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Redacción Universidad
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Es difícil de describir la experiencia de estar en uno de los sitios más emblemáticos (sino el que más) de la historia republicana costarricense.
Primero, bajo la luz del atardecer, y luego, de la luna y las estrellas, 203 personas disfrutaron de un escenario único e inédito: hacer actividades artísticas, ambientales y lúdicas tanto dentro como fuera de la Casona de Santa Rosa, el escenario de aquella histórica batalla de la Campaña Nacional 1856 – 1857, cuando nuestros antepasados derrotaron a los filibusteros en aquel inolvidable 20 de marzo de 1856.
Todo esto lo pudimos vivir el 5 de diciembre del pasado 2025. Y aquí me tomo la licencia de romper la “cuarta pared” del periodismo informativo, porque esto que usted está leyendo no es una nota informativa más, sino una crónica de una vivencia, desde la perspectiva de este periodista, con los cinco sentidos:
- La vista por razones obvias.
- El oído por los sonidos del bosque y la música del concierto dado por el Ensamble de la Sede de Guanacaste.
- El gusto por la comida llevada para hacer “picnic” en las afueras de la casona
- El tacto por poder tocar los árboles y la estructura del inmueble en sí, además de la superficie del suelo en la clase de yoga.
- Y el olfato porque sí, el bosque tiene su olor a fresco y la casona a historia.
Era la primera vez que esta vivencia multisensorial se realizaba en la Casona de Santa Rosa, dentro del Parque Nacional que lleva su nombre, en el Área de Conservación Guanacaste.
Sin embargo, otras experiencias similares se han desarrollado en los últimos tres años, pues esta actividad es el trabajo final que hace el estudiantado del curso de Seminario de Ecoturismo II, que se imparte en el tercer año de la carrera de Turismo Ecológico (o Gestión del Turismo Sostenible a partir de este 2026) de la Sede de Guanacaste.
La responsable de coordinar toda esta logística junto con sus estudiantes es la profesora Yessenia Fallas Garro, docente de esa carrera, quien con el apoyo de sus colegas Slavica Djenes y Diego Araya Quesada, ha organizado veladas así en otras zonas protegidas de la región: en la Estación Experimental Horizontes, el Refugio Nacional de Vida Silvestre Bahía Junquillal y la comunidad de Guayabo de Bagaces.
El objetivo de estas actividades no es solo pasar un buen rato, también implica educar y promover la salud física y mental en las personas que asisten y valorar los recursos naturales.
Después de las 3 de la tarde de aquel viernes 5 de diciembre, ya se podía percibir el verano decembrino del noroeste del país: el calor propio de Guanacaste se veía reducido por la brisa fresca de los alisios y por la frondosidad del bosque que rodea la Casona de Santa Rosa.
En sus alrededores, decenas de adultos y niños ya hacían fila para poder ingresar al lugar, en el que se les colocó un brazalete de papel para identificarlos como participantes de la actividad.
De inmediato, comenzó el taller de pintura en el que se les ofrecía lienzos con pinturas de agua para hacer volar su imaginación, en medio de la naturaleza de la parte baja del ingreso a la Casona.
No había terminado esa actividad y, desde el fondo del patio de la vieja casa, se empezaron a escuchar unos sonidos guanacastecos y nacionales. Era el Ensamble Musical de la Sede de Guanacaste que comenzaba a afinar y que deleitó con su música al caer la tarde.
Luego de esta presentación artística, se propusieron dos actividades simultáneas a elegir: una clase de yoga gratuita en el patio de la casona; o bien, ir a hacer un recorrido por los senderos del parque guiado por estudiantes de Turismo Ecológico, en medio de la oscuridad de la noche, iluminado solo por las linternas que la gente llevaba y la luz de la luna llena. Ahí fue posible divisar, en medio de la oscuridad, venados cola blanca, símbolo nacional de la fauna silvestre. Pero también observamos insectos, anfibios y una gran cantidad de árboles curiosos con su respectiva explicación.
De regreso en la Casona dio inicio una charla impartida por el astrónomo Fabián Chaverri Miranda, funcionario del Planetario San José e investigador del Centro de Investigaciones Espaciales (Cinespa) de la Universidad de Costa Rica (UCR). Él explicó las constelaciones desde la historia mitológica griega, mientras indicaba su posición en el cielo estrellado.
Finalmente, el broche de oro: tres telescopios quedaron disponibles para observar una majestuosa luna llena, pero también a Saturno (al que se le podían distinguir perfectamente sus anillos) y las estrellas de varias constelaciones. Fue tal la demanda que la organización pedía a la gente hacer una única observación para que el resto de asistentes pudiera también disfrutar el espectáculo.
La entrada Estrellas, Casona, naturaleza y acción: crónica de una “telescopiada” bajo la luna aparece primero en Semanario Universidad.
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