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Betty Jumbo
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La influenza o gripe H3N2 vuelve a ocupar un lugar en la agenda sanitaria internacional. En Europa y Estados Unidos se reporta un aumento de casos, asociado a una nueva variante identificada como K, que ha generado presión sobre los sistemas de salud durante el invierno. En esos países la llaman la súper gripe.
Ecuador, por ahora, no registra circulación confirmada de esa variante, pero el contexto obliga a mirar el escenario con atención y responsabilidad.
Las festividades de diciembre implican movilidad, reencuentros familiares y viajes internacionales, especialmente de migrantes que retornan desde países donde la influenza se encuentra en expansión.
Ese flujo incrementa el riesgo de introducción del virus que causa la gripe H3N2 o influenza estacional. Ignorar ese factor sería un error.
La prevención temprana es clave para evitar contagios innecesarios y una eventual sobrecarga de un sistema de salud que ya enfrenta limitaciones estructurales, como la escasez de medicamentos y personal médico.
La influenza no es una enfermedad desconocida ni impredecible. Es prevenible, tratable y, en la mayoría de los casos, no grave. Tampoco se trata de covid-19. Confundirla o generar temor solo alimenta la desinformación.
El desafío está en comunicar con claridad qué es la influenza H3N2, cómo se transmite y cuáles son las medidas básicas de cuidado, especialmente para proteger a los grupos más vulnerables: niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
En ese escenario, el rol del Ministerio de Salud Pública y de las autoridades sanitarias es central. Reforzar las campañas de vacunación contra la influenza, garantizar el acceso a las dosis y educar a la población no es una opción, sino una obligación.
La vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir contagios, complicaciones y ausentismo escolar y laboral.
Prevenir no significa alarmar ni frenar la vida cotidiana. Es posible celebrar la Navidad y recibir el Año Nuevo con tranquilidad, informados y vacunados.
Anticiparse a la influenza es una decisión de salud pública y también un acto de cuidado colectivo. Ecuador aún está a tiempo de actuar con rapidez, coordinación y comunicación responsable.
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La gripe H3N2 es una influenza prevenible que no es grave, pero requiere vacunación, cuidado y prevención para evitar contagios innecesarios en Ecuador.
Ecuador, por ahora, no registra circulación confirmada de esa variante, pero el contexto obliga a mirar el escenario con atención y responsabilidad.
Las festividades de diciembre implican movilidad, reencuentros familiares y viajes internacionales, especialmente de migrantes que retornan desde países donde la influenza se encuentra en expansión.
Ese flujo incrementa el riesgo de introducción del virus que causa la gripe H3N2 o influenza estacional. Ignorar ese factor sería un error.
La prevención temprana es clave para evitar contagios innecesarios y una eventual sobrecarga de un sistema de salud que ya enfrenta limitaciones estructurales, como la escasez de medicamentos y personal médico.
La influenza no es una enfermedad desconocida ni impredecible. Es prevenible, tratable y, en la mayoría de los casos, no grave. Tampoco se trata de covid-19. Confundirla o generar temor solo alimenta la desinformación.
El desafío está en comunicar con claridad qué es la influenza H3N2, cómo se transmite y cuáles son las medidas básicas de cuidado, especialmente para proteger a los grupos más vulnerables: niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
En ese escenario, el rol del Ministerio de Salud Pública y de las autoridades sanitarias es central. Reforzar las campañas de vacunación contra la influenza, garantizar el acceso a las dosis y educar a la población no es una opción, sino una obligación.
La vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir contagios, complicaciones y ausentismo escolar y laboral.
Prevenir no significa alarmar ni frenar la vida cotidiana. Es posible celebrar la Navidad y recibir el Año Nuevo con tranquilidad, informados y vacunados.
Anticiparse a la influenza es una decisión de salud pública y también un acto de cuidado colectivo. Ecuador aún está a tiempo de actuar con rapidez, coordinación y comunicación responsable.
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