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Giovanni Astudillo
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La geopolítica del Ártico, el deshielo acelerado por el cambio climático y la importancia estratégica de Groenlandia son conceptos clave del nuevo orden internacional.
Según Juan Carlos Martínez, director del Informe Panorama de Inversión Española en Iberoamérica y profesor de Economía del IE Business School, la región ártica ha dejado de ser un espacio marginal para transformarse en un territorio central en la competencia global.
El calentamiento global, lejos de ser solo un problema ambiental, actúa como catalizador de profundas transformaciones económicas, políticas y militares.
El retroceso del hielo marino está reduciendo de forma sostenida los meses en los que las rutas del norte permanecen bloqueadas.
Este fenómeno posiciona al Paso del Noroeste como una alternativa real para el comercio marítimo internacional. Es una zona estratégica que conecta Asia oriental con la costa este de Estados Unidos sin necesidad de cruzar el Canal de Panamá, destaca Martínez.
El avance de la navegación ártica comercial ha despertado un creciente interés entre las principales potencias mundiales. Para China, el desarrollo de rutas alternativas reduce su dependencia de pasos estratégicos controlados por terceros y fortalece su seguridad económica.
En el caso de Estados Unidos, el control de estos corredores marítimos representa una ventaja geopolítica frente a sus competidores estratégicos.
Groenlandia, por su ubicación geográfica, se convierte así en un nodo logístico fundamental, destaca Martínez.
Desde esta isla es posible supervisar el tránsito marítimo emergente y desarrollar infraestructuras de apoyo para el comercio global.
La economía de Groenlandia está dominada por la industria pesquera. Más del 90% de los bienes que exporta la isla son productos del mar, entre ellos pescado congelado, camarones…
Además de la pesca, otros sectores, como el turismo, la caza tradicional, la agricultura de subsistencia y las incipientes actividades mineras, contribuyen en menor medida a la economía local.
Groenlandia mantiene relaciones comerciales principalmente con países europeos y aliados cercanos. Sus principales destinos incluyen Dinamarca, que absorbe gran parte de sus exportaciones marinas, así como otros países europeos como Letonia y Portugal, y mercados fuera de Europa interesados en productos del mar, como Japón.
El potencial de recursos naturales de Groenlandia es otro de los grandes motores de su revalorización geopolítica.
Petróleo, gas natural, uranio, níquel, cobre, oro y, especialmente, tierras raras forman parte de un inventario estratégico que hasta ahora permanecía prácticamente inaccesible.
Las duras condiciones climáticas, las capas de hielo y la ausencia de infraestructuras habían limitado su explotación durante décadas.
Algunas estimaciones indican que hasta el 25% de las tierras raras no descubiertas del planeta podrían encontrarse en Groenlandia.
Estos elementos son esenciales para la fabricación de dispositivos electrónicos, aerogeneradores, vehículos eléctricos y equipos médicos.
Sin embargo, el verdadero cuello de botella no está solo en la extracción, sino en el procesamiento y refinado, dice Martínez.
China controla alrededor del 60% de las reservas mundiales conocidas de tierras raras, pero su verdadero poder reside en el control de cerca del 90% del procesamiento global, destaca Martínez.
Incluso si Groenlandia confirmara grandes yacimientos, la dependencia tecnológica seguiría vigente mientras no se desarrollen capacidades industriales fuera de Asia.
Por ello, Estados Unidos ha comenzado a firmar acuerdos estratégicos con Australia para diversificar la cadena de suministro, en un intento por reducir su vulnerabilidad geoeconómica.
El polémico proyecto Kvanefjeld, en el que participan empresas chinas y australianas, ilustra las tensiones entre desarrollo económico, soberanía y protección ambiental.
Las declaraciones de Donald Trump, asegurando que no permitirá que Rusia o China “ocupen Groenlandia”, han generado una fuerte inquietud.
Según Martínez, por ahora, los mercados financieros internacionales no descuentan este conflicto como un riesgo inmediato.
Predomina la percepción de que se alcanzará algún tipo de acuerdo diplomático, señala Martínez. No obstante, el escenario podría cambiar si las amenazas se traducen en hechos concretos, como la imposición de aranceles o sanciones comerciales.
