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Faustina Agüero
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Desde tempranas horas el lugar fue copado por visitantes provenientes de distintos puntos del país, quienes aprovecharon el espacio público para compartir en familia y combatir las altas temperaturas. La presencia de niños, jóvenes y adultos fue constante a lo largo de la jornada, convirtiendo nuevamente a la zona del lago en uno de los principales puntos de atracción turística de la ciudad veraniega.
Sin embargo, la situación genera preocupación debido a que, pese a las advertencias oficiales, muchas personas ingresaron al agua sin considerar los posibles riesgos para la salud.
El Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) ha reiterado en varias ocasiones que el lago no reúne las condiciones sanitarias para el baño, pero la falta de controles y señalización hace que la recomendación no sea respetada por la mayoría de los visitantes.
Laura González, oriunda de Limpio, visitó la playa de San Bernardino junto a su familia y reconoció que es de público conocimiento que el agua no se encuentra en buenas condiciones.
Resaltó que se trata del único espacio cercano y accesible que tienen las familias para refrescarse.
Asimismo, recomendó a las autoridades municipales que instalen carteles de advertencia en la zona si no desean que la gente ingrese a bañarse en el lago.
Lago Ypacarai: contaminación y abandono
A este escenario se suma un reclamo de larga data por parte de trabajadores y vecinos del lugar: la deficiente iluminación en la zona de la playa. Según denunciaron, la plazoleta cuenta con alrededor de 40 focos obsoletos que necesitan ser reparados o reemplazados, lo que deja sectores a oscuras durante la noche y genera una sensación de inseguridad.
Félix Agüero, uno de los vendedores de artesanías, explicó que la afluencia de personas se extiende hasta altas horas de la noche, especialmente durante feriados y fines de semana largos.
“La gente se queda hasta tarde, pero con la falta de iluminación se vuelve peligroso tanto para los turistas como para nosotros que trabajamos acá”, indicó.
Agüero indicó además que la iluminación adecuada es clave para el desarrollo de la actividad comercial y turística, ya que muchos artesanos dependen de la venta nocturna para generar ingresos.
“Si el lugar estuviera bien iluminado, habría más seguridad y también se podría trabajar mejor”, agregó.
Tanto comerciantes como visitantes piden una intervención urgente por parte de la Municipalidad de San Bernardino, no solo para la reparación de los focos, sino también para reforzar la presencia de controles y mejorar la señalización sobre la prohibición de ingresar al lago. Consideran que estas acciones son fundamentales para garantizar la seguridad, cuidar la salud pública y ofrecer una mejor experiencia a quienes eligen la ciudad como destino turístico durante el verano.
La contaminación del lago Ypacaraí no es un problema reciente, sino una situación que se arrastra desde hace varias décadas como consecuencia del crecimiento urbano desordenado, la falta de saneamiento y el escaso control ambiental.
Uno de los factores principales es el vertido de aguas residuales sin tratamiento provenientes de ciudades como San Bernardino, Areguá, Itauguá, Capiatá, Ypacaraí y otras localidades de la cuenca. Muchas viviendas y comercios descargan sus desechos en arroyos que desembocan directamente en el lago.
También afecta a la zona el uso excesivo de fertilizantes y agroquímicos en zonas agrícolas cercanas, cuyos residuos llegan al espejo de agua a través de la escorrentía, especialmente en épocas de lluvia. Esta carga de nutrientes provoca la proliferación de cianobacterias, responsables del color verdoso del lago y de riesgos para la salud.
Otro antecedente clave es la deficiente infraestructura de saneamiento. Durante años, la falta de plantas de tratamiento eficientes y el crecimiento turístico sin planificación agravaron el deterioro del lago, especialmente en temporadas altas.
Desde hace más de una década, distintas instituciones como el Mades han emitido advertencias y prohibiciones temporales para el baño y actividades recreativas, debido a la mala calidad del agua. Pero pese a planes de recuperación y anuncios oficiales, el problema persiste.
La situación del lago Ypacaraí se ha convertido así en un símbolo de la deuda ambiental del país, donde los esfuerzos de recuperación no han logrado revertir completamente años de contaminación acumulada.
