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Laura Martínez Quesada
Guest
La noción de una «trampa» estratégica o «trampa aqueménida» en el contexto de la guerra en Irán, particularmente en los conflictos recientes de la era Trump, se refiere cómo la confrontación ha atrapado a Estados Unidos en un escenario desfavorable, similar a cómo los antiguos imperios persas desgastaban a sus enemigos. La estrategia de presión máxima y ataques aéreos de EEUU ha cerrado sus propios márgenes de maniobra, es decir acabaron con la lista de opciones estratégicas, empujando al Pentágono hacia un terreno desfavorable y fallando en su objetivo de lograr un cambio de régimen rápido.
Quien echa mano de la historia de forma correcta está destinado a sobrevivir. Eso sucede hoy con Irán, como pueblo y gobierno. Al gobierno de Irán lo pueden llamar como mejor deseen, cada uno desde sus creencias propias o inducidas; o quizá porque creen tener los atestados éticos morales, ideológicos, o religiosos, para calificar a un gobierno como bueno o malo. La guerra de hoy, llevada a cabo por el eje agresor (Israel y EEUU) contra Irán, no responde a nada de lo anterior. Partir de mentiras como las proferidas por Netanyahu durante 30 años, afirmando que Irán está cerca de tener una bomba nuclear, y la bomba no aparece por ningún lado, no solo es irresponsable, sino criminal. Tanto que odiaron a los Nazis, y Netanyahu utiliza la propaganda de Goebbels. Bueno sería recordar que hicieron lo mismo contra Saddam Hussein y las armas de destrucción masiva que jamás aparecieron. La invasión militar de Bush-Blair-Aznar destruyeron un país con un saldo de medio millón de muertos.
La sed de poder demencial del sionismo y el kahanismo, hoy en el poder en Israel, es de tal magnitud, que una vez más embarca a EEUU y a Trump a una guerra sin sentido, y en una trampa sin salida. Una guerra que la han vendido como civilizacional, religiosa y espiritual.
Subestimaron a Irán, creyeron que era solamente entrar y salir, convertidos en héroes para las venideras películas de Hollywood. Israel pierde aliados a pesar de la propaganda masiva global buscando la pristinidad de sus actos y, por el contrario, la oscuridad les ha invadido. Y Trump que amenazó al mundo entero con aranceles, creyó que todo se olvidaría e irían en su auxilio. Se equivocó. Esta guerra es de Israel y EEUU contra Irán, y tendrán que ver cómo salen del atolladero.
Deberíamos preguntarnos si Irán venció a EEUU e Israel y de qué forma. Varias podrían ser las repuestas. Sin embargo, aunque parezca ser una guerra convencional para Israel y EEUU, no lo es para Irán. Es una guerra asimétrica. Afectar la economía mundial fue la estrategia iraní que Occidente no tomó en consideración. Un estrepitoso fallo estratégico de mediano y largo plazo en la evolución de la guerra que nunca fue contemplado. Y es que en la guerra asimétrica las sorpresas militares son mucho mejores que las ocurridas en la guerra convencional. Creyeron que Irán no tendría capacidad de respuesta militar, se equivocaron. Irán ya tenía 40 años de estar preparándose para este momento y la guerra de los 12 días en junio del 2026, aceleró dicha preparación y dejó en claro a los iraníes de cómo sería una futura guerra abierta. Solo faltaba que en EEUU llegara un presidente que cayera fácil en la trampa sionista, tal y como lo describe en detalle un interesante artículo publicado por el New York Times hace pocas semanas. Ni los más cercanos subalternos de Trump estaban de acuerdo en una guerra abierta contra Irán.
Y aquí es donde vale rescatar la historia del Irán persa en el sinfín de guerras que ha debido enfrentar. Durante más de dos siglos, un grupo de soldados persas sembró respeto y temor por igual en el corazón de Asia y Europa. Eran conocidos como los «Inmortales”, una unidad de élite de 10,000 soldados persas, creada por Ciro el Grande en el siglo VI a.C. para la protección del rey y como fuerza de choque del Imperio Aqueménida. Su número se mantenía constante (si uno moría, era reemplazado inmediatamente), lo que generaba la ilusión de invencibilidad y perpetuidad, A diferencia de otras fuerzas antiguas, su reputación no se basaba únicamente en victorias, sino en su imagen casi mítica de invulnerabilidad y poder absoluto. A pesar de la campaña militar de Israel de asesinatos selectivos contra los más altos comandantes de las diferentes fuerzas militares de Irán, el gobierno los reemplaza rápido. Resiliencia como forma de sobrevivencia, así operaba igual los “inmortales” y es una estrategia de los movimientos guerrilleros que operan con características de guerra semi convencional o completamente asimétrica, de guerra rural o de guerra urbana. Las guerras se transforman rápidamente. Si vemos cómo empezó la guerra contra Irán, la respuesta legítima de Teherán fue dirigida contra los activos de EEUU en los países árabes y luego en Israel, el activo más preciado de EEUU como proyecto colonial. Irán debió esperar el curso de la guerra para ajustar sus estrategias en sus diferentes flancos y definir en cuáles partes del territorio iraní se debía luchar de forma convencional y asimétrica a la vez.
