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Manuel Bermúdez
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El Foro Económico Mundial se reúne esta semana en su cita anual en Davos, Suiza, en coincidencia con el primer aniversario del mandato de Donald Trump tras su regreso a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2025, mientras multitudes de agricultores europeos se manifiestan en las inmediaciones del Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia, en protesta contra la aprobación del acuerdo de la UE-Mercosur.
El panorama es desconcertante cuando no desolador.
Europa está acorralada entre los muros que ella misma ha levantado como consecuencia de las decisiones de sus líderes en los últimos años. Parece que de tanto dispararse en los pies, los líderes europeos terminaron arrastrándose.
La hegemonía de las potencias occidentales se fracturó y la mayor de ellas, Estados Unidos (EE.UU.), busca desprenderse de sus tradicionales aliados que en este momento de desesperación le resultan un lastre.
Los Gobiernos europeos presentan cada vez más debilidad, el respaldo a sus líderes anda alrededor del 20%. En las últimas semanas no han podido tener una posición unificada para asumir la derrota en Ucrania y tener una propuesta medianamente digna y sensata.
“Tenemos que cambiar de estrategia y llegar a la conclusión de que lo único que Trump respeta es la fuerza, la firmeza y la unidad”, Anders Fogh Rasmussen, danés exjefe de la OTAN.
Mientras los avances rusos en ese frente los ponen en evidencia, el anuncio de Trump de que convertirá a Groenlandia en un activo estadounidense terminó de volar por los aires la frágil unidad de un Occidente en decadencia.
Combatir el narcotráfico fue el argumento para emplazar una enorme fuerza militar en el Caribe que terminó siendo un instrumento de invasión y piratería. Ahora, la excusa es la seguridad del Ártico, ante inexistentes buques chinos y rusos en la zona, pero es su propia seguridad y el interés por explotar recursos en la enorme isla, lo que mueve su acción anexionista.
En 2018-2019, la empresa China Communications Construction Company se postuló para financiar y construir los aeropuertos de Nuuk (capital de Groenlandia), Ilulissat y Qaqortoq, pero el Gobierno danés intervino para evitar la inversión china sobre infraestructuras estratégicas, asumiendo el proyecto, que está operativo desde 2024.
De ahí que el Gobierno de Dinamarca rechaza con fuerza los argumentos de Washington.
“Tenemos que cambiar de estrategia y llegar a la conclusión de que lo único que Trump respeta es la fuerza, la firmeza y la unidad”, dijo este martes a la AFP el danés exjefe de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) Anders Fogh Rasmussen.
Miles de agricultores, a bordo de decenas de tractores, que protestaron este martes contra el acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur ante el Parlamento Europeo, pedían la renuncia de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen.
Éxito o fracaso
Europa no cederá a los matones ni se dejará intimidar, dijo enfático el presidente francés Emmanuel Macron en su comparecencia el martes en Davos. Francia y Europa no “aceptarán pasivamente la ley de los más fuertes”, aseveró.
Pero, a esa misma hora, su homólogo Trump dio a conocer el mensaje que le había enviado el mismo Macron poco antes, donde le ofreció organizar un encuentro privado para una reunión del G7 invitando incluso a Rusia.
“Puedo organizar una reunión del G7 en París el jueves por la tarde, después de Davos”, en Suiza, e “invitar a los ucranianos, a los daneses, a los sirios y a los rusos al margen de la reunión”, añadió Macron en su mensaje.
Larry Fink, presidente del gigantesco fondo de inversiones Blackrock y vicepresidente del Foro Económico Mundial, conversa con el presidente francés Emmanuel Macron, quien fuera negociador de la banca Rothschild.
Coerción arancelaria
Trump declaró el fin de semana que, a partir del 1 de febrero, Reino Unido, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos, Noruega y Suecia estarían sujetos a un arancel del 10% sobre todos los productos enviados a Estados Unidos hasta que Dinamarca aceptara ceder Groenlandia.
Luego prometió gravámenes de hasta el 25% a esos mismos países a partir de junio.
En su discurso en Davos, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, advirtió que Trump podría acabar sumiendo en una “espiral descendente” las relaciones entre la Unión Europea (EU) y Estados Unidos a raíz de ese asunto.
