Max Jiménez: artista, vanguardia y radicalidad

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Ana Beatriz Fernández González

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Max Jiménez Huete nació en San José, Costa Rica, apenas iniciado el siglo XX y murió 47 años después en Buenos Aires, Argentina.

De joven estudió —sin terminar— una carrera vinculada a los negocios y la administración, para luego radicar en París, donde tomó clases de dibujo, se dedicó a la pintura y la escultura, y logró exponer con críticas alentadoras.

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Max Jiménez, Sfch, circa 1939. “Anita”. Óleo sobre tela. 97.5 x 61.5 cm. Colección Jiménez–Bechee. (Foto: Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia)

Ese fue el inicio de una trashumancia vital por los caminos de varios países, las artes y la libertad creadora, la vanguardia, la crítica social y la radicalidad artística, frente a un canon cultural hegemónico nacional que no acogió su búsqueda y propuestas estéticas.

Jiménez fue hijo de Ana Huete y Roberto Jiménez, familia con buena posición económica de una Costa Rica que se consolidaba como república liberal.

“Si recibiéramos lo que creemos merecer, ¿qué vamos a seguir haciendo?”, Candelillas, de Max Jiménez.

Con entrada gratuita, sus obras se exponen hasta el 14 de marzo en el Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia en Barrio Escalante. El guión cuenta con 80 obras, entre pinturas, dibujos, grabados y textos, creados por Jiménez a lo largo de varias décadas, incluso hace más de un siglo.

El recorrido propone acercar al público visitante a los multiversos estéticos de “una figura clave de la vanguardia costarricense”, como se anotó en un comunicado del Museo. El corpus artístico de Jiménez, continuó el documento, está marcado por una mirada crítica, expresionista y profundamente humana.

La exhibición, titulada Entre candelillas y quijongos, una fusión sonora y cultural que habla de raíces y memorias, recibe al visitante con una mampara en donde se leen los versos impresos del poema “La última súplica” del libro Revenar de Jiménez (primera edición 1936) y en que destaca la letra A capitular creada por él mismo autor para la publicación:

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Max Jiménez, Sfch circa 1945-46. “San Juan Bautista”. Acrílico sobre tela. 110 x 92 cm. Colección Jiménez-Odio. (Foto: Ana Beatriz Fernández)

La última súplica

(A)BRID más ese hueco! (sic)

¿No veis que allí no cabe lo que ha sido mi vida?

Abrid más esa tierra, tal vez llegue la com-

pañía de un eco…

Para tanto que he amado, para tan largo sueño.

¿no veis que es muy pequeño?

¿Abrid más ese hueco!

que tal vez este cuerpo le queda algo de vida.

Y para que no pierda su contacto de cielo

cuidareis de que ese árbol jamás llegue a estar seco

y que hunda sus raíces profundas en el suelo.

Abrid más ese hueco.

¿No veis que es muy pequeño?

Tal vez ninguno quiere deseternizar mi calma…

tal vez tu corazón ya ande de fantasma

en busca de su dueño…

Las obras de Max Jiménez históricamente han permanecido en las colecciones de la familia Jiménez y desde hace 25 años no se exhiben de forma pública, hasta este inicio de 2026.

Por ello y con la intención de saldar “una deuda histórica con uno de los creadores más radicales… del siglo XX”, es que se realiza la muestra, según se puntualizó en la comunicación oficial del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ).

El título de la exposición fue idea de los familiares del artista, pues, de acuerdo con la nieta, Adriana Jiménez, “pensamos que era un buen momento para recordar una parte de la obra literaria en el marco del montaje de la obra pictórica, por parte del museo”.

Para Jiménez, el objetivo es que la exposición sea integral, ya que su abuelo Max creó la obra visual entre libro y libro. Después de haber estado guardada por tanto tiempo, dijo Jiménez, haber logrado como familia la exposición ha sido un gran honor. “Para nosotros mismos, apreciar la obra de Max Jiménez desde las paredes de un museo es diferente. Nos hace valorarla aún más, oír los comentarios de expertos en arte sobre la pincelada, el color, el trazo, nos hace aprender más de nuestro abuelo”, comentó.

Con la exposición, los costarricenses pueden admirar un artista del siglo XX, y conocer o recordar su obra literaria; “tenemos un compromiso con la cultura costarricense y tratamos de enseñar su obra en totalidad”, aseguró.

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Max Jiménez, 1938. “Cactus en el desierto” (TCC. Dos desnudos o El futuro). Óleo sobre tela. 74.5 x 61 cm. Colección Museo Arte Costarricense.

Candelillas y quijongos

Max Jiménez escribió Ensayos (1926); Gleba. París: Le livre libre y Unos fantoches (1929), Quijongo (1933), Revenar, El domador de pulgas (1936), Poesías (1936) y Sonaja (1936), El jaul (1937) y Candelillas (1965).

