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Moisés Cáceres
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Hasta inicios de 2020, La Mariscal concentró la vida nocturna de Quito. La pandemia cambió ese escenario y profundizó problemas previos. El sector perdió residentes, locales y dinamismo. Hoy convive con procesos de gentrificación e inseguridad. Cinco años después, una se plantea una salida.
La Mariscal arrastra dificultades que se intensificaron desde la pandemia por covid-19. Comerciantes que aún mantienen sus locales abiertos coinciden en que el declive empezó antes, con la salida del aeropuerto de Quito hacia Tababela en 2013. Ese cambio redujo el flujo de visitantes y afectó a hoteles, bares y restaurantes.
El impacto mayor llegó con la pandemia. El sector dejó de atraer público y residentes. Según datos oficiales del Municipio, al menos 200 personas salen del barrio cada año. A este proceso se suman locales cerrados, inmuebles en venta y fachadas deterioradas.
La inseguridad completa el panorama. El mayor Byron Flores, encargado del Distrito Eugenio Espejo de la Policía Nacional, explica que en operativos conjuntos con el Municipio detectaron casos de trata de personas en centros de diversión del sector y clausuraron varios establecimientos. También identifica delitos como robos, asaltos y microtráfico, asociados al alto movimiento nocturno.
Ante este escenario, la Policía mantiene intervenciones permanentes los jueves, viernes y sábados, entre las 20:00 y las 03:00, con apoyo de la AMC, Tránsito, la Administración Zonal, la Intendencia y la Comisaría.
Además, el distrito refuerza patrullajes motorizados y fija presencia en microcuadrantes identificados como vulnerables, en zonas como Colón, Naciones Unidas y la avenida Amazonas.
De acuerdo con el cuadro de mando policial, los delitos de mayor connotación registran una reducción frente al año anterior, pese al aumento de eventos y afluencia de personas.
Sin embargo, Flores señala que persisten episodios de violencia vinculados a disputas específicas y que el reto central sigue en recuperar la confianza de residentes y visitantes.
La apuesta municipal se concreta con la inauguración del Centro de Innovación iQ en La Mariscal, un proyecto que busca reactivar edificaciones abandonadas y atraer nuevos usos productivos.
Fredy Monge, responsable de Competitividad de ConQuito y del centro iQ, señala que el objetivo consiste en dinamizar la economía local, generar tránsito permanente y promover negocios tecnológicos, distintos a la lógica exclusiva de bares y discotecas.
El espacio ofrece salas de capacitación, pantallas interactivas, estaciones de trabajo seguras y equipos de alto rendimiento para diseño en 3D y desarrollo de videojuegos.
Estos recursos están disponibles para estudiantes, emprendedores e instituciones, con la intención de crear actividad diaria y presencia constante en el sector.
Para Andrés Recalde Pacheco, docente de la Facultad de Arquitectura, Artes y Diseño de la UIDE, la iniciativa abre una oportunidad, pero exige un enfoque cuidadoso.
Desde la academia, sostiene que la innovación no funciona como un eslogan, sino como un conjunto de acciones que parten del diagnóstico.
Por ello, plantea primero comprender el estado actual del barrio, su historia y sus ciclos urbanos antes de intervenir.
Recuerda que La Mariscal atravesó etapas de abandono y reinversión, y que la ciudad repite procesos cuando no aprende de ellos.
Recalde destaca el valor estratégico del sector por su ubicación, servicios y cercanía con al menos cuatro universidades. Ese entorno facilita un ecosistema de conocimiento.
Sin embargo, advierte que el reto principal radica en articular a todos los actores: Municipio, empresa privada, academia, comunidad, comerciantes y propietarios. Sin acuerdos, la transformación deriva en imposiciones o en una lógica rentista.
Desde su perspectiva, el objetivo final apunta a recuperar el carácter residencial del barrio, con una mezcla de usos que devuelva vida cotidiana al espacio público.
Vivienda, escuelas, parques, comercios compatibles y diversidad social fortalecen la seguridad real, más allá de la presencia policial.
La seguridad, afirma, se consolida cuando una familia puede caminar de noche sin miedo, en un entorno activo y coherente.
En esa línea, Monge coincide en que el centro iQ forma parte de una política más amplia de recuperación.
El proyecto prioriza la tecnología y la innovación como nuevos motores, mientras una ordenanza municipal busca orientar el tipo de negocios que se instalan en el sector.
Los bares existentes continúan, pero el enfoque cambia hacia actividades que generen empleo, conocimiento y permanencia diurna.
