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Con otra mirada
Patrimonio cultural: ¿quién lo empujó al abismo?
Para proteger el patrimonio cultural de la Nación, la Revolución de Octubre de 1944 creó el Instituto de Antropología e Historia.
José María Magaña
10 de enero de 2026
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00:01h
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El 22Nov2025 publiqué Patrimonio Cultural al borde del abismo, denunciando el desprecio institucional por el urbanismo y los edificios protegidos en la declaratoria del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala y Conjuntos Históricos. Hoy, la preocupación es otra. Trata de pinturas e imaginería religiosa de los siglos XVI, XVII y XVIII, muebles y otros objetos de Santiago de Guatemala que hasta pocos días atrás albergó el Museo de Arte Colonial. Museo fundado por el Patronato de Amigos de Antigua Guatemala en 1936, cuando vecinos y autoridades actuaban en armonía. Se asentó en el antiguo edificio de la Universidad de San Carlos. Monumento de claustro central, hoy desarticulado de otros componentes: Colegio Tridentino, capilla, Colegio de Indios y huerta; su rica unidad arquitectónica revela la magnificencia del conjunto que ocupó la manzana entera.
Las acciones judiciales de unos y la ausencia del otro acabaron por empujar el patrimonio cultural al abismo.
Para proteger el patrimonio cultural de la Nación, la Revolución de Octubre de 1944 creó el Instituto de Antropología e Historia. Así, en 1950 formalizó el vínculo con la municipalidad, propietaria del inmueble, para ocupar el edificio y exponer otras colecciones rescatadas de iglesias en ruina de la región. La figura legal fue el usufructo por 25 años, renovable por simple cruce de cartas. La última fue en 2013, por quince años, por lo que en 2028 habrá de hacerse nuevo trámite.
Como suele suceder cuando la administración pública actúa de manera irregular, el 29Dic2025 el Museo fue allanado con una inusual y aparatosa actividad liderada por la Fiscalía de Delitos Contra el Patrimonio Cultural de la Nación, del Ministerio Público, según orden del Juzgado de Primera Instancia Penal de Sacatepéquez y apoyado por un fuerte contingente policíaco. El objetivo, desalojar 198 obras que están siendo trasladadas para su resguardo al Palacio Nacional. La razón, un dictamen del Consejo Nacional para la Protección de LaAG (CNPAG), que advierte que “piezas con más de tres siglos de antigüedad sufren un deterioro progresivo”.
A mi parecer, esa inusual eficiencia y acción judicial tiene dos posibles causas: desconocimiento y/o perversidad. De la primera, en todos los museos del mundo hay obras dañadas; de ahí la existencia de talleres de restauración. El Museo de Arte Colonial lo tuvo. El Ministerio de Cultura y Deportes luce ausente, siendo responsable del estado de las obras de arte a su cargo. De la segunda, hay intereses creados, tirria a la cultura y celos institucionales.
Las últimas dos administraciones municipales han despreciado la existencia del CNPAG. Ilógica actitud, ya que, por ley, el alcalde lo preside. Es el brazo técnico y de especialización por cuyo esfuerzo la ciudad hoy vale lo que vale; además del hecho que en la década de 1970 LaAG fue reconocida como ejemplo de puesta en valor y conservación; y en la de 1980, en particular por la reestructuración y restauración de los monumentos daños por los terremotos del 4 y 6 Feb1976. Junto a su rechazo, le han coartado el uso de edificios y áreas concedidas para el desempeño de sus funciones. Y, al autorizar proyectos atentatorios a la integridad de la ciudad histórica, las autoridades municipales violan las leyes de protección vigentes.
Las acciones judiciales de unos y la ausencia del otro acabaron por empujar el patrimonio cultural al abismo. Ante esa realidad, como consecuencia del desalojo de las obras de arte, y, ahora sí, de su incierto estado, el temor actual es ver el antiguo edificio de la Universidad convertido en vulgares oficinas públicas, en clara violación al artículo 16 de la Ley Protectora, sobre el uso indigno de los monumentos.
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