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Alexis Sinchire
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El domingo 11 de junio de 2026 el medio alemán Kicker advirtió al mundo sobre la violencia que rodea al fútbol de Ecuador en un extenso reportaje que tituló: “Peligro de muerte en Ecuador: la muerte acecha antes y después del partido”.
Las reacciones a la publicación de Kicker han sido diversas, pero coinciden en que es momento que las autoridades tomen acciones claras, precias y concretas para que la práctica del fútbol no sea una profesión de alto riesgo en Ecuador.
El medio alemán Kicker describe que el fútbol en Ecuador se desarrolla en un entorno marcado por la violencia extrema, donde el peligro no se limita al terreno de juego, sino que aparece antes y después de los partidos.
El reportaje advierte que jugadores y cuerpos técnicos conviven con amenazas constantes, producto de una crisis de seguridad que ha convertido a ciudades como Guayaquil, Durán y Machala en escenarios de alto riesgo.
La publicación subraya que esta situación no es aislada, sino el reflejo de un problema estructural, en el que el crimen organizado ha penetrado la vida cotidiana y afecta directamente al futbol que en el 2025 cerró con el asesinato de Mario Pineida.
Homicidios, ataques armados y extorsiones forman parte del contexto que rodea al fútbol ecuatoriano, generando un clima de temor incluso para quienes no tienen exposición mediática.
Kicker señala que esta realidad ha encendido alertas a nivel internacional, ya que la inseguridad condiciona traslados, concentraciones y rutinas básicas de los futbolistas.
El fútbol, tradicionalmente visto como un espacio de contención social, aparece en el informe como un reflejo más de una crisis profunda que impacta en la imagen del país y en la estabilidad de sus competiciones.
El periodista deportivo Eduardo Jaramillo apunta a que la violencia que atraviesa Ecuador no es un fenómeno aislado del fútbol, sino una consecuencia directa de una crisis social estructural marcada por el narcotráfico, la disputa territorial y la fragilidad de la convivencia diaria.
En ese contexto, el fútbol aparece como una actividad más expuesta, donde jugadores, cuerpos técnicos y dirigentes se mueven en un entorno que exige precaución constante y limita incluso la movilidad cotidiana.
Advierte que, además de la violencia generalizada, existe un segundo foco de preocupación por los intereses que buscan incidir en el resultado deportivo con presiones externas.
Para el periodista, este problema requiere un diálogo sincero entre futbolistas, clubes, dirigentes y el Estado, además del respaldo de organismos internacionales que ya han enfrentado situaciones similares en otros países.
A esa lectura se suma el criterio del experto en seguridad Hernán Moreano, quien advierte que la imagen que hoy proyecta Ecuador hacia el exterior es la de un sistema político y deportivo vulnerable a la infiltración de la delincuencia organizada.
Según Moreano, la falta de controles efectivos permite que capitales ilegales provenientes del narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de armas y las extorsiones logren contaminar distintos sectores, incluido el fútbol.
En ese escenario, alerta sobre el riesgo de que grupos criminales influyan en clubes, compren partidos o presionen a deportistas, aprovechando la debilidad institucional.
El analista sostiene que la ausencia de un monitoreo riguroso sobre el lavado de activos y las apuestas deportivas, sumada a fallas en los sistemas de inteligencia y alerta temprana del Estado, expone al fútbol ecuatoriano a un daño profundo en su credibilidad, tanto a nivel local como internacional.
Desde una postura directa y sin matices, el exentrenador Carlos Sevilla considera que la inseguridad que atraviesa el país inevitablemente se traslada al fútbol y condiciona la percepción internacional.
“En otros países se asustan porque Ecuador ya no es visto como un país seguro”, afirma Sevilla, quien describe un contexto cotidiano marcado por el temor. “Aquí todos los ecuatorianos nos estamos jugando la vida cuando salimos a la calle, e incluso cuando estamos en casa”, agrega.
Para el exentrenador, esta realidad no puede separarse del deporte.
“Es una situación que también se refleja en el fútbol; se lo observa y se lo relaciona directamente con lo que pasa en el país”, sostiene.
Incluso advierte sobre un escenario aún más delicado si el crimen organizado incrementa su influencia. “Si el narcotráfico se involucra en el fútbol, el problema puede ser todavía mayor”, alerta, aludiendo a posibles intentos de manipulación deportiva mediante presiones económicas o amenazas contra jugadores y sus familias.
En contraste, el exseleccionado nacional Ulises de la Cruz reconoce el impacto negativo que genera la difusión internacional de la violencia, pero introduce una diferenciación clave.
“Siempre lo malo se difunde hacia afuera; no es solo un caso de Ecuador, pasa con Sudamérica en general”, señala, y cuestiona además la forma en que Europa observa estas realidades. “Muchas veces miran estos contextos con superioridad”, apunta.
Ulises de la Cruz con la Selección de Ecuador en las eliminatorias al Mundial 2026.
A su criterio, el problema radica en que los factores políticos, sociales y económicos son los que predominan en la cobertura mediática internacional, lo que termina afectando la imagen del fútbol desde una óptica ajena al juego. Sin embargo, subraya que esa percepción no debería trasladarse automáticamente al fútbol ecuatoriano en el plano competitivo.
“Hoy el fútbol ecuatoriano no depende solo del torneo local, sino del jugador que compite internacionalmente”, explica, en referencia a futbolistas con mercado, experiencia y presencia en ligas de élite.
“El jugador titular de la selección está afuera; él no vive esa realidad todos los días”, concluye, marcando una separación entre el contexto interno del país y la competitividad del fútbol ecuatoriano en el exterior.