Estados Unidos ha advertido sobre posibles aranceles del 15 % a países europeos que han mostrado apoyo simbólico a Dinamarca.
Ante este escenario, la UE ha preparado su mecanismo anti-coerción, que permitiría represalias comerciales, dice Martínez.
Aquí tienes dos párrafos claros y coherentes basados en lo que dijo Juan Carlos Martínez sobre la balanza comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos:
Martínez destacó que, en 2024, la balanza comercial entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos mostró un superávit significativo a favor de la UE.
Este superávit se explica principalmente por el fuerte desempeño europeo en exportaciones de bienes, mientras que en servicios la UE mantiene un déficit frente a Estados Unidos.
Según Martínez, aunque el saldo global sigue siendo favorable para Europa, se está reduciendo debido a factores como la creciente incertidumbre económica global y el aumento de las importaciones energéticas, particularmente de gas y petróleo desde Estados Unidos.
Martínez también señaló que este equilibrio comercial favorable hacia la UE no significa que no existan vulnerabilidades económicas ante una posible escalada de tensiones.
Aunque los mercados no descuentan por ahora un conflicto abierto que afecte de manera significativa la balanza comercial, Martínez advirtió que un deterioro de la relación transatlántica podría alterar las dinámicas actuales y repercutir en los flujos comerciales que sostienen ese superávit europeo.
El reposicionamiento global también tiene consecuencias para Latinoamérica y la política exterior de Estados Unidos.
Tras el fin de la Guerra Fría, la región perdió protagonismo estratégico, pero hoy vuelve a situarse en el foco de Estados Unidos, señala Martínez.
Bajo una reinterpretación de la Doctrina Monroe, Estados Unidos asume un mundo dividido en esferas de influencia dominadas por China, Rusia y Estados Unidos.
Narcotráfico y migración se consolidan como los principales ejes de preocupación estadounidense en América Latina, destaca Martínez.
Bajo estas justificaciones, es previsible un aumento de la intervención directa o indirecta en los asuntos internos de los países de la región, mediante presiones económicas, sanciones, aranceles o apoyos políticos condicionados, agrega el profesor de Economía.
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Según Juan Carlos Martínez, director del Informe Panorama de Inversión Española en Iberoamérica y profesor de Economía del IE Business School, la región ártica ha dejado de ser un espacio marginal para transformarse en un territorio central en la competencia global.
El calentamiento global, lejos de ser solo un problema ambiental, actúa como catalizador de profundas transformaciones económicas, políticas y militares.
El retroceso del hielo marino está reduciendo de forma sostenida los meses en los que las rutas del norte permanecen bloqueadas.
Este fenómeno posiciona al Paso del Noroeste como una alternativa real para el comercio marítimo internacional. Es una zona estratégica que conecta Asia oriental con la costa este de Estados Unidos sin necesidad de cruzar el Canal de Panamá, destaca Martínez.
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Nuevas rutas marítimas y el interés de EE.UU., China y Rusia
El avance de la navegación ártica comercial ha despertado un creciente interés entre las principales potencias mundiales. Para China, el desarrollo de rutas alternativas reduce su dependencia de pasos estratégicos controlados por terceros y fortalece su seguridad económica.
En el caso de Estados Unidos, el control de estos corredores marítimos representa una ventaja geopolítica frente a sus competidores estratégicos.
Groenlandia, por su ubicación geográfica, se convierte así en un nodo logístico fundamental, destaca Martínez.
Desde esta isla es posible supervisar el tránsito marítimo emergente y desarrollar infraestructuras de apoyo para el comercio global.
La economía de Groenlandia
La economía de Groenlandia está dominada por la industria pesquera. Más del 90% de los bienes que exporta la isla son productos del mar, entre ellos pescado congelado, camarones…
Además de la pesca, otros sectores, como el turismo, la caza tradicional, la agricultura de subsistencia y las incipientes actividades mineras, contribuyen en menor medida a la economía local.
Groenlandia mantiene relaciones comerciales principalmente con países europeos y aliados cercanos. Sus principales destinos incluyen Dinamarca, que absorbe gran parte de sus exportaciones marinas, así como otros países europeos como Letonia y Portugal, y mercados fuera de Europa interesados en productos del mar, como Japón.
