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Daniela Muñoz Solano
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La tibieza electoral que se ha tomado el país este 2026 también llegó a la provincia de Heredia, pues el entusiasmo electoral no se ve. Sin embargo, en esa provincia se siente la tensión del momento y aunque en privado todo el mundo habla de política, en lo público nadie se manifiesta.
Este viernes 30 de enero un equipo de UNIVERSIDAD visitó el cantón central de Heredia y algunas comunidades de esa provincia, incluyendo San Rafael, San Pablo, Santo Domingo, San Francisco y San Isidro.
A solo dos días de las elecciones es difícil encontrar en la provincia casas que se identifiquen con banderas, vehículos que porten distintivos o personas con camisetas de algún partido.
En las rutas principales por las que se entra a la provincia se pueden observar vallas o lonas que parecen haber sido contratadas por los partidos en algunas viviendas y lotes baldíos.
En una esquina en particular llama la atención una gran lona que dice “Esta bronca se acaba con 40 diputados” y tiene las caras de Laura Fernández, Juan Manuel Quesada y Marta Esquivel; al lado de otra lona del mismo tamaño que promociona al candidato del Frente Amplio, Ariel Robles y dos de sus candidatos a diputados. La lona amarilla está completamente destruida y por lo que parece, fue de manera intencional, pues tiene cortes a lo largo que aparentan haber sido hechos con algún tipo de navaja.
En total en el camino hacia Heredia, nos topamos con unos cuatro o cinco vehículos con banderas -casi todas de Pueblo Soberano (PPSO) y solo una de Liberación Nacional- y durante nuestro recorrido por la provincia encontramos un par más, siempre con fuerte mayoría del partido oficialista.
En las casas heredianas, vimos poquísimas banderas, alguna del PPSO, un par verdiblancas, una de Esperanza y Libertad. Además, solo nos topamos a dos personas usando camisetas partidarias, ambas de la Unidad Socialcristiana.
Y es que un recorrido por el mercado municipal de Heredia nos evidencia que las preocupaciones de las personas son políticas pero no necesariamente se asocian a lo electoral. La gente discute qué tan cara está la vida, lo costosos que salieron los útiles de sus hijos, que ya tal o cual fruta o verdura no se produce en el país, etc.
En el fondo de un tramo se oyen los inconfundibles gritos de Rodrigo Chaves dando declaraciones a la prensa en un programa de televisión, pero nadie le presta atención. Igual sucede con los poquísimos televisores que hay en las sodas del mercado, de fondo los presentadores hablan de alguna discusión entre candidatos o de sus propuestas, pero nadie está escuchando.
Eso sí, en uno de los pasillos se oye una mujer que le cuenta a un vecino suyo que un hijo suyo la “sentenció” y le dijo: “si vota por ese viejo cochino la desconozco”.
En la esquina noroeste de la cuadra del mercado Juan Aníbal Arce tiene su puesto de venta de lotería. Él nos cuenta que aunque el ambiente parece frío, todo el mundo habla de política, solo que no en público.
La gente, nos dice, se resiste a hablar del tema públicamente pues hay “mucha matoneada de ciertos partidos”.
“La fiesta electoral se está perdiendo, la gente anda como alterada y engañada, la verdad”, dijo el comerciante.
En el parque central de Heredia un grupo de cinco trabajadoras de limpieza nos confirma que hay poco entusiasmo electoral en la provincia, especialmente en comparación con años anteriores.
Ellas vienen de distintos barrios heredianos y solamente una dice que en su comunidad abundan las banderas en las casas. “Ahí todo el mundo tiene puesta una bandera de esas de Laura en la casa, esa es la que va a ganar”, afirma.
Las demás mujeres dicen que en años anteriores ha habido más movimiento, que antes habían caravanas y demostraciones en el parque, gente que repartía volantes y más, pero que ahora la gente está desmotivada. Una de ellas incluso dice que no va a votar “porque para qué”.
Margarita, una vendedora de copos que siempre está estacionada en ese parque con su carrito, cuenta que llegó al país hace 4 años y que sentía mucho más entusiasmo electoral entonces que ahora, que la gente está “como dormida”.
Ella dice que a menudo le pregunta a sus clientes si van a ir a votar y que muchos le dicen que no, lo que la entristece pues ella viene de un país donde la gente también menospreciaba la democracia y ahora la añora: Venezuela.
“Nosotros ya pasamos por eso y vea dónde llegamos. Yo le digo a la gente: No espere que decidan por usted, usted tiene derecho a decidir cómo quiere que sea su país”, agrega.
Mientras la mujer nos comparte sus preocupaciones, dos hombres sentados en las bancas del parque hablan sobre por quién van a votar y por quién no, y al mismo tiempo pasa una moto con una gran bandera de la Unidad Socialcristiana, primer vehículo que observamos en el centro de la provincia con algún distintivo partidario.
En un café en el centro de la provincia nos topamos con un grupo de jóvenes que llevan en sus muñecas brazaletes amarillos que las identifican como partidarias del Frente Amplio.
Cuando nos acercamos a conversar con ellas nos cuentan que además tienen camisetas pues que acaban de ir a adquirirlas al local del partido, donde aseguran se habían acabado casi todos los distintivos.
“No es que la cosa está fría, todo el mundo habla de política todo el tiempo, pero en privado. La gente no habla mucho en público porque hay mucha confrontación, mucha violencia”, dice una de las jóvenes.
Es tanta la tensión que varias de las jóvenes dicen que el domingo irán a votar con sus camisas amarillas, “pero con miedo” porque “para nadie es un secreto que algunos de los votantes de Laura Fernández son gente muy violenta”.
Hacia el final de la visita a la provincia, llegamos el barrio donde la trabajadora nos dijo que “todo el mundo” tiene banderas celestes: Guararí.
Efectivamente hay más distintivos que en el resto de nuestro recorrido pero es si acaso una de cada diez casas la que tiene una bandera y también se encuentran, aunque con menos frecuencia, distintivos de Liberación y la Unidad.
Al salir de Heredia volvemos a encontrarnos lotes baldíos y grandes tapias donde los partidos han colocado -probablemente alquilando el espacio como publicitario- banderas y pancartas, incluso algunos donde conviven distintivos de varios partidos a la vez.
Finalmente nos encontramos con una malla en la que cuelgan siete lonas y una decena de banderas, algunas del PPSO, otras del PLN y del PUSC. Enfrente, un vendedor ambulante ofrece cargadores, soportes de teléfono para parabrisas y pequeñas banderitas de distintas agrupaciones, una imagen ahora poco común pero que recuerda a procesos anteriores previos, cuando el entusiasmo no se escondía.
La entrada Heredia: una provincia donde el entusiasmo electoral no se ve pero la tensión del momento se siente aparece primero en Semanario Universidad.
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