Los retos de identificar cadáveres en Guatemala y lo que hacen las estructuras criminales para que no se reconozcan

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El 27 de octubre del 2025 los Bomberos Voluntarios extrajeron dos cadáveres y dos cabezas humanas de un río de la ruta al Atlántico. (Foto Prensa Libre: CVB)

JUSTICIA

Los retos de identificar cadáveres en Guatemala y lo que hacen las estructuras criminales para que no se reconozcan

En Guatemala, identificar a una persona fallecida puede convertirse en un proceso largo y complejo, marcado por limitaciones, falta de información y condiciones en las que los cuerpos son hallados, factores que en muchos casos impiden devolver un nombre a los muertos.​

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Edwin Pitán


11 de enero de 2026

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El 27 de octubre del 2025 los Bomberos Voluntarios extrajeron dos cadáveres y dos cabezas humanas de un río de la ruta al Atlántico. (Foto Prensa Libre: CVB)

El 27 de octubre del 2025 los Bomberos Voluntarios extrajeron dos cadáveres y dos cabezas humanas de un río de la ruta al Atlántico. (Foto Prensa Libre: CVB)​


La identificación de cadáveres en Guatemala enfrenta desafíos que determinan si una persona puede ser reconocida o enterrada sin nombre, condición conocida popularmente como XX. En las últimas semanas han aparecido 15 cadáveres en la capital y el área metropolitana; solo tres han sido identificados y, conforme pasan las horas, las posibilidades de reconocer a los muertos se convierte en una tarea complicada.

El abandono de cuerpos es uno de los comportamientos habituales de la criminalidad en el país. Jorge Granados, médico forense y excolaborador del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), explica los obstáculos para identificar cadáveres en Guatemala.

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La genética, sin comparación​


Granados señala que uno de los principales retos es la ausencia de información para contrastar con los datos forenses extraídos de los cuerpos. “El ADN por sí solo no identifica a nadie. Es solo un código de números y letras; si no tenemos con quién compararlo, no nos dice absolutamente nada”, afirma.

Cabe recordar que el ADN, o ácido desoxirribonucleico, es la molécula que contiene la información genética de todos los seres vivos, incluso algunos virus.

Cuando una persona es reportada como desaparecida, la descripción física resulta insuficiente si no va acompañada de una muestra genética de familiares cercanos. “El mayor problema que enfrentamos es que no tenemos contra qué comparar. Podemos tener varios cadáveres, pero sin una muestra del padre, la madre o un hermano, la identificación es imposible”, explica.

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La extracción de ADN es clave en la identificación forense, pero sin muestras familiares para comparar, el perfil genético no permite establecer una identidad. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Descomposición y ocultamiento​


La situación se agrava por las condiciones en las que muchos cuerpos son hallados. Granados detalla que, en la mayoría de los casos, los cadáveres llegan en estado avanzado de descomposición. “Muchos cuerpos están tan putrefactos que ya no es posible recuperar huellas dactilares, que es el método de identificación más certero desde el punto de vista jurídico”, indica.

“Hay casos en los que los agresores destruyen los pulpejos de los dedos, amputan las manos o aplican químicos para impedir que la persona sea identificada”, resalta el forense. Añade que “existe una acción deliberada por parte de estructuras criminales para evitar la identificación” de las víctimas.

Cuando no es posible identificar a una persona mediante huellas, los peritos recurren a la genética forense. No obstante, este método también tiene limitaciones. “La genética no hace magia ni milagros; necesita una muestra de un familiar para poder confirmar una identidad”, subraya Granados.

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Cuerpos sin reclamo​


En escenarios donde los cuerpos no son reclamados, el procedimiento se limita a preservar evidencia mínima para el futuro. “Después de dos semanas, si ningún familiar llega, se toma una muestra ósea, se guarda el perfil genético y el cadáver es inhumado como cuerpo XX”, explica.

Este problema se refleja con mayor crudeza en los casos de personas desaparecidas bajo alertas oficiales. “En las alertas Isabel-Claudina y Alba-Keneth, la falta de muestras de ADN de los familiares complica enormemente la identificación cuando las personas aparecen fallecidas”, señala.

Granados enfatiza que los retrasos en la identificación no responden a negligencia institucional. “No es que la identificación tarde porque no se quiera hacer; tarda porque necesitamos localizar a un familiar que permita la comparación genética”, puntualiza.

Aunque existen bases de datos genéticas, su alcance es limitado. “Solo en casos excepcionales, cuando el perfil coincide con una muestra ya registrada en la base de datos criminal, se puede identificar a una persona sin la familia”, concluye.

Mientras tanto, cadáveres continúan siendo sepultados sin nombre en los cementerios, a la espera de que algún día una muestra de sangre permita devolverles la identidad.

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