La educación basada en el cerebro

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Fausto Segovia Baus

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La propuesta no es nueva, pero las recientes investigaciones han dado pie para insistir en la necesidad de articular la sinergia entre la biología, las ciencias cognitivas y la educación para mejorar significativamente los aprendizajes y la enseñanza.

Existe la tendencia casi generalizada de considerar que los profesores tienen la misión de dictar clase, de acuerdo al currículo vigente, y trabajar en las aulas, porque “así funciona el sistema educativo”. La idea de concentrarse en la pedagogía -el currículo, la didáctica y la evaluación-, en los formatos tradicionales, formó a muchas generaciones, y las investigaciones sobre el cerebro concernían exclusivamente a los neurólogos y no a los docentes, por lo que había que seguir el camino de siempre.

Este supuesto divorcio entre la pedagogía y las ciencias cognitivas está siendo superado, porque han ingresado con toda dignidad -en el escenario de las escuelas y la formación de los profesores- las neurociencias aplicadas a la educación, la pedagogía y la didáctica, con el concurso de la neurogénesis y la neurobiología.


Una precisión antes de continuar: la educación basada en el cerebro, no implica convertir a los docentes en neurólogos, y a los neurólogos en profesores, pero sí emprender una articulación eficaz, un camino paralelo y consistente, de la mano de la investigación científica para comprender mejor los procesos de enseñanza y aprendizajes, y alinearse con un cambio profundo de carácter cualitativo.

Preguntas relevantes​


¿Cómo determinar la importancia y el rol de la investigación acerca del cerebro en el campo de la educación? ¿Qué disciplinas y asuntos relevantes competen a los docentes? ¿Cómo podemos aprovechar lo que sabemos sobre el cerebro para aprender y enseñar mejor?

El modelo de educación basada en el cerebro responde: “Todo lo que hacemos pasa antes por el cerebro; por lo tanto, aprendamos más acerca de él y apliquemos ese conocimiento”. En ese sentido, este modelo no es fantasía o elucubración, sino un paradigma del siglo XXI, según el profesor Eric P. Jensen, autor de varios libros sobre el cerebro y el aprendizaje.

Una premisa​


El cerebro está relacionado con todo lo que realizan los profesores y estudiantes en los centros educativos. La palabra clave es la conexión. Si el cerebro es el conjunto de conexiones neuronales, las interacciones que se dan en los procesos de enseñanza y aprendizaje entre sus actores, activan de manera concurrente los tres dominios básicos: los saberes (cognición), los sentimientos y actitudes (comportamientos), y las acciones (prácticas).

La educación basada en el cerebro se define como el entrecruzamiento de varias estrategias derivadas de la comprensión de cómo funciona el cerebro.
Entonces, surge una nueva pregunta: ¿la práctica docente se fundamenta en investigaciones serias sobre el cerebro humano, o es una mera transmisión de informaciones que memorizan los estudiantes, a veces sin entender? Dicho en otros términos: ¿los docentes usan métodos basados en la ciencia que estudia cómo funciona el cerebro?

El cerebro, un bosque de neuronas​


Se sabe que el cerebro es el órgano principal del sistema nervioso, encargado de procesar información, coordinar funciones corporales y generar pensamiento, emociones y comportamientos. El cerebro es una estructura compleja ubicada dentro del cráneo, protegida por los huesos y las meninges. Es la parte más grande y sofisticada del sistema nervioso central, compuesto por neuronas y células gliales, que facilitan la comunicación y el soporte estructural y metabólico de estas células.

Las neuronas son células que tienen estructuras arborescentes, llamadas dentritas, vocablo que deriva del griego que significa “árbol”.
No es exagerado decir que encontramos en el cerebro un bosque tupido, formado por más de cien mil millones de árboles, y muchos de ellos con más de cien mil ramas que se entrecruzan, injertan, mueren y rebrotan. La exploración de este bosque -del que surge nuestra vida consciente, nuestras emociones y actitudes- es el objeto de estudio de los científicos, quienes se encargan de clasificar, arborizar y comprender su funcionamiento.

