Navidad gamer: niños y adolescentes también piden dinero virtual para videojuegos

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Gabriela Quiroz

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Esta Navidad, en más casas ecuatorianas no se escucha “quiero una bicicleta” ni “quiero un juguete”. Lo que muchos niños piden es más difícil de envolver: diamantes para Free Fire, Robux para Roblox o V-Bucks para Fortnite. El regalo ya no ocupa espacio en la sala, pero sí en la tarjeta de crédito familiar y en la crianza cotidiana.

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En Ecuador, los videojuegos no son meros programas de entretenimiento; funcionan como plazas públicas digitales donde los menores se presentan ante sus pares. La moneda virtual, en este contexto, no es solo un medio para adquirir ventajas competitivas, sino el capital necesario para construir una identidad digital a través de ‘skins’, gestos y accesorios que otorgan prestigio dentro del grupo.

🔍 ¿Por qué este cambio en los regalos importa a las familias?​


Porque no se trata solo de videojuegos. Regalar dinero virtual implica nuevas formas de consumo infantil, nuevas tensiones familiares y nuevos riesgos para la salud mental. Padres y madres deben decidir si ceden, prohíben o negocian un deseo que ocurre en pantallas, mientras niños y adolescentes construyen identidad, pertenencia y vínculos en mundos digitales que los adultos apenas comprenden. Lo que está en juego no es un juego: es cómo se educa, se limita y se acompaña una infancia cada vez más digital en Ecuador.

🎄 Del árbol de Navidad a la pantalla: historia de un niño gamer​


Isaac T. tiene 12 años y habla con naturalidad de algo que para muchos adultos suena extraño: gastar dinero real en objetos que no existen físicamente. A los 9 años empezó con videojuegos simples de Google. Hoy juega Roblox desde su laptop, conversa con personas de Brasil, España o Estados Unidos y personaliza su avatar con ropa, accesorios y pases VIP comprados con Robux.

“Lo máximo que he comprado son 15 dólares”, cuenta. En Navidad espera un teclado mecánico para mejorar su rendimiento y, si es posible, otros 10 dólares en dinero virtual que -dice- le duran una o dos semanas. Para él, las monedas digitales no son un lujo: son parte del juego, del estatus y de la experiencia de pertenecer a una comunidad donde “la mayoría de mis amigos tiene Roblox porque es famoso”.

Isaac no solo juega. Aprende inglés para entender a otros jugadores, sabe en qué servidores entrar y está consciente de que en 2026 se va a activar la verificación de edad en los chats, por lo que podrá interactuar con chicos de 9 a 12 años. Su mundo es global, digital y cotidiano.

🧠 Videojuegos, emociones y riesgos​


Para la psiquiatra Carolina Charpentier, del Hospital Baca Ortiz, el cambio más profundo no es el videojuego en sí, sino la forma en que se juega.
El acceso masivo al juego en línea transformó la experiencia. Antes el jugador competía consigo mismo; hoy se crean comunidades virtuales que van mucho más allá del entretenimiento, explica.

Ese cambio trae riesgos: conductas adictivas, apuestas, estafas con dinero virtual, ciberacoso, afectaciones al neurodesarrollo, sedentarismo, problemas visuales y conflictos familiares. “Muchos niños prefieren interactuar frente a una pantalla antes que con sus padres, y cuando los adultos intentan limitar el tiempo de juego, aparecen conflictos, sobre todo si ya hay problemas de comportamiento o rendimiento escolar, señala Charpentier.

No todos los niños desarrollan problemas, aclara. Pero los videojuegos pueden convertirse en refugios emocionales, especialmente en contextos de soledad, violencia o disfunción familiar.

👨‍👩‍👧 Pantallas, límites y conflictos: el choque generacional​


El neuropsicólogo Gabriel Pico, de Hacking Parenting, explica que el conflicto no es solo económico, sino cultural. “Para los niños, el dinero virtual tiene un valor real porque crecieron con eso. Es parte de su forma de relacionarse con sus pares”, señala.

En el cerebro infantil, cada skin o moneda activa el sistema de recompensa dopaminérgico. Los juegos están diseñados para eso. Sin acompañamiento, advierte Pico, puede afectar la autorregulación emocional y la tolerancia a la frustración, sobre todo antes de los 18 años, cuando la madurez neurológica aún no se completa.

El mayor riesgo aparece cuando hay ausencia parental. “Cuando no hay presencia física ni emocional, los espacios digitales se convierten en refugios. Y ahí los chicos están expuestos a estafas, suplantación de identidad e incluso abusos”, alerta. El viejo consejo de “no hables con extraños” dejó de aplicarse en internet.

Pico insiste en que prohibir sin entender empuja más a los niños al mundo digital. En cambio, propone acompañar, comprender el juego y usarlo incluso como herramienta educativa: enseñar ahorro, límites, autorregulación y economía digital. “No se trata de que el videojuego sea la vida del niño, sino de usarlo para desarrollar habilidades para la vida real”.

📊 El negocio de los videojuegos​

  • Para fines de este 2025 se proyecta que la industria del ‘gaming’ movilizará 188 800 millones de dólares, lo que representa un crecimiento interanual del 3,4%, según el reporte de Newzoo.
  • En Ecuador, el acceso a esta industria se da más, a través de teléfonos móviles (Inec), debido a su alta penetración en comparación con las consolas de alta gama o las PC especializadas, cuyos costos pueden superar los 1 800 dólares.
  • El 95% de ingresos en aplicaciones móviles proviene de compras dentro de la aplicación, lo que explica por qué el regalo físico ha sido reemplazado por la microtransacción, de acuerdo con los reportes ‘State of mobile’, de Sensor Tower y Data.ai
  • La demanda de videojuegos en Ecuador en 2024-2025 se concentra en títulos que permiten una entrada gratuita (‘Free-to-Play’) pero que incentivan el gasto recurrente para la personalización.
  • Free Fire y Roblox lideran las listas de descargas y tiempo de uso en el país, según DataReportal junto con ‘We are social’ y ‘Meltwater’.

🧭 Cómo acompañar sin prohibir​


Estándares de la ITU (Unión Internacional de Telecomunicaciones) para protección de la Infancia en línea

  • Seguridad: Activar la autenticación de dos factores en plataformas de compra para evitar transacciones no autorizadas.
  • Publicidad: Suprimir los anuncios en aplicaciones de niños pequeños. Ellos no distinguen entre información objetiva y publicidad.
  • Participación: Los padres deben jugar con los hijos y entender qué quieren compran. Preguntar qué aplicaciones usaron durante el día ayuda a mantener un canal de comunicación abierto.
  • Enseñar el costo de oportunidad: Si un niño gasta su asignación en diamantes de Free Fire debe entender que no podrá usar ese dinero para un helado o una salida al cine.

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