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Problemas que tiene La Mariscal de Quito
La Mariscal arrastra dificultades que se intensificaron desde la pandemia por covid-19. Comerciantes que aún mantienen sus locales abiertos coinciden en que el declive empezó antes, con la salida del aeropuerto de Quito hacia Tababela en 2013. Ese cambio redujo el flujo de visitantes y afectó a hoteles, bares y restaurantes.
El impacto mayor llegó con la pandemia. El sector dejó de atraer público y residentes. Según datos oficiales del Municipio, al menos 200 personas salen del barrio cada año. A este proceso se suman locales cerrados, inmuebles en venta y fachadas deterioradas.
La inseguridad completa el panorama. El mayor Byron Flores, encargado del Distrito Eugenio Espejo de la Policía Nacional, explica que en operativos conjuntos con el Municipio detectaron casos de trata de personas en centros de diversión del sector y clausuraron varios establecimientos. También identifica delitos como robos, asaltos y microtráfico, asociados al alto movimiento nocturno.
Ante este escenario, la Policía mantiene intervenciones permanentes los jueves, viernes y sábados, entre las 20:00 y las 03:00, con apoyo de la AMC, Tránsito, la Administración Zonal, la Intendencia y la Comisaría.
Además, el distrito refuerza patrullajes motorizados y fija presencia en microcuadrantes identificados como vulnerables, en zonas como Colón, Naciones Unidas y la avenida Amazonas.
De acuerdo con el cuadro de mando policial, los delitos de mayor connotación registran una reducción frente al año anterior, pese al aumento de eventos y afluencia de personas.
Sin embargo, Flores señala que persisten episodios de violencia vinculados a disputas específicas y que el reto central sigue en recuperar la confianza de residentes y visitantes.
La salida que tiene La Mariscal para recuperarse como epicentro de la innovación
La apuesta municipal se concreta con la inauguración del Centro de Innovación iQ en La Mariscal, un proyecto que busca reactivar edificaciones abandonadas y atraer nuevos usos productivos.
Fredy Monge, responsable de Competitividad de ConQuito y del centro iQ, señala que el objetivo consiste en dinamizar la economía local, generar tránsito permanente y promover negocios tecnológicos, distintos a la lógica exclusiva de bares y discotecas.
El espacio ofrece salas de capacitación, pantallas interactivas, estaciones de trabajo seguras y equipos de alto rendimiento para diseño en 3D y desarrollo de videojuegos.
Estos recursos están disponibles para estudiantes, emprendedores e instituciones, con la intención de crear actividad diaria y presencia constante en el sector.
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Retos para reactivar a La Mariscal
Para Andrés Recalde Pacheco, docente de la Facultad de Arquitectura, Artes y Diseño de la UIDE, la iniciativa abre una oportunidad, pero exige un enfoque cuidadoso.
Desde la academia, sostiene que la innovación no funciona como un eslogan, sino como un conjunto de acciones que parten del diagnóstico.
Por ello, plantea primero comprender el estado actual del barrio, su historia y sus ciclos urbanos antes de intervenir.
Recuerda que La Mariscal atravesó etapas de abandono y reinversión, y que la ciudad repite procesos cuando no aprende de ellos.
Recalde destaca el valor estratégico del sector por su ubicación, servicios y cercanía con al menos cuatro universidades. Ese entorno facilita un ecosistema de conocimiento.
Sin embargo, advierte que el reto principal radica en articular a todos los actores: Municipio, empresa privada, academia, comunidad, comerciantes y propietarios. Sin acuerdos, la transformación deriva en imposiciones o en una lógica rentista.
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Desde su perspectiva, el objetivo final apunta a recuperar el carácter residencial del barrio, con una mezcla de usos que devuelva vida cotidiana al espacio público.
Vivienda, escuelas, parques, comercios compatibles y diversidad social fortalecen la seguridad real, más allá de la presencia policial.
La seguridad, afirma, se consolida cuando una familia puede caminar de noche sin miedo, en un entorno activo y coherente.
En esa línea, Monge coincide en que el centro iQ forma parte de una política más amplia de recuperación.
El proyecto prioriza la tecnología y la innovación como nuevos motores, mientras una ordenanza municipal busca orientar el tipo de negocios que se instalan en el sector.
Los bares existentes continúan, pero el enfoque cambia hacia actividades que generen empleo, conocimiento y permanencia diurna.
- Información extra: La Mariscal
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