La guerra puede durar meses y años que Irán está preparada para ello, no así EEUU ni Israel porque para estos dos últimos países las guerras están definidas por la política, el tiempo, los recursos, los muertos y la opinión pública. No obstante, para los iraníes la guerra está definida por la historia y la sobrevivencia. Son siglos de estar en guerra contra imperios. Aquí sirve la analogía de la guerra en Vietnam. Mucho antes de que los vietnamitas estuvieran en guerra contra Francia y EEUU, ya tenían mil años de luchar contra el imperialismo chino. Pese a ello los vietnamitas nunca fueron diezmados. Obviar la historia, la cultura de lucha de estas naciones y a lo que están dispuestas a llegar, son variables que Occidente con su soberbia imperialista no ha logrado entender. Una guerra no se hace sin estrategia ni táctica, el primero responde al qué y el segundo al cómo. Objetivos de entrada y objetivos de salida deben ser consistentes con los medios y los resultados, de lo contrario es una receta al fracaso. Parece ser este el resultado de esta guerra del eje agresor contra Irán. Hacer caer a otros en la trampa aqueménida es la estrategia iraní y hasta el momento le ha funcionado.
En una guerra los medios, o sea los recursos utilizados cambian conforme evoluciona las operaciones militares de los actores involucrados. Mientras que Irán lucha por sobrevivir, EEUU e Israel lo hacen por un valor de poder. Solo con bombardeos no se ganan las guerras, por lo general se requieren tropas en tierra. Es una opción a la que EEUU no quiere llegar, no porque no pueda, sino porque los resultados de esta guerra hasta ahora vistos le son adversos. Irán es una trampa geográfica y climática, los Montes Zagros y los Montes Albroz de hasta 4500 metros de altura y con dos de los desiertos más calientes del planeta de hasta 50 grados centígrados, conspiran contra el adversario más implacable.
Napoleón y Hitler en los pantanos de “rasputitsa” (nieve y barro en invierno de hasta más de un metro de profundidad), resultaron mal. Las guerras modernas son rápidas, no por ello exitosas. Tan rápidas que EEUU gastó el inventario de misiles de tres años de fabricados en un mes de guerra. Lo que no se logra en un tiempo determinado, no se logrará prolongando la guerra. Luego de 20 años de ocupación militaren Afganistán, EEUU no logró nada y el Talibán regresó al poder.
Irán no juega para ganar guerras rápidas, juega para hacerlas imposibles de ganar. Con misiles capaces de llegar a larga distancia como parte de su defensa, enjambres de drones capaces de saturar cualquier escudo de defensa, y una guerra diseñada para desgastar al enemigo, cualquier enfrentamiento se convierte en un laberinto. Empero hay algo más importante, Irán no necesita vencer a una superpotencia, solo necesita hacer que una guerra sea demasiado costosa para cualquiera que lo intente. No es quién puede superar a Irán, sino quién estaría dispuesto a pagar el costo de enfrentarlo. No es casual que la estrategia iraní haya sido descentralizar y horizontalizar la estructura militar de la verticalidad tradicional que cualquier ejército tiene, con el fin de que los 31 comandos disperos en todo el territorio tengan autonomía para aplicar sus propias estrategias militares según sean las circunstancias, desde diferentes flancos con estrategias disímiles, que no dependan de un mando central y que hagan difícil a EEUU e Israel el sentido estratégico de la guerra.
En esta guerra está también presente la “trampa de Tucídides”, una teoría geopolítica que explica la relación entre una potencia hegemónica en declive y otra en ascenso, o bien dos potencias que compiten por la hegemonía de la región, en este caso Oriente Medio. Históricamente varias potencias se han disputado esa hegemonía (Turquía, Israel, Arabia Saudita e Irán) con diferentes niveles de disuasión, apaciguamiento y contención, con cierto equilibrio de poder, influencia y control. Según este planteamiento, la tensión entre ambas potencias, Israel e Irán puede conducirlas a una guerra hegemónica en la que una potencia venza y asegure su primacía, o pierda y sea reemplazada por otra potencia. Grahan T. Allison en su libro “Destinados para la guerra” hace un análisis de 10 casos en la historia de las guerras entre potencias, cuya teoría puede ser utilizado en otros casos donde exista una velada lucha por la hegemonía.
En realidad, esta guerra es por quién se hará con el control de Oriente Medio y las crisis posteriores que ello concita. Netanyahu en su megalomanía bíblica da por su hecho que el Gran Israel se hará a cualquier costo. Un escenario fatídico que no se descarta sería de un Israel como potencia militar dominando la región, desplace a EEUU, llevando a Washington a apoyar a Arabia Saudita y Egipto para buscar un equilibrio de fuerzas, que jamás querrá hacer con Irán. Esta guerra contra Irán no es por el armamento nuclear porque no existe, ni por la democracia, ni el uranio, ni los derechos humanos, ni por las mujeres iraníes. Todo esto sirvió para vender y envilecer a los más incautos, hacerles ver todo en blanco y negro, comunistas, terroristas, fanáticos, juzgar, señalar, condenar, porque del otro lado está el Jesucristo encarnado en la Casa Blanca y su discípulo en Israel (creo que es al revés) que se encargarán de llevar la “justicia” a través de un mal necesario: la guerra.
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