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Faustina Agüero
Guest
La devoción del pueblo paraguayo hacia la Virgencita Azul es tan grande que, aun en los momentos más difíciles, muchos encuentran consuelo en ella. “Los momentos duros se hacen más llevaderos con la ayuda de Dios y de nuestra Madre Santísima”, señalan los promeseros que año tras año llegan a dejar sus imágenes para un “mimo” especial.
La responsable de este emotivo espacio es Lilian Fariña, quien desde hace varios años recibe imágenes de distintos tamaños y orígenes. Cada una llega con una historia que toca el corazón: promesas cumplidas, pedidos de salud, agradecimientos por milagros o simplemente un gesto de amor hacia la Madre de todos.
En el spa, las imágenes pasan por un proceso paciente y cuidadoso: se les lava el cabello, se les peina con dedicación, se repara la vestimenta y se las deja listas para acompañar a sus dueños en el día más importante del año.
“La mayoría de estas imágenes vienen con el cabello donado por los mismos promeseros. Algunas personas cortan su propio pelo para ofrecérselo a la Virgencita. Eso siempre me emociona”, relata Lilian.
Cada cabello donado, cada cinta colocada, cada velo renovado guarda una promesa profunda. Para muchos, entregar algo tan personal es parte del agradecimiento por favores recibidos o por la esperanza de que llegue uno nuevo.
"El servicio que nos sostuvo": la historia de fe de Juan Manuel Herebia, monitor de la Basílica de Caacupé
Lilian asegura que hace esto como agradecimiento por las bendiciones recibidas y resalta que trabajar con estas imágenes es también una forma de oración. “Yo siento que cada persona deja acá un pedacito de su historia. Y la Virgencita escucha todo”, afirma con una sonrisa.
Así, mientras Caacupé se prepara para recibir a miles de fieles, en este pequeño spa se vive una antesala cargada de fe, emociones y gratitud. Imágenes que vuelven a sus hogares relucientes, y devotos que renuevan su esperanza en la Madre que acompaña a un país entero.
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La responsable de este emotivo espacio es Lilian Fariña, quien desde hace varios años recibe imágenes de distintos tamaños y orígenes. Cada una llega con una historia que toca el corazón: promesas cumplidas, pedidos de salud, agradecimientos por milagros o simplemente un gesto de amor hacia la Madre de todos.
En el spa, las imágenes pasan por un proceso paciente y cuidadoso: se les lava el cabello, se les peina con dedicación, se repara la vestimenta y se las deja listas para acompañar a sus dueños en el día más importante del año.
“La mayoría de estas imágenes vienen con el cabello donado por los mismos promeseros. Algunas personas cortan su propio pelo para ofrecérselo a la Virgencita. Eso siempre me emociona”, relata Lilian.
Cada cabello donado, cada cinta colocada, cada velo renovado guarda una promesa profunda. Para muchos, entregar algo tan personal es parte del agradecimiento por favores recibidos o por la esperanza de que llegue uno nuevo.
"El servicio que nos sostuvo": la historia de fe de Juan Manuel Herebia, monitor de la Basílica de Caacupé
Fe y devoción
Lilian asegura que hace esto como agradecimiento por las bendiciones recibidas y resalta que trabajar con estas imágenes es también una forma de oración. “Yo siento que cada persona deja acá un pedacito de su historia. Y la Virgencita escucha todo”, afirma con una sonrisa.
Así, mientras Caacupé se prepara para recibir a miles de fieles, en este pequeño spa se vive una antesala cargada de fe, emociones y gratitud. Imágenes que vuelven a sus hogares relucientes, y devotos que renuevan su esperanza en la Madre que acompaña a un país entero.
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