Hijas de Filomena Navas, Benemérita de la Patria, conmemoran 100 años del natalicio de lideresa indígena

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Ashley Quesada

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A 100 años de su nacimiento, Filomena Navas vuelve a ocupar el centro de la memoria bröran no solo como la primer mujer indígena nombrada benemérita de la patria, sino como la mujer que sus hijas recuerdan fuerte, digna e inconmovible ante la presión por la tierra, el racismo y el olvido. Su nombre se convierte en una forma de reparación histórica para un país que todavía le debe más reconocimiento a sus pueblos originarios.

El próximo 7 de julio se conmemorará el centenario de su nacimiento y, unos días después, un salón sindical en San José llevará su nombre. Pero, más allá de los homenajes, la fecha abre una pregunta válida: ¿por qué una mujer indígena que dedicó su vida a defender su territorio sigue siendo una figura poco conocida para gran parte del país?

Para sus hijas, Elides y Digna Rivera, la respuesta está ligada a una historia que Costa Rica apenas empieza a reconocer. “Para mí, mi mamá cumplir 100 años nos está dejando como hijas de territorio. Nos está dejando un sello. Un sello que nos identifica: lo que es la lucha”, contó a UNIVERSIDAD Elides Rivera, una de las seis hijas de Filomena.

Ese sello, explicó, fue construido por una mujer que enfrentó sola muchas de las batallas que marcaron su vida. “Fue una lucha demasiado dura porque fue sin apoyo de nadie, sin quien la guiara”, recordó. “Y logró ser esa mujer tan valiente”.

La imagen conservada de Filomena es la de una mujer firme, imposible de comprar o intimidar. Durante años enfrentó presiones para vender las tierras que defendía, incluso después de enviudar, pero nunca cedió. “Ella siempre se mantuvo en esa convicción de decir que la tierra era su defensa”, contó Elides. “La tierra era lo que tomaban para vivir”.

Para Filomena, la tierra no era una propiedad ni un recurso económico. Era sustento, identidad y continuidad. Sus hijas hablaron convencidas de que nunca pensó únicamente en sí misma, sino también en las generaciones que vendrían después. “Nadie la pudo convencer. No hubo dinero, no hubo tampoco intimidación para que ella retrocediera”, afirmó Elides.

La herencia que no terminó con Filomena

La lucha de Filomena no terminó con su muerte. Sus hijas crecieron observándola resistir y aprendieron que la dignidad no era una palabra abstracta, sino una práctica cotidiana.

“Mi madre nos dejó una enseñanza. Una enseñanza que es la que hoy nos hace ser fuertes también. Nos hace seguir adelante”, dijo a UNIVERSIDAD Digna Rivera, otra de sus hijas.

Ese legado se construyó en medio de dificultades que marcaron a toda una generación de mujeres indígenas. “Nosotros vivimos mucha discriminación en la escuela. Mucha discriminación, mucho racismo”, recordó Elides.

Durante años, esa experiencia formó parte de la normalidad. Sin embargo, hubo un momento en que la lucha dejó de ser únicamente la de su madre para convertirse también en la suya.

“A mis 22 años, cuando fui madre por primera vez, sentí la necesidad de pertenecer a mi pueblo, no solamente desde afuera, sino estar dentro de ese pueblo”, relató.

La maternidad le hizo comprender que no podía permitir que sus hijos crecieran enfrentando las mismas violencias y exclusiones. Fue entonces cuando la defensa de la identidad indígena dejó de ser una herencia recibida y se convirtió en una decisión propia.

La lucha continúa

Las historias que cuentan las hijas de Filomena revelan una realidad que dista mucho de pertenecer al pasado. La defensa territorial sigue ocupando un lugar central en la vida de los pueblos indígenas. Elides enumera conflictos relacionados con proyectos hidroeléctricos, decisiones institucionales tomadas sin consulta efectiva y disputas permanentes sobre la administración de los territorios.

Uno de los episodios más intensos fue la oposición al Proyecto Hidroeléctrico El Diquís entre 2006 y 2011. “Era estar en contra de intereses económicos inmensos del Estado contra los derechos de los pueblos indígenas”, recordó Elides. La presión fue constante. Había campañas de convencimiento, divisiones comunitarias y una sensación permanente de vulnerabilidad. Finalmente, el proyecto fue retirado, pero las secuelas permanecieron.

Y a esas luchas se sumaron otras pérdidas. La familia ha enfrentado la muerte de jóvenes cercanos en medio de conflictos que atraviesan al territorio. Son heridas que siguen abiertas y que, lejos de alejarlas de la defensa de sus derechos, han reforzado su convicción de continuar.

“Lo que yo no podía dejar de hacer jamás es quedar en silencio”, afirmó Elides, y Digna coincidió. “Las luchas han sido duras”, continuó. “Pero todas esas cosas tienen que fortalecernos. No podemos debilitarnos. Eso nos da más fortaleza para seguir adelante”.

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Nombrar para no borrar


La historia de Filomena llegará este año también a San José. Pedro Silva Llepes, abogado, sindicalista y secretario de Asuntos Legales de la Confederación Constitucional de Trabajadores Democráticos, impulsó la iniciativa de nombrar un salón con el nombre de la lideresa bröran.

La idea surgió después de observar que otros espacios ya rendían homenaje a figuras históricas como Pancha Carrasco. “Fue cuando yo dije: nosotros tenemos un salón y quiero que no sea solamente para reunirnos. Pongámosle Filomena Navas”, explicó con alegría.

La propuesta fue respaldada por la organización y se materializará el próximo 11 de julio. Para Silva, la decisión no es simbólica en un sentido superficial, sino, más bien, una forma de enfrentar una invisibilización histórica.

El salón servirá como espacio de encuentro para organizaciones sindicales, actividades culturales y personas provenientes de pueblos indígenas que necesiten un lugar de reunión en la capital.

“Está bien nombrar a Filomena, pero la mayoría de la gente se pregunta quién es Filomena. Si no saben quién es Pancha Carrasco, menos van a saber quién es Filomena Navas. Y la estamos visibilizando”.

Palabras pendientes

Para Elides, el reconocimiento a su madre es importante, pero no resuelve por sí solo las deudas históricas del país. “Los pueblos indígenas somos pueblos vivientes dentro de este territorio”, afirmó. “No estamos aquí después de que se construyó una república. Estamos aquí mucho tiempo antes”.

Por esto, consideró que el país necesita desarrollar una mayor empatía hacia las comunidades indígenas y reconocer que muchas de las exclusiones históricas continúan vigentes. “No solamente ha habido una criminalidad en el pasado, sino que sigue existiendo, porque los pueblos indígenas no somos pasado, somos presente y somos futuro”.

En la memoria familiar y la reivindicación política, Filomena Navas no pertenece únicamente a la historia. “Gracias a Dios que mi mamá me dejó un gen”, manifestó Digna Rivera. “Y ese gen hay que hacerle honor”. 100 años después de su nacimiento, esa herencia sigue intacta y fuerte.



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