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Las reacciones a la publicación de Kicker han sido diversas, pero coinciden en que es momento que las autoridades tomen acciones claras, precias y concretas para que la práctica del fútbol no sea una profesión de alto riesgo en Ecuador.
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El fútbol de Ecuador navega entre la violencia
El medio alemán Kicker describe que el fútbol en Ecuador se desarrolla en un entorno marcado por la violencia extrema, donde el peligro no se limita al terreno de juego, sino que aparece antes y después de los partidos.
El reportaje advierte que jugadores y cuerpos técnicos conviven con amenazas constantes, producto de una crisis de seguridad que ha convertido a ciudades como Guayaquil, Durán y Machala en escenarios de alto riesgo.
La publicación subraya que esta situación no es aislada, sino el reflejo de un problema estructural, en el que el crimen organizado ha penetrado la vida cotidiana y afecta directamente al futbol que en el 2025 cerró con el asesinato de Mario Pineida.
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Homicidios, ataques armados y extorsiones forman parte del contexto que rodea al fútbol ecuatoriano, generando un clima de temor incluso para quienes no tienen exposición mediática.
Kicker señala que esta realidad ha encendido alertas a nivel internacional, ya que la inseguridad condiciona traslados, concentraciones y rutinas básicas de los futbolistas.
El fútbol, tradicionalmente visto como un espacio de contención social, aparece en el informe como un reflejo más de una crisis profunda que impacta en la imagen del país y en la estabilidad de sus competiciones.
El Estado debe intervenir con contundencia
El periodista deportivo Eduardo Jaramillo apunta a que la violencia que atraviesa Ecuador no es un fenómeno aislado del fútbol, sino una consecuencia directa de una crisis social estructural marcada por el narcotráfico, la disputa territorial y la fragilidad de la convivencia diaria.
En ese contexto, el fútbol aparece como una actividad más expuesta, donde jugadores, cuerpos técnicos y dirigentes se mueven en un entorno que exige precaución constante y limita incluso la movilidad cotidiana.
Advierte que, además de la violencia generalizada, existe un segundo foco de preocupación por los intereses que buscan incidir en el resultado deportivo con presiones externas.
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Para el periodista, este problema requiere un diálogo sincero entre futbolistas, clubes, dirigentes y el Estado, además del respaldo de organismos internacionales que ya han enfrentado situaciones similares en otros países.
A esa lectura se suma el criterio del experto en seguridad Hernán Moreano, quien advierte que la imagen que hoy proyecta Ecuador hacia el exterior es la de un sistema político y deportivo vulnerable a la infiltración de la delincuencia organizada.
Según Moreano, la falta de controles efectivos permite que capitales ilegales provenientes del narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de armas y las extorsiones logren contaminar distintos sectores, incluido el fútbol.
En ese escenario, alerta sobre el riesgo de que grupos criminales influyan en clubes, compren partidos o presionen a deportistas, aprovechando la debilidad institucional.
El analista sostiene que la ausencia de un monitoreo riguroso sobre el lavado de activos y las apuestas deportivas, sumada a fallas en los sistemas de inteligencia y alerta temprana del Estado, expone al fútbol ecuatoriano a un daño profundo en su credibilidad, tanto a nivel local como internacional.
Voces del fútbol advierten sobre el impacto en la imagen
Desde una postura directa y sin matices, el exentrenador Carlos Sevilla considera que la inseguridad que atraviesa el país inevitablemente se traslada al fútbol y condiciona la percepción internacional.
“En otros países se asustan porque Ecuador ya no es visto como un país seguro”, afirma Sevilla, quien describe un contexto cotidiano marcado por el temor. “Aquí todos los ecuatorianos nos estamos jugando la vida cuando salimos a la calle, e incluso cuando estamos en casa”, agrega.
Para el exentrenador, esta realidad no puede separarse del deporte.
“Es una situación que también se refleja en el fútbol; se lo observa y se lo relaciona directamente con lo que pasa en el país”, sostiene.
Incluso advierte sobre un escenario aún más delicado si el crimen organizado incrementa su influencia. “Si el narcotráfico se involucra en el fútbol, el problema puede ser todavía mayor”, alerta, aludiendo a posibles intentos de manipulación deportiva mediante presiones económicas o amenazas contra jugadores y sus familias.
Una mirada distinta desde la experiencia internacional
En contraste, el exseleccionado nacional Ulises de la Cruz reconoce el impacto negativo que genera la difusión internacional de la violencia, pero introduce una diferenciación clave.
“Siempre lo malo se difunde hacia afuera; no es solo un caso de Ecuador, pasa con Sudamérica en general”, señala, y cuestiona además la forma en que Europa observa estas realidades. “Muchas veces miran estos contextos con superioridad”, apunta.
Ulises de la Cruz con la Selección de Ecuador en las eliminatorias al Mundial 2026.
A su criterio, el problema radica en que los factores políticos, sociales y económicos son los que predominan en la cobertura mediática internacional, lo que termina afectando la imagen del fútbol desde una óptica ajena al juego. Sin embargo, subraya que esa percepción no debería trasladarse automáticamente al fútbol ecuatoriano en el plano competitivo.
“Hoy el fútbol ecuatoriano no depende solo del torneo local, sino del jugador que compite internacionalmente”, explica, en referencia a futbolistas con mercado, experiencia y presencia en ligas de élite.
“El jugador titular de la selección está afuera; él no vive esa realidad todos los días”, concluye, marcando una separación entre el contexto interno del país y la competitividad del fútbol ecuatoriano en el exterior.
Martha Fierro nos dejó en jaque mate
- Información externa: Campeonato ecuatoriano de fútbol
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