La magia de la mente​


Las teorías del aprendizaje plantean -bajo diversas miradas- la necesidad de fomentar y activar los procesos mentales, que permitan a los estudiantes pensar, sentir y actuar, así como expresarse, inventar, inferir, crear, decidir y actuar. En ese contexto, se ha descubierto que los factores neuronales inciden en todos los aprendizajes, y ayudan a entender, por ejemplo, por qué se producen la dislexia, la discalculia y el autismo.

Si bien la mayor parte de nuestros conocimientos proceden de la experiencia, los niños nacen con saberes transmitidos por la evolución biológica y cultural. Los niños no son tabla rasas; son un verdadero prodigio producto de la “inteligencia inconsciente”; es decir, de un conjunto de informaciones no conscientes preexistentes.

El cerebro es una auténtica máquina de pensar, que proporciona -sin que nos demos cuenta- sensibilidades para abstraer, analizar, sintetizar, comparar, predecir, generalizar, crear, jugar, decidir, predecir y otras destrezas mentales importantes. Y una de las grandes tareas de la educación y los educadores es ayudar a construir cerebros más inteligentes, más proactivos, más sensibles y fértiles, más optimistas y felices.

Cerebro y educación: mitos y verdades​


En los últimos años, han comenzado a producirse interacciones entre educadores y científicos cerebrales. Los hallazgos han sido espectaculares. Ahora se sabe cómo se desarrollan las células cerebrales antes y después del nacimiento, cómo aprenden los niños a ver, oír, hablar y andar; cómo adquieren un sentido de la moral y del conocimiento social; y cómo el cerebro adulto es capaz de seguir aprendiendo y madurando.

Sin embargo, hay que reconocer que, pese a las investigaciones, los resultados de estos estudios no han logrado respuestas significativas y aplicaciones en la teoría y práctica de las políticas educativas. Por eso, reducir la brecha es un desafío puntual, y superar, poco a poco, los errores y mitos existentes.

Algunos ejemplos: A muchos docentes no les interesa el tema o hay malentendidos y prejuicios. Se sabe -aunque sin pruebas- que utilizamos un escasísimo número de células cerebrales, pero no se formula ninguna estrategia pedagógica para estimularlas. En el campo académico, se observa avances interesantes: las neuroimágenes han permitido medir la actividad del cerebro mientras las personas realizan tareas determinadas; también, conocimientos sobre cómo el cerebro aprende información nueva y cómo la maneja a lo largo de la vida. Y algo muy claro: que nuestro cerebro aprende sin ser nosotros conscientes de ello.

Poderosas conexiones​


El profesor Eric P. Jensen plantea algunas conexiones que los profesores podrían trabajar:

  • Los ejercicios mentales pueden bajar los niveles de estrés, fomentar la memoria, mejorar el estado ánimo y, en general, los aprendizajes. Así, el cerebro crea nuevas neuronas.
  • Ser más activos en el entorno social, que se codifican mediante sentimientos de recompensa, aceptación, dolor, placer, afinidad y coherencia. El descubrimiento de las neuronas espejo ha ayudado a potenciar la reciprocidad imitativa en los cerebros.
  • Las escuelas pueden incidir en el desarrollo de habilidades, destrezas y competencias -conocido como neuro-plasticidad-, mediante la lectura, la meditación, las artes y las ciencias. Cuando los docentes verifican protocolos correctos de construcción de habilidades, pueden lograr resultados asombrosos en los cerebros estudiantiles, a corto plazo.
  • Se conoce que los cerebros -sin excepción- sufren de ansiedad y desórdenes por estrés. Este estado metabólico puede reducirse mediante ejercicios apropiados.
  • Un descubrimiento clave ha sido conocer cómo nuestros comportamientos cotidianos influencian la expresión genética. Los docentes pueden generar ambientes positivos y favorables para que los cerebros aprendan e incorporen esos comportamientos en los genes de sus estudiantes.
  • Una mejor cognición, la regulación del estado de ánimo, la promoción de la curiosidad y la vida feliz son importantes, y dependen de las buenas actitudes de los estudiantes. Los docentes deben simplificar los sistemas de evaluación y los deberes.
  • La conexión entre las aulas y los hogares es prioritaria. En todos los ambientes aprenden los cerebros.

¡Y no olvidemos, que en la escuela se transforma el cerebro de niños, niñas y adolescentes!

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