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Vinicio Chacón Soto
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“Lo bonito del Caribe”, manifestó con buen impulso Ana María Arenas, es que ofrece “un arrecife de playa, no tienes que ir muy lejos para ver los arrecifes de coral, simplemente caminar un par de pasos en la playa y ya estás viendo corales”.
La instructora de buceo tiene 18 años de radicar en Puerto Viejo y ha observado de primera mano el comportamiento, vida y muerte de estos particulares animales que son los corales.
Desde 2019 trabajó con el Centro Comunitario Embajadores y Embajadoras del Mar, primero con temas de conservación y después en el célebre proyecto de arqueología subacuática. Hace un par de años trabaja con la organización Costa Rica por el Océano en temas de capacitaciones en ciencia ciudadana de conservación de los arrecifes de coral del Caribe Sur.
Sobre la incidencia de los arrecifes de coral, sobre todo en cuanto al problema de la erosión, dijo que “la ciencia lo ha explicado una y otra vez, son las barreras naturales, son los que sostienen el mar”.
Según explicó, cuando el coral empieza a morir las formaciones rocosas que lo contienen se empiezan a erosionar. De manera que tras “tantos años de pérdida del arrecife”, se ha erosionado la piedra. “En buceos, he visto cómo se va quebrando esta piedra. Entonces, ¿qué pasa? Que esto al erosionarse deja que el mar avance”.
Así, detalló que “cuando nosotros observamos los puntos de mayor erosión, por ejemplo, Puerto Vargas, en el Parque Nacional Cahuita, en las partes que yo he visto más erosión es donde más fragmento de coral muerto hay”.
Explicó que las playas del Caribe Sur, “su color de agua, su forma, su vegetación está muy relacionado con estos arrecifes y esto todo está cambiando ahora. Está cambiando su forma porque los corales se están muriendo, es algo que viene a nivel mundial, no es como que solo en el Caribe, no, o sea, todo Mesoamérica (desde la mitad de México hasta Costa Rica) está teniendo una grave pérdida de los arrecifes de coral y Costa Rica no se queda exento”.
Mauricio Álvarez, geógrafo, docente e investigador del Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica (UCR), apuntó que en el Caribe Sur “todo el sistema está desequilibrado”, refiriéndose al entorno costero.
Deterioro
Recordó que desde Cahuita hasta Manzanillo existió un ecosistema de humedal, “que ha sido drenado y secado”. Esos humedales “se puede decir que eran como una especie de riñones, que permitían retener una cantidad importante de sedimentos”. Sedimentos cuya presencia incide en la salud de los corales.
Sobre lo observado por Arenas, en el sentido de haber constatado muerte de corales en sectores de Cahuita, atribuyó el fenómeno a “la acción de los sedimentos tóxicos que vienen del Valle de la Estrella, que tienen cargas agroquímicas y han sido constantes por 100 años de explotación bananera. Ya han sido muchos años de ese tipo de sedimento y ha debilitado el coral”.
Álvarez suscribió la noción de que la protección de la flora costera y de los corales pueda incidir en contra de la erosión costera, pero “lo que falta es asociarlo con lo que pasa dentro del mar y el debilitamiento de humedales”, lo cual dijo sería ideal visualizarlo a través de mapas que correlacionen la salud de los arrecifes y sus corales con la vegetación y los registros máximos de erosión.
Con ello se podría ver más claro que “entre el humedal y el arrecife hay relación, lo que pasa es que está rota porque se ha drenado muchísimo, la mayoría de las construcciones que hay en este momento están en humedales; entonces es muy difícil recuperar esa relación”.
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