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Álvaro Murillo
Guest
El ambiente dinámico propio del centro de San José confirmó este viernes lo que ya han dicho las encuestas electorales: el entusiasmo es reducido en la mayoría de los ciudadanos, aunque hay conciencia de la importancia de las elecciones, lo que hace a algunos estar fuertemente comprometidos con la continuidad del gobierno de Rodrigo Chaves y a otros, en cambio, los inunda la desazón, pero en silencio.
Un recorrido por el bulevar central de la capital, el lugar que quizás más costarricenses recoge en un día normal, permitió captar esos sentimientos distintos. Aunque no es necesariamente representativo del ambiente nacional, es una parte importante. Por acá hay comercio y vida callejera, hay funcionarios de instituciones y familias comprando útiles escolares o uniformes; hay personas que simplemente van de un autobús a otro o algunos quieren aprovechar el viernes y el sol comiendo en el mercado o saboreando un helado.
Pero no hay ni una bandera. No se ve una camiseta que diga “fulano presidente” ni alguien repartiendo material proselitista. Eso quizás quede para el fin de semana, pero este viernes podría ser cualquier otro si fuera por lo visual. Los ojos de reportero sólo captaron por allá en una soda cercana al mercado una pantalla sin volumen con un anuncio del partido oficialista, pero los comensales estaban más motivados por su almuerzo.
La otra escena particular se daba en el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), con una fila de personas que entraban a recoger su cédula, nueva o sustituta, para poder votar el domingo 1° de febrero, pero cualquier turista pensaría que era algo normal y no que estamos en vísperas de unas elecciones que pueden marcar la profundización del movimiento político liderado por un hombre que hasta hace seis años era un desconocido que vivía al otro lado del mundo. Nadie pensaría que estamos a las puertas de unos comicios de tipo plebiscitario, de apoyo o no a Rodrigo Chaves, porque ni siquiera se veía un signo turquesa del partido oficialista.
Pero San José deja escuchar algo debajo del barullo usual, los parlantes de los comercios llamando a los consumidores o de vendedores de lotería ofreciendo algún número y con frecuencia diciendo que son “los últimos pedacitos”. “Y la gente cae, se lo cree, se van en la finta, igual que en la política”, dijo riendo el amigo de un chancero.
Al fin una señal de política, aunque no visual. Al mismo lado del bulevar, a pocos metros del mercado, un vendedor y su amigo se despedían en tono electoral: “ya sabe, mi compa, el otro domingo hay que ir a sacar a todas las ratas. “Obvio, mae, ya toca, ya toca”, le contestó el otro señor. Alrededor todo era normal, con decenas de transeúntes caminando con algo de prisa y algunas personas consumidas en el celular donde quizás sí había más contenido político. Frente a una zapatería una mujer esperaba a su mamá y aprovechaba para ver un tiktok con imágenes de uno de los debates; ni un gesto, ni reprobación ni sonrisa. No se podía escuchar lo que pensaba ni lo que sentía.
Igual, todo transcurría como cualquier viernes más “arriba” en el bulevar. Unos pocos comensales en el café donde trabaja una muchacha que no sabe que esta es la histórica esquina de radio Monumental, en aquellos tiempos donde las noticias se ponían en una pizarra pública pocas veces al día, a un ritmo muy alejado de la marea actual de información. Una pequeña fila en la coqueta oficina del Banco Nacional sobre bulevar. Unos señores conversones en una banca hablaban sobre el clima y anécdotas de San José en los años 70. “Problemas siempre ha habido, pero todo era más tranquilo”, dijo uno, hasta donde se alcanzó a escuchar.
Más adelante, igual todo normal. O casi todo. En el Teatro Nacional sólo estaba habilitado el acceso a la cafetería, llena de turistas. “No hay ingreso por un acto de Casa Presidencial”, dijo con entusiasmo un trabajador de seguridad. No estaba en la agenda publicada por la Presidencia, pero después el ministro de Comunicación, Arnold Zamora, confirmó que sí, que se trataba del saludo al cuerpo diplomático. Es decir, los ojos y oídos de decenas de países ante el mandatario una semana antes de las elecciones.
Mientras tanto, otra persona frente al teatro conversa en volumen alto con un hombre y le comparte información bajo el argumento de “tengo entendido que…”. Así fue como dijo que Estados Unidos le quitó la visa a uno de los críticos de Chaves porque en realidad hay detrás algo de unas estafas internacionales, dinero que entraba a unas ONG con cuentas en Nicaragua y de ahí a sus cuentas, y que seguro será extraditado después de Celso Gamboa, porque de por sí Chaves está deseando mandarlo para fuera, afirmó muy serio. Su interlocutor reacciona con sorpresa: “¡qué bárbaros!”. Y el otro remata: “pero ya se les acabó”.
Es claro, no todo el mundo evita hablar de política, como sí actúa una mayoría, según la encuesta CIEP-UCR. Yanory, una enfermera es parte de esta mayoría y se mostró reticente cuando se le pidió su opinión sobre las elecciones. Dice que quiere la cédula por si se decide a votar, en caso de que logre inclinarse por alguna candidatura, porque no tiene “certeza de que estén proponiendo lo correcto”. “Ya se sabe que la problemática es corrupción, narcotráfico, educación, empleos… pero se trata de votar en contra o a favor del gobierno. Hay que seguir descartando. Muchas gracias, hasta luego”. Y punto.
Cerca estaba otro aún menos entusiasta. “Veo todo pésimo. Es la peor elección que he visto. No hay futuro, lastimosamente, es lo único que puedo decir. Voy a votar resignado”. Se llama Josué, es administrador de 33 años y no quiere decir más. Alrededor todo parece normal.
La entrada La capital a una semana de elecciones: la política se oye, pero no se ve aparece primero en Semanario Universidad.
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