Feriado largo: naturaleza, aventura y descanso esperan en Caacupé y San Bernardino
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Sin embargo, la situación genera preocupación debido a que, pese a las advertencias oficiales, muchas personas ingresaron al agua sin considerar los posibles riesgos para la salud.
El Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) ha reiterado en varias ocasiones que el lago no reúne las condiciones sanitarias para el baño, pero la falta de controles y señalización hace que la recomendación no sea respetada por la mayoría de los visitantes.
Laura González, oriunda de Limpio, visitó la playa de San Bernardino junto a su familia y reconoció que es de público conocimiento que el agua no se encuentra en buenas condiciones.
Resaltó que se trata del único espacio cercano y accesible que tienen las familias para refrescarse.
Asimismo, recomendó a las autoridades municipales que instalen carteles de advertencia en la zona si no desean que la gente ingrese a bañarse en el lago.
Lago Ypacarai: contaminación y abandono
Deficiente iluminación
A este escenario se suma un reclamo de larga data por parte de trabajadores y vecinos del lugar: la deficiente iluminación en la zona de la playa. Según denunciaron, la plazoleta cuenta con alrededor de 40 focos obsoletos que necesitan ser reparados o reemplazados, lo que deja sectores a oscuras durante la noche y genera una sensación de inseguridad.
Félix Agüero, uno de los vendedores de artesanías, explicó que la afluencia de personas se extiende hasta altas horas de la noche, especialmente durante feriados y fines de semana largos.
“La gente se queda hasta tarde, pero con la falta de iluminación se vuelve peligroso tanto para los turistas como para nosotros que trabajamos acá”, indicó.
Agüero indicó además que la iluminación adecuada es clave para el desarrollo de la actividad comercial y turística, ya que muchos artesanos dependen de la venta nocturna para generar ingresos.
“Si el lugar estuviera bien iluminado, habría más seguridad y también se podría trabajar mejor”, agregó.
Tanto comerciantes como visitantes piden una intervención urgente por parte de la Municipalidad de San Bernardino, no solo para la reparación de los focos, sino también para reforzar la presencia de controles y mejorar la señalización sobre la prohibición de ingresar al lago. Consideran que estas acciones son fundamentales para garantizar la seguridad, cuidar la salud pública y ofrecer una mejor experiencia a quienes eligen la ciudad como destino turístico durante el verano.
Antecedentes de la contaminación del lago Ypacaraí
La contaminación del lago Ypacaraí no es un problema reciente, sino una situación que se arrastra desde hace varias décadas como consecuencia del crecimiento urbano desordenado, la falta de saneamiento y el escaso control ambiental.
Uno de los factores principales es el vertido de aguas residuales sin tratamiento provenientes de ciudades como San Bernardino, Areguá, Itauguá, Capiatá, Ypacaraí y otras localidades de la cuenca. Muchas viviendas y comercios descargan sus desechos en arroyos que desembocan directamente en el lago.
También afecta a la zona el uso excesivo de fertilizantes y agroquímicos en zonas agrícolas cercanas, cuyos residuos llegan al espejo de agua a través de la escorrentía, especialmente en épocas de lluvia. Esta carga de nutrientes provoca la proliferación de cianobacterias, responsables del color verdoso del lago y de riesgos para la salud.
Otro antecedente clave es la deficiente infraestructura de saneamiento. Durante años, la falta de plantas de tratamiento eficientes y el crecimiento turístico sin planificación agravaron el deterioro del lago, especialmente en temporadas altas.
Desde hace más de una década, distintas instituciones como el Mades han emitido advertencias y prohibiciones temporales para el baño y actividades recreativas, debido a la mala calidad del agua. Pero pese a planes de recuperación y anuncios oficiales, el problema persiste.
La situación del lago Ypacaraí se ha convertido así en un símbolo de la deuda ambiental del país, donde los esfuerzos de recuperación no han logrado revertir completamente años de contaminación acumulada.
Feriado largo: naturaleza, aventura y descanso esperan en Caacupé y San Bernardino
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