Los políticos y el precio del hornado

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Lolo Echeverría

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La paradoja mayor de nuestra democracia está en que los ciudadanos desprecian a los partidos políticos, que son los que ponen candidatos, los que gobiernan, los que legislan, controlan la justicia y administran el dinero de todos. Los ciudadanos solo acuden a las urnas a decirle NO al gobierno que ellos mismos han elegido.

Los políticos, oportunistas como son, se presentan como amantes de Quito en su aniversario, el resto del año dejan que la ciudad se desintegre. El gobierno de la ciudad, concejales y alcalde, han convertido el precio del hornado en el tema de mayor trascendencia política en este aniversario porque el pregón de las fiestas se convirtió en pregón de la campaña electoral.

Un concejal, fiscalizador de los hornados del alcalde, participó en un programa de opinión sobre el tema y, como carta de presentación, nos dio una noticia sorprendente: ha conseguido la aprobación de un nuevo movimiento político; ya existen 280, pero ¿les dejarían pasar uno más porque se llaman imparables?

La ciudad de Quito, que tiene tantos y tan graves problemas, se ha visto obligada a digerir denuncias, debates y explicaciones del proceso contractual, análisis de mercado y compra fallida de porciones de hornado a precio triplicado, con la participación incluso del gobierno a través del SERCOP.

Un gobierno que cuenta con mayoría legislativa bien podría aprobar una reforma al Código de la Democracia para poner orden en la turbamulta de movimientos políticos, incluido el del gobierno, estableciendo condiciones mínimas para reducir el número de partidos políticos.

Las exigencias serían simples: que tengan afiliados, que cuenten con respaldo popular mínimo en las elecciones, que elijan democráticamente sus autoridades y candidatos, que tengan ideología y planes de gobierno, que estudien la realidad nacional, que los candidatos hayan militado al menos dos años y pierdan la curul si traicionan al partido y a sus electores. No se requiere reformar la Constitución.

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