“Los aranceles propuestos son un error, especialmente entre aliados de larga data”, dijo Von der Leyen. Pero aseguró que la “respuesta será firme, unida y proporcionada”.
El presidente Macron planteó la posibilidad de contraatacar con el arma comercial de la UE, conocida como la opción “bazuca económica”, que se creó en 2023, pero nunca se ha activado. No obstante, incluso si Bruselas activara el dispositivo, podrían pasar meses antes de que se tomaran medidas, según las normas, informó AFP.
Por otra parte, los aranceles sobre 93 mil millones de euros de bienes estadounidenses, que la UE reservó cuando Trump acordó un acuerdo comercial con el bloque el verano pasado, podrían entrar en vigor el 6 de febrero.
“Creo que sería muy insensato”, declaró amenazante el lunes el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, a los periodistas ante la anunciada respuesta europea.
Durante la primera jornada del Foro Económico Mundial, Bessent explicó que Trump quiere controlar este territorio autónomo danés del Ártico porque lo considera un “activo estratégico”. “No vamos a externalizar nuestra seguridad hemisférica a nadie”, agregó.
“No creo que se opondrán demasiado. Tenemos que conseguirlo. Tienen que hacerlo”, dijo el mandatario republicano a periodistas en Florida antes de viajar a Suiza.
“Groenlandia es imprescindible para la seguridad nacional y mundial. No puede haber marcha atrás”, añadió luego Trump en su red social Truth Social.
Mientras, el jefe del gobierno alemán, Friedrich Merz, dijo que intentará reunirse con Trump el miércoles. Merz señaló que Alemania y otros países europeos coinciden en que “hay que evitar cualquier escalada en esta disputa en la medida de lo posible”.
China
“Unos pocos países selectos no deberían tener privilegios basados en su propio interés, y el mundo no puede volver a la ley de la jungla en la que los fuertes se aprovechan de los débiles”, sostuvo el viceprimer ministro chino, He Lifeng, en su participación en el foro el martes.
El presidente ruso demostró en cuatro años cómo salir fortalecido de los embates recibidos por parte de los líderes occidentales, hasta convertirse en una potencia decisiva en el nuevo orden mundial.
Europa y Rusia
¿Qué hizo y qué debió o pudo haber hecho Europa antes de llegar a esta peripecia?
Alemania bajo el gobierno de Angela Merkel (2005-2021) había logrado un importante repunte de la economía alemana gracias a sus negocios energéticos con Rusia.
El enorme poliducto Nord Stream 2 fue creado con participación de empresas alemanas, en la que incluso participaba el excanciller socialdemócrata Gerhard Schröder y Gazprom de Rusia. Pero nunca llegó a entrar en funcionamiento.
Los informes de inteligencia parece que decían a Europa y EE.UU. que Rusia era débil y que con una guerra de desgaste y una andanada de sanciones, Moscú sería doblegada. Cuando lo lógico, natural y hasta histórico era que los europeos crearan una alianza con Rusia cuya extensión territorial y de recursos la hacía un buen socio. El mismo Putin vio las ventajas de aproximarse a Europa, lo cual habría permitido constituir un bloque poderoso frente a EE.UU. y la creciente China.
Pero vino la perversa maquinación del Maidán en Kiev en 2014, y el golpe de Estado en Ucrania era la primera parte de un plan largamente urdido por EE.UU. para acosar a Rusia.
“Fuck the EU”, diría triunfante en aquel 2014 Victoria Nuland, artífice del plan norteamericano.
La alemana Angela Merkel y el socialista francés Francois Holland se encargaron de hacerle creer a Putin que seguían una diplomacia transparente para darle una salida al conflicto ucraniano y así reducir las amenazas sobre la seguridad rusa.
Tras ocho años de guerra en el Donbás, donde Donetsk y Lugansk se habían declarado independientes desde 2014 y enfrentaban con apoyo ruso al ejército ucraniano que quería someterlos, el Gobierno de Kiev anunció su intención de ingresar a la OTAN.
Inmediatamente, Moscú respondió que no podría tolerarlo, pues significaba una amenaza a las líneas rojas de su seguridad nacional. Putin explicó en diferentes foros y en conversaciones con sus homólogos europeos las razones de su preocupación, pero pronto comprendió que el retraso en la puesta en marcha del Nord Stream 2 y el anuncio del ingreso de Ucrania en la OTAN correspondían a un mismo guión.
