «El fútbol a sol y sombra», ahora es simplemente una caricatura de sí mismo.
«Durante más de un siglo, el árbitro vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores», decía Galeano.

Ya ni ese disimulo los salva. En el Mundial ganan su buen dinero, pero son unos pobres diablos aplastados por el VAR y la FIFA. Said Martínez condenó al ostracismo a Senegal con un penal que él no vio, pero cuando desde el VAR lo llamaron, cambió de opinión a pesar de que la jugada era de interpretación y no de competencia del VAR, como bien explicó el experto arbitral Eduardo Iturralde González.

En fin, que si ya eran víctimas de sí mismos cuando tenían algún poder de decisión, hoy los árbitros son fantasmas de colores en el campo y actores de tercera categoría en este multimillonario deporte llamado fútbol.

*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica.

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