Recursos naturales y tierras raras de Groenlandia
El potencial de recursos naturales de Groenlandia es otro de los grandes motores de su revalorización geopolítica.
Petróleo, gas natural, uranio, níquel, cobre, oro y, especialmente, tierras raras forman parte de un inventario estratégico que hasta ahora permanecía prácticamente inaccesible.
Las duras condiciones climáticas, las capas de hielo y la ausencia de infraestructuras habían limitado su explotación durante décadas.
Algunas estimaciones indican que hasta el 25% de las tierras raras no descubiertas del planeta podrían encontrarse en Groenlandia.
Estos elementos son esenciales para la fabricación de dispositivos electrónicos, aerogeneradores, vehículos eléctricos y equipos médicos.
Sin embargo, el verdadero cuello de botella no está solo en la extracción, sino en el procesamiento y refinado, dice Martínez.
China, el dominio industrial y el desafío occidental
China controla alrededor del 60% de las reservas mundiales conocidas de tierras raras, pero su verdadero poder reside en el control de cerca del 90% del procesamiento global, destaca Martínez.
Incluso si Groenlandia confirmara grandes yacimientos, la dependencia tecnológica seguiría vigente mientras no se desarrollen capacidades industriales fuera de Asia.
Por ello, Estados Unidos ha comenzado a firmar acuerdos estratégicos con Australia para diversificar la cadena de suministro, en un intento por reducir su vulnerabilidad geoeconómica.
El polémico proyecto Kvanefjeld, en el que participan empresas chinas y australianas, ilustra las tensiones entre desarrollo económico, soberanía y protección ambiental.
Trump y la tensión con Europa
Las declaraciones de Donald Trump, asegurando que no permitirá que Rusia o China “ocupen Groenlandia”, han generado una fuerte inquietud.
Según Martínez, por ahora, los mercados financieros internacionales no descuentan este conflicto como un riesgo inmediato.
Predomina la percepción de que se alcanzará algún tipo de acuerdo diplomático, señala Martínez. No obstante, el escenario podría cambiar si las amenazas se traducen en hechos concretos, como la imposición de aranceles o sanciones comerciales.
Estados Unidos ha advertido sobre posibles aranceles del 15 % a países europeos que han mostrado apoyo simbólico a Dinamarca.
Ante este escenario, la UE ha preparado su mecanismo anti-coerción, que permitiría represalias comerciales, dice Martínez.
Aquí tienes dos párrafos claros y coherentes basados en lo que dijo Juan Carlos Martínez sobre la balanza comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos:
Martínez destacó que, en 2024, la balanza comercial entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos mostró un superávit significativo a favor de la UE.
Este superávit se explica principalmente por el fuerte desempeño europeo en exportaciones de bienes, mientras que en servicios la UE mantiene un déficit frente a Estados Unidos.
Según Martínez, aunque el saldo global sigue siendo favorable para Europa, se está reduciendo debido a factores como la creciente incertidumbre económica global y el aumento de las importaciones energéticas, particularmente de gas y petróleo desde Estados Unidos.
Martínez también señaló que este equilibrio comercial favorable hacia la UE no significa que no existan vulnerabilidades económicas ante una posible escalada de tensiones.
Aunque los mercados no descuentan por ahora un conflicto abierto que afecte de manera significativa la balanza comercial, Martínez advirtió que un deterioro de la relación transatlántica podría alterar las dinámicas actuales y repercutir en los flujos comerciales que sostienen ese superávit europeo.
Latinoamérica en el nuevo tablero geopolítico
El reposicionamiento global también tiene consecuencias para Latinoamérica y la política exterior de Estados Unidos.
Tras el fin de la Guerra Fría, la región perdió protagonismo estratégico, pero hoy vuelve a situarse en el foco de Estados Unidos, señala Martínez.
Bajo una reinterpretación de la Doctrina Monroe, Estados Unidos asume un mundo dividido en esferas de influencia dominadas por China, Rusia y Estados Unidos.
Narcotráfico y migración se consolidan como los principales ejes de preocupación estadounidense en América Latina, destaca Martínez.
Bajo estas justificaciones, es previsible un aumento de la intervención directa o indirecta en los asuntos internos de los países de la región, mediante presiones económicas, sanciones, aranceles o apoyos políticos condicionados, agrega el profesor de Economía.
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