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Washington Herrera
Guest
Las relaciones entre Ecuador y Colombia deben ser precauteladas con madurez de pensamiento, sin reacciones exageradas ni riesgosas y sin que las discrepancias políticas perjudiquen a los dos pueblos. Cierto es que el Ecuador está sufriendo las consecuencias de la violencia (9.216 homicidios en 2025, de los cuales el 30% son por narcotráfico), debido al transporte por su territorio de la cocaína que no produce ni consume. También hay conflictos violentos por la minería ilegal de oro y otros metales, que afectan a los dos países.
El aumento de la una tasa arancelaria a los productos que Colombia exporta al Ecuador causará un sensible daño a las relaciones bilaterales, pero el impacto económico no va a ser mayor a un país que es tres veces más grande que el Ecuador, en donde el tipo de cambio influye más que el arancel porque tiene moneda propia. En cambio en el Ecuador afectarán a unas 8 000 empresas, según cálculos de los empresarios.
Pero esta escalada puede causar serios daños a la relación entre dos pueblos unidos por la historia y la geografía, si el conflicto afecta al comercio de energía que necesita el Ecuador, al transporte de petróleo colombiano por nuestros oleoductos o si se desata un proceso de retaliaciones incontrolables a todo el comercio bilateral.
Por tanto los dos Jefes de Estado deben sopesar sus responsabilidades, pensar con serenidad y dialogar para encontrar una vía de solución bilateral a las preocupaciones que son importantes y delicadas.
Si hay voluntad política recíproca, esta semana, en Panamá, podrán encontrar una vía pacífica para resolver las discrepancias.
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El aumento de la una tasa arancelaria a los productos que Colombia exporta al Ecuador causará un sensible daño a las relaciones bilaterales, pero el impacto económico no va a ser mayor a un país que es tres veces más grande que el Ecuador, en donde el tipo de cambio influye más que el arancel porque tiene moneda propia. En cambio en el Ecuador afectarán a unas 8 000 empresas, según cálculos de los empresarios.
Pero esta escalada puede causar serios daños a la relación entre dos pueblos unidos por la historia y la geografía, si el conflicto afecta al comercio de energía que necesita el Ecuador, al transporte de petróleo colombiano por nuestros oleoductos o si se desata un proceso de retaliaciones incontrolables a todo el comercio bilateral.
Por tanto los dos Jefes de Estado deben sopesar sus responsabilidades, pensar con serenidad y dialogar para encontrar una vía de solución bilateral a las preocupaciones que son importantes y delicadas.
Si hay voluntad política recíproca, esta semana, en Panamá, podrán encontrar una vía pacífica para resolver las discrepancias.
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