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Vinicio Chacón Soto
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“Se puede estar en contra Maduro, pero no se puede estar a favor de que un invasor extranjero llegue a resolver el problema de Venezuela”. Con esa concisa frase el historiador y académico, Vladimir de la Cruz sintetizó un aspecto central a la intervención violenta de Estados Unidos en Venezuela, mediante la que el pasado 3 de enero secuestró al mandatario de ese país y lo llevó a presentarse ante una corte de Nueva York.
De la Cruz fue embajador de Costa Rica ante la potencia petrolera durante la segunda administración de Oscar Arias (2006-2010), como también lo fue Federico Picado durante un breve periodo en 2015, pero fue destituido por haber ofrecido declaraciones a la prensa sin haber consultado con la Cancillería durante la gestión del expresidente Luis Guillermo Solís (2014-2018).
De acuerdo con Picado, el presidente Donald Trump “actuando como gestor y conductor de los destinos del mundo occidental e investido de una autoridad que no se le ha otorgado, no puede disponer del presente ni del futuro de Venezuela”.
“No existe principio alguno de la convivencia civilizada entre naciones que faculte a gobierno alguno para disponer del destino de pueblos y naciones. No es posible que EE.UU., como potencia global, asuma potestades de imperio, anuncie la tutela de funciones soberanas propias del Estado venezolano y lesione sus legítimos intereses nacionales”, insistió en un artículo de opinión de próxima publicación en UNIVERSIDAD enviado por Picado.
Problema interno de Venezuela
Ambos en primer lugar subrayaron la influencia que en las relaciones entre ambos países ha tenido el tema de la riqueza petrolera, a lo que el historiador de la Cruz sumó además la presencia de gas, oro y algunos elementos de tierras raras.
Apuntó que el ascenso de Hugo Chávez “modificó el desarrollo político-institucional de Venezuela”, que adquirió un “carácter bolivariano en el buen sentido de la palabra”, identificado con ideales del Libertador anticolonialistas y antiimperialistas.
El proceso de Chávez “fue exitoso”, en el tanto canalizó los recursos provenientes de la venta de petróleo “en cerca de 18 procesos reformistas muy importantes de todo tipo: de vivienda, de salud, de educación, de analfabetización. La Misión Milagro, afectó positivamente cerca de 3.000 costarricenses que fueron a tratarse los ojos a Caracas con todo pagado”. Todo ello “le da un auge muy importante porque le permite proyectar parte de esa plata al resto del continente, a Ecuador, a Bolivia, a Sudamérica, al Caribe, en fin, a Centroamérica”.
Ahora bien, tras la muerte de Chávez, Nicolás Maduro logró un triunfo electoral con apenas poco más del 1% de los votos sobre la oposición en 2013. “Ese primer proceso electoral de él fue cuestionado y aún así fue aceptado internacionalmente. El segundo proceso electoral, cinco años después, fue cuestionado y cerca de 60 países no lo reconocieron”.
Así se llegó a la elección de 2024, “el resultado electoral no le fue favorable a Maduro, puesto que en actas del resultado electoral, la oposición logró demostrar que ellos habían ganado. Eso mantuvo el desconocimiento internacional de Maduro como presidente para cerca de 60 países”.
En un contexto de “un proceso de de represión, de autoritarismo, de despotismo contra los sectores opositores y de inhabilitación de líderes políticos y de candidatos presidenciales y eso creaba un malestar en Venezuela”, el no reconocimiento del resultado electoral por parte del gobierno de Maduro “hizo que eso tensara más la situación”.
Tras apuntar todo ese contexto inmediato, Vladimir de la Cruz enfatizó que “el problema de Venezuela en ese sentido, es un problema solo de los venezolanos. Son los venezolanos los que tienen que resolver su crisis interna, no se puede resolver desde fuera”.
Añadió que “no es admisible en el plano internacional que ningún país se meta a imponer el resultado de una elección en otro país y mucho menos a imponer presidente resultante de ese resultado electoral o a imponer un nuevo gobierno por destitución. Esto es lo que ha sucedido en Venezuela en este momento”.
Nueva vieja hegemonía
Trump entonces “se aprovecha” de la crisis interna del país y del desconocimiento internacional al gobierno de Maduro. “Por otro lado está el problema del petróleo, en el cual Trump sí tiene un interés directo de control, no solo petróleo, sino otras riquezas importantes que tiene Venezuela como es el gas; además tiene oro y otros minerales y algunas tierras raras también. Entonces, el objetivo político de Trump ha quedado claro”, explicó el historiador.
Tanto más porque “Venezuela no es un productor de droga”, la otra gran excusa esgrimida por Estados Unidos. Recordó, eso sí, que ha servido como país de tránsito y que, por ejemplo, dos sobrinos de Cilia Flores, la esposa de Maduro, “fueron detenidos infraganti en tráfico de drogas, condenados en Estados Unidos y fueron igualmente indultados por el gobierno de (Joe) Biden”, detalló el académico.
Tómese nota que el mismo Trump acaba de indultar a Juan Orlando Hernández, expresidente hondureño que también había sido condenado en Estados Unidos por nexos con el narcotráfico.
“Así, otros personajes importantes del gobierno venezolano fueron capturados en asuntos de drogas o en lavado, algunos de ellos todavía detenidos en Estados Unidos, que fueron los que desarrollaron una narrativa, una historia de la implicación del gobierno de Nicolás Maduro en el negocio de las drogas, especialmente con el llamado cartel de los Soles, que así lo llamaron”, comentó el exembajador de Arias.
Ha sido Trump quien empezó a desarrollar “una nueva narrativa de geopolítica mundial” a partir del “papel de los Estados Unidos como gendarme internacional” y volviendo a editar la doctrina del Destino Manifiesto de mediados del siglo XIX, la doctrina del Gran Garrote de la primera mitad del siglo XX y las políticas de la posguerra en el campo de la lucha anticomunista mundial y de la Guerra Fría que se impulsó en ese periodo, según explicó.
“Todo eso lo mezcla Trump en lo que llaman la doctrina Donroe, que es como la nueva doctrina hegemónica de los Estados Unidos”, planteada ante el desarrollo de un multilateralismo mundial con actores como el bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China), que “tiene ya casi unos 60 países en trámite de participación, que han cambiado las reglas internacionales muy importantes que afectan Estados Unidos”, concluyó de La Cruz.
La entrada Exembajadores de Costa Rica: Intervención en Venezuela es parte de una “nueva doctrina de hegemónica de los Estados Unidos” aparece primero en Semanario Universidad.
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