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Laura Martínez Quesada
Guest
¡Doña Laura, tiene usted una oportunidad histórica!
La señora Laura Fernández Delgado resulta electa en un momento coyuntural para Costa Rica. Asume las riendas de un país que, si bien le ha otorgado su confianza en las urnas, lo ha hecho impulsado por un profundo hartazgo, inducido por la manipulación y las promesas incumplidas de políticos tradicionales y, por otra parte, por la esperanza de una gestión pública más eficiente y menos corrupta, quizás por ser usted mujer.
Es imperativo reconocer que el pueblo le ha otorgado una oportunidad de oro para hacer su propio gobierno, no una extensión de otro que pasará a la historia como uno de los más ineficientes, corruptos y carentes de cualquier inteligencia emocional.
El pueblo busca resultados, pero también dignidad en el trato. La investidura presidencial exige una estatura moral y comunicativa que se aleje de la confrontación absurda e innecesaria. Transforme usted -doña Laura- el sarcasmo, la burla, el tono soez y el autoritarismo verbal, en decencia, honestidad, amabilidad, mesura y buena fe. La verdadera autoridad no se impone con gritos ni con descalificaciones, sino con respeto, templanza y la fuerza de los argumentos, con diálogo y negociación.
Si bien el contexto político actual facilitó su camino a la presidencia, su legado dependerá exclusivamente de su capacidad para hacer un gobierno con sello propio. La ciudadanía espera de usted una mujer sabia, equilibrada y decidida, sin compromisos de ningún tipo, cuya prioridad absoluta sea el bienestar general y no la continuidad de un estilo que envenena y divide a la familia costarricense.
Que su única lealtad sea con la Constitución y los ciudadanos, especialmente con aquellos más vulnerables. Si los compromisos políticos o las lealtades hacia figuras de su partido o del gobierno saliente, representan un obstáculo para hacer lo correcto, es momento de priorizar al país.
Un gobernante que se debe a grupos de poder o a figuras individuales, difícilmente podrá servir al pueblo con libertad. Conforme usted su gabinete con ciudadanos rectos y bien intencionados, sabios y competentes para cada puesto, finalmente ellos serán sus subalternos, pero sobre todo instrumentos para hacer prosperar o para destruir este país.
Usted tiene en sus manos una oportunidad única de ser recordada como la estadista que sanó las heridas de la polarización y que tradujo el descontento social en políticas públicas efectivas y transparentes. Gobernar para el beneficio del pueblo, con manos limpias y corazón dispuesto, es el único camino hacia la verdadera trascendencia.
Todo gobierno legítimo debe trabajar por principios como la dignidad y la soberanía, por valores como la libertad y la democracia, y garantizar derechos fundamentales como: la salud, es indispensable asumir con responsabilidad las obligaciones con la CCSS; la educación, tan maltratada por el destino y los últimos gobiernos, debe de retomarse y renovarse; la seguridad, tan abandonada por el actual gobierno, es necesario dotarla de recursos y fortalecerla; la justicia, tan vilipendiada por el actual presidente, debe apoyarse y dignificarse su labor; la equidad, en todas sus dimensiones, para procurar una patria más digna, justa y solidaria.
La sabiduría de un gobernante no se mide por la fuerza de sus palabras, ni por las promesas, menos por el populismo o el autoritarismo, sino por la paz, la prosperidad y el bienestar que logre heredar a su pueblo.
Costa Rica observa con esperanza, pero también vigila con atención. Hacemos votos para que sepa usted honrar el cargo que la providencia y el voto popular le han conferido, actuando en su mandato con la nobleza que la patria merece, pero que también exige de sus gobernantes.
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