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Fausto Segovia Baus
Guest
Un periodista preguntó al Papa Francisco, en un vuelo de América a Europa: “Santidad, ¿qué dice el evangelio sobre la clase media?”. El pontífice paró de sonreír y respondió: “Excelente pregunta. Estudiaré”. No hubo respuesta.
El tema de la clase media -conocida como sánduche- nunca ha perdido actualidad. Académicos, políticos y economistas han intentado descifrarla, según miradas filosóficas, ideológicas y estadísticas.
La clase media se define como el conjunto de individuos que poseen un nivel socioeconómico intermedio, que les permite llevar un estilo de vida digno; es decir, acceso a bienes y servicios básicos como vivienda, educación, empleo y salud.
La clase media en el Ecuador se identifica por un rango de ingresos y condiciones de vida, que se sitúa entre los estratos bajos y altos de la población. Según datos recientes, la clase media representa aproximadamente el 6,31% de la población ecuatoriana, que equivale a alrededor de 1,1 millones de personas distribuidas en 303.173 hogares. La mayoría de estos hogares dependen de ingresos laborales, y al menos una persona está empleada formalmente y afiliada a la seguridad social.
El concepto de clase media tiene sus raíces en la burguesía que surgió durante la Edad Media y se consolidó con el tiempo tras las revoluciones liberales en Inglaterra. Al principio, esta clase estaba formada por terratenientes y comerciantes que comenzaron a ganar poder económico y político. En la actualidad, la clase media enfrenta desafíos significativos, por la inestabilidad económica y la percepción de que su estatus está en peligro de extinción.
La clase media es fundamental para el crecimiento económico, porque impulsa el consumo y favorece la movilidad social. Su estabilidad es crucial para el mantenimiento del Estado del bienestar en las sociedades modernas. Además, su capacidad para acceder a educación y servicios de salud contribuye a la cohesión social y al desarrollo sostenible.
Pero no todos piensan así: “La clase media ya no se define como una realidad “objetiva”, definida por marcadores cuantificables de ingreso, ocupación o nivel educacional. Por el contrario, la clase media es entendida como un horizonte político-cultural que permea grupos sociales diversos, y que puede ser utilizado como bandera de lucha e identidad en conflictos de distinta magnitud. La clase media, nos muestra este campo en expansión, existe allí donde se invoca y experimenta, moldeando en el camino subjetividades, prácticas sociales y políticas estatales”, según David Parker en la obra “Clases medias en América Latina: subjetividades, prácticas y genealogías”.
Otros sostienen la vulnerabilidad de los sectores medios en la región, así como la relación entre las clases medias y el Estado, y se han estudiado ciertos mitos que guían el debate público sobre los procesos de politización de la clase media. Las investigaciones han abordado la modernización y democratización del Estado, así como el desarrollo de políticas públicas, y las particularidades propias de este estrato social en comparación con las clases medias europeas y norteamericanas.
Frente al Estado del bienestar, patrocinado por los cientistas sociales, Nina Lykke, noruega, escribió el libro aclamado “El Estado del malestar”, que es una divertida sátira a la insoportable levedad de la clase media surgida al calor del Estado del bienestar, vista por una mujer privilegiada que vive en uno de los países más ricos del mundo y, sin embargo, se halla al borde de un ataque de nervios. Conviene leerlo.
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El tema de la clase media -conocida como sánduche- nunca ha perdido actualidad. Académicos, políticos y economistas han intentado descifrarla, según miradas filosóficas, ideológicas y estadísticas.
La clase media se define como el conjunto de individuos que poseen un nivel socioeconómico intermedio, que les permite llevar un estilo de vida digno; es decir, acceso a bienes y servicios básicos como vivienda, educación, empleo y salud.
La clase media en el Ecuador se identifica por un rango de ingresos y condiciones de vida, que se sitúa entre los estratos bajos y altos de la población. Según datos recientes, la clase media representa aproximadamente el 6,31% de la población ecuatoriana, que equivale a alrededor de 1,1 millones de personas distribuidas en 303.173 hogares. La mayoría de estos hogares dependen de ingresos laborales, y al menos una persona está empleada formalmente y afiliada a la seguridad social.
El concepto de clase media tiene sus raíces en la burguesía que surgió durante la Edad Media y se consolidó con el tiempo tras las revoluciones liberales en Inglaterra. Al principio, esta clase estaba formada por terratenientes y comerciantes que comenzaron a ganar poder económico y político. En la actualidad, la clase media enfrenta desafíos significativos, por la inestabilidad económica y la percepción de que su estatus está en peligro de extinción.
La clase media es fundamental para el crecimiento económico, porque impulsa el consumo y favorece la movilidad social. Su estabilidad es crucial para el mantenimiento del Estado del bienestar en las sociedades modernas. Además, su capacidad para acceder a educación y servicios de salud contribuye a la cohesión social y al desarrollo sostenible.
Pero no todos piensan así: “La clase media ya no se define como una realidad “objetiva”, definida por marcadores cuantificables de ingreso, ocupación o nivel educacional. Por el contrario, la clase media es entendida como un horizonte político-cultural que permea grupos sociales diversos, y que puede ser utilizado como bandera de lucha e identidad en conflictos de distinta magnitud. La clase media, nos muestra este campo en expansión, existe allí donde se invoca y experimenta, moldeando en el camino subjetividades, prácticas sociales y políticas estatales”, según David Parker en la obra “Clases medias en América Latina: subjetividades, prácticas y genealogías”.
Otros sostienen la vulnerabilidad de los sectores medios en la región, así como la relación entre las clases medias y el Estado, y se han estudiado ciertos mitos que guían el debate público sobre los procesos de politización de la clase media. Las investigaciones han abordado la modernización y democratización del Estado, así como el desarrollo de políticas públicas, y las particularidades propias de este estrato social en comparación con las clases medias europeas y norteamericanas.
Frente al Estado del bienestar, patrocinado por los cientistas sociales, Nina Lykke, noruega, escribió el libro aclamado “El Estado del malestar”, que es una divertida sátira a la insoportable levedad de la clase media surgida al calor del Estado del bienestar, vista por una mujer privilegiada que vive en uno de los países más ricos del mundo y, sin embargo, se halla al borde de un ataque de nervios. Conviene leerlo.
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