Donald Trump puso a prueba la integridad, la diplomacia y la fuerza de Europa con su obsesiva ambición de apropiarse de Groenlandia.
Operación militar especial
Con el eufemismo de que se trataba de una “operación militar especial”, Rusia invadió Ucrania el 4 de febrero de 2022 tras insistir en los foros internacionales que el eventual ingreso anunciado de Kiev a la OTAN sería traspasar las líneas rojas de su seguridad territorial. Sin embargo, cuatro días después iniciaron conversaciones entre las dos naciones para detener el conflicto armado. El 7 de marzo, el Gobierno ruso demandó la neutralidad de Ucrania, el reconocimiento de la anexión de Crimea a Rusia, dada mediante referendo en 2014, junto con la autoproclamación de las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, como estados independientes, como condición para poner fin a la invasión.
El 10 de marzo, los ministros de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Lavrov y ucraniano Dmytró Kuleba se reunieron en Estambul, Turquía, donde Moscú se comprometía al retiro de sus tropas.
Pero el entonces primer ministro británico, Boris Johnson, convenció al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, de no aceptar el acuerdo y continuar la guerra, asegurándole una victoria con el apoyo total de las potencias occidentales.
En julio de ese mismo año, negociaciones también llevadas a cabo en Estambul permitieron que los países contendientes alcanzaron un acuerdo para la exportación de cereales en el mar Negro y evitar así las repercusiones en los mercados mundiales. Pero los acercamientos para un plan de paz se alejaron con el recrudecimiento de la lucha en el Donbás y, un año después, con la fracasada contraofensiva ucraniana, el acuerdo se rompió.
La guerra de desgaste suponía que Rusia sufriría una derrota a mediano plazo. Pero el cálculo salió mal.
Los últimos cuatro años quizás han sido los más prósperos de la era Putin. Rusia, que era la economía 12 en el ranking mundial, hoy es una de las tres potencias que deciden el destino del planeta.
Pese a la cruenta guerra en Ucrania y al intento de asfixia por las sanciones europeas, incluida la apropiación de los recursos rusos en la banca europea, Rusia se ha consolidado como la tercera potencia mundial que parecía lejos de ser hace apenas cuatro años, cuando insistía a la comunidad internacional que un ingreso de Ucrania a la OTAN significaba una amenaza inaceptable.
Sin haber resuelto la crisis por la derrota en Ucrania, los líderes europeos enfrentan ahora su mayor desafío desde la Segunda Guerra Mundial.
El laberinto europeo
La aventura ucraniana ha fracasado estrepitosamente, pero el actual presidente de la nación que los indujo a ella no quiere hacerse responsable de las acciones fallidas de su antecesor.
“Esta no es mi guerra”, ha reiterado insistentemente Donald Trump, quien además ha dedicado denodados esfuerzos en acabar con el conflicto ucraniano.
Los líderes europeos, obedientes y poco sensatos o soberanos, la emprendieron contra los “enemigos de Occidente”, las economías emergentes convocadas en el grupo de BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), creando una nueva atmósfera de guerra fría, con un mundo dividido entre “buenos y malos”.
Acosada por los aranceles de Trump, el efecto búmeran de las múltiples sanciones aplicadas a Rusia desde 2014, el distanciamiento autoinfligido de China, la inflación y el estancamiento que arrastra desde la pandemia de covid-19, Europa se fue quedando sin aliados ante la pequeñez y debilidad que le muestra el espejo de su mala administración.
La estrategia del caos o la demolición controlada
Como no existen fuerzas que hayan gestado directamente esa caída de la hegemonía occidental, sino que es resultado de su propia decadencia, no se puede acudir a un proceso de “demolición controlada”, sino que inevitablemente el derrumbe trae consecuencias y daños colaterales.
Los afectados no previeron la precipitación de los acontecimientos ni fueron capaces de formular alternativas, quizás obnubilados por un discurso único del neoliberalismo globalista como fase superior del capitalismo.
La entrada Europa, un vórtice entre Ucrania y Groenlandia aparece primero en Semanario Universidad.
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