El título de la exhibición se basa en el libro de poemas Quijongo, que en su primera página dice: “El quijongo, de mi patria, es un instrumento musical sencillo: un arco con una jícara adherida a la madera, la cual, manejada con la mano izquierda, convierte en voces

los golpes dados sobre la cuerda. Es simple, y tiene el encanto de los instrumentos que solamente pueden ser tocados con el alma”.

En Candelillas, por su parte, manifiesta: “Si se encuentra que alguna de estas notas son oscuras estoy completamente de acuerdo con el lector. Puede ser que a un precepto lo contradiga el otro, como la vida, que no se repite nunca. Todas estas notas están escritas sobre la palabra probablemente y, de equivocarse, han cumplido en gran parte con su cometido”.

La exposición, entonces, posee una plurisonoridad literaria y visual vinculada a las voces y aristas (notas) del artista, que entre obra y obra fue tejiendo expresiones vanguardistas con géneros como el ensayo, la novela y la poesía, y una estética visual con técnicas diversas y motivos latinoamericanos relacionados con mujeres, parejas y hombres, en su mayoría afrodescendientes.

Jiménez habló en sus escritos sobre las relaciones sexo afectivas, la ruralidad en decadencia, la política y el poder corrupto del domador; experimentó con radicalidad, inusual para la época y en el contexto costarricense, con estilos pictóricos como el expresionismo, técnicas como el óleo y el grabado, las artes de la escultura, la pintura, el dibujo y la caricatura, así como las letras capitulares.

La paleta de colores, de tonalidades ocres y verdes musgo, celestes y grises, fue acompasada con figuras de mujeres afrodescendientes y monumentales, desnudas o vestidas, con anatomías distorsionadas, gestos lánguidos e ingenuos, y ojos grandes, protuberantes y rasgados (como los del artista).

Algunas de ellas, que lucen muslos, caderas y manos desproporcionados, están completamente desnudas o cubiertas parcialmente con telas o gasas transparentes en movimiento, mientras se juntan en las playas, con sus aguas, árboles y montañas o conversan con cántaros a los lados.

Otras, en cambio, vestidas alegremente, se asoman a las ventanas, abiertas al afuera que no se ve, pero se intuye, acalorado y plácido.

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Max Jiménez, circa 1943. “Pescadores en Cojimar”, Acuarela sobre papel. 42 X 59 cm. Colección Jiménez-Bechee. (Foto: Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia)

Peregrino

Además de Londres y París, Jiménez viajó a España, Cuba, Chile y Argentina. En La Habana las mujeres afrodescendientes fueron motivación estética para retratar el Caribe en muchas de sus obras.

El director del Museo Calderón Guardia, Luis Nuñez Bohórqueza, a cargo de la curaduría de la exposición, decidió colocar como novedad algunos bocetos a la par de la obra, como en el caso de “Mujer emergiendo de las aguas”, así como textos de sus libros como El jaul y el poema “Jesús hizo vino del agua” de Revenar, los cuales se acompañarán de un código QR para tener acceso a las publicaciones.

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Max Jiménez, circa 1940. “El pozo”. Óleo sobre tela. 92 x 76 cm. Colección Jiménez-Bechee. (Foto: Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia)

Jesús hizo vino del agua

(M)AS vino, señor de la melancolía;

mi voz en el cantar divino,

de los que hicieron… luz de la noche y tenebroso el día:

los que cantaron al compás del vino…

Más vino, señor de la melancolía;

mi oración en principio y sin amén.

Sangre de la vid para la sangre mía,

vino del de Omar y de Rubén.

Más vino, señor de la melancolía,

húmeda tierra hasta llegar a vos.

Será el costal de odas

la vida ya vacía,

tu me das del vino que te sobró en las bodas

y viviré el asombro de ver morir la muerte…

Asimismo, se muestran artículos publicados en la revista Repertorio Americano, editada por Joaquín García Monge en forma interrumpida entre 1919 y 1958.

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Max Jiménez, circa 1939. “Tierra y Mar T.C.C. Mar y Cielo”. Óleo sobre tela. 77 x 108 cm. Colección Jiménez-Odio. (Foto: Museo Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia)

Entre otras, las pinturas “Anita” (circa 1939), “Armando Maribona”, retrato de Max Jiménez (1922), “Vendedor de naranjas” (circa 1942), “Mujer en la ventana” (1940) y el reconocido “San Juan Bautista” (circa 1945–1946) se podrán apreciar en la visita al museo.

“El desnudo de Anita es uno de los más importantes que tiene ese carácter reflexivo: la modelo está ensimismada, lo cual le da otro interés a un desnudo majestuoso y monumental, que es reforzado por una tela que define prácticamente todo el cuerpo de la modelo”, afirmó Nuñez.

Finalmente, a Nuñez le emociona particularmente el San Juan Bautista, “que está sobre el caballete de Max, y quedó así cuando murió”.



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