La oposición tica a la «venezolana»

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Laura Martínez Quesada

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De manera independiente a la posición que usted tenga, estimada persona que nos honra con la lectura de este comentario, acerca de los acontecimientos político-ideológicos, socioeconómicos y hasta culturales, que han venido ocurriendo en la hermana nación latinoamericana República Bolivariana de Venezuela; lo real y lo indiscutible es que ahí se desarrolló una hegemonía política de poder que no ha tenido un contrapeso político-partidista consistente y sistemático, dado que la oposición a lo que se conoce como chavismo jamás se articuló pese a la cuantiosa cantidad de apoyos ideológicos y políticos, así como mediáticos y financieros que desde gobiernos extranjeros se les brindó.

Esto es tan políticamente real que a partir de la brutal agresión a la Revolución Bolivariana que ejecutó el imperio estodounidense, el pasado 3 de enero, con el rapto-secuestro y encarcelamiento ilegal en territorio estadounidense del mandatario oficial de Venezuela, Nicolás Maduro Moros; que el gobierno gringo del Presidente Trump impone como su interlocutor político en Venezuela al gobierno de la Presidenta encargada, Delcy Rodríguez Gómez y no a la señora María Corina Machado Parisca.

Trump la desacalificó basándose en que la misma no tiene base social alguna pues los partidos políticos anti-chavismo solamente lograron articularse para procesos electorales y nunca como opción de desafìo al poder real que se desarrolló en ese país, al menos hasta el pasado sábado 3 de enero.

Por supuesto que estoy haciendo una simplificación no tan acertada sobre el fenómeno sociohistórico de la revolución bolivariana, pues lo que me interesa resaltar la circunstancia de que viviremos el domingo 1 de febrero de 2026 aquí, en Costa Rica, con las elecciones presidenciales y legislativas para el período constitucional 2026-2030.

Para la Presidencia de la República tenemos 20 “ofertas”, de las cuales la oficialista, el actual Gobierno de la República, aspira a continuar cuatro años más, apelando al electorado para que, además, se le otorgue una cantidad de 40 personas diputadas que le permitiría tener así el control total de dos poderes del Estado, Ejecutivo y Legislativo, que le permitan tomar el control del tercero, el Poder Judicial y hasta de ser posible, el denominado cuarto poder, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). La teoría fundamental de la democracia republicana, cual es la de pesos y contrapesos, estaría en grave riesgo de ser sustituida por el autoritarismo-totalitarismo que exuda la personalidad de Rodrigo Chaves Robles.

Aunque en Costa Rica no está en riesgo, nunca lo ha estado, la verdadera hegemonía político-ideológica del poder real en nuestra sociedad, es decir, la del capital financiero-bancario y sus principales conglomerados mediáticos y corporativo-empresariales; Rodrigo Chaves Robles aspira a construir una nueva hegemonía de poder político-gubernativo a partir del desatre de la hegemonía político-gubernativa generado del trinomio partidista PLN-PUSC-PAC y sus acólitos de ocasión.

Ya está más que estudiado que el chavecismo se ha venido nutriendo a partir del resentimiento, del enojo, del abandono de importantes conglomerados cuidadanos, muy notables en las zonas geográficas con alta desigualdad social y exclusión socioeconómica, que se han venido sintiendo víctimas de las sucesivas estafas electorales cuatrienales cometidas en las últimas cuatro décadas.

Ahora, aparte del chavecismo y su candidata presidencial de relevo superficial, tenemos otras 19 opciones todas las cuales tienden a coincidir en que estamos en puertas de la dictadura (cuatro años más de ejecutivo gubernamental chavecista más eventuales 40 diputaciones) que haría volar en pedazos el actual orden constitucional de la República construido a partir de la confrontación civil entre costarricenses que hubo en 1948 y que nació, oficialmente, el 7 de noviembre de 1949.

Todas esas 19 opciones se proclaman anti-chavecistas, de una u otra forma, aunque hay una que ya la están coloreando cercana al ideario de Chaves Robles, de manera tal que con las 18 restantes se pudo haber construido una convergencia que le hiciera frente al desafío autoritario y hasta de corte fascista que ha estado representando el actual Gobierno de la República.

No hay duda: el grupo político afín a Rodrigo Chaves Robles está construyendo su propia visión hegemónica del gobierno y del Estado para hacer avanzar la imposición de la concepción totalitaria del Todo mercado-nada Estado; mientras que en la oposición, en la casi totalidad de las otras ofertas de candidaturas presidenciales, se sigue pregonando la primacía del Estado Social de Derecho; bien maltrecho por cierto por todas las heridas que le han sido causadas por las cuatro décadas de estafas electorales cuatrienales.

La hegemonía político-gubernativa en desarrollo necesita ganar este domingo 1 de febrero, de una vez, en primera vuelta; es decir obtener el 40 % de la votación válidamente emitida. La oposición se presenta en 19-18 alternativas, todas centradas en aspectos personalistas, en esencia. Al igual que la venezolana, que fue incapaz de construirse como alternativa política concreta y sólida.

Si no hay resultado constitucional firme este domingo 1 de febrero, nos tocará una segunda ronda el primer domingo de abril entrante. En este escenario, nos preguntamos: ¿cuál será la voluntad real de coordinación y de cierre de filas para el reto de la segunda vuelta entre el oficialismo y el amplio abanico de opciones en las cuales el personalismo y el individualismo es lo que ha estado prevaleciendo?

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