Es momento de estudiar, enseñar y administar en resistencia

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Laura Martínez Quesada

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Solo algunas horas después de haber recibido los resultados electorales y tras un mar de pensamientos y reflexiones, escribo estas palabras dirigiéndome a usted, persona estudiante, docente, administrativa y a toda persona que cree en el poder movilizador y transformador de la educación pública.

Este momento político, para muchas y muchos de nosotras profundamente desgarrador, no puede quedarse en la desesperanza. Hoy, más que nunca, como comunidad universitaria tenemos una responsabilidad fundamental con la estabilidad y construcción democrática de nuestro país. Soy de quienes piensan que no basta con quedarnos en las clases magistrales o en los auditorios de nuestras casas de enseñanza hablándonos entre nosotros y nosotras mismas. Necesitamos embarrialarnos los pies movilizándonos hacia los pueblos, los barrios, las comunidades y los territorios, ahí donde la información y el conocimiento todavía persisten como un sueño y no como una realidad.

Agradezco y reconozco profundamente los esfuerzos que, desde las cinco Universidades Públicas realizamos en el marco de la acción social. Sin embargo, hoy necesitamos ir más allá, con mayor fuerza, con una gran convicción y con la esperanza firme de que este país puede seguir conservando lo que siempre fue cercano y familiar para su pueblo: la democracia. Una democracia que parecía inusual en una región inundada por los autoritarismos, tendencia que hoy parece habernos alcanzado.

No es casualidad que los resultados electorales arrojen que el chavismo encontró terreno fértil en los cantones con los índices más bajos de desarrollo humano de nuestro país. Desde mi perspectiva, esto ocurre porque el entramado socioinstitucional que usted y yo amamos y defendemos se encuentra profundamente lastimado, producto de décadas de gestiones vallecentristas y, más recientemente, de ataques directos sin disimulo alguno. En este contexto, los beneficios sociales de la institucionalidad, incluida la educación pública, continúan siendo privilegios de clase y de territorio. Es en medio de toda esta desigualdad y de un enojo persistente que los discursos que buscan deslegitimar nuestras instituciones han calado con fuerza y han alimentado un fenómeno de enamoramiento hacia un liderazgo personalista que promete, al oído, soluciones atractivas a quienes han sido por años cruelmente ignorados y abandonados por el Estado, mientras que en los hechos, dicho liderazgo apunta al desmantelamiento y la privatización de esas mismas instituciones.

En esta coyuntura política, incluso desesperanzadora para el futuro presupuestario de nuestras Universidades Públicas, nos corresponde asumir de manera inevitablemente colectiva la tarea de combatir la desinformación, el populismo , el autoritarismo, y de dar la lucha diaria por el restablecimiento de un entramado institucional cada vez más focalizado hacia las periferias. Es necesaria entonces, en el marco de nuestra autonomía universitaria, mi presencia y la suya, desde este privilegio de conocimiento que cargamos y siempre con profundo respeto hacia las comunidades. Necesitamos movilizarnos, mirar a los ojos, sostenernos las manos con empatía y construir al lado de los pueblos, esos a los que nadie mira si no es en tiempos de campaña electoral.

En medio de los constantes ataques a las universidades públicas y a quienes las sostenemos, nuestro acompañamiento se vuelve indispensable, porque desde Zapote, en los últimos cuatro años, se ha dicho mucho pero, se ha hecho poco. Que nuestra presencia en las comunidades sirva para desmentir los discursos que intentan deslegitimar nuestra existencia y permanencia, porque estando al lado de las comunidades los discursos del poder, no son más que eso.

El movimiento estudiantil está preparado para asumir la tarea a favor de los pueblos en las calles y en el día a día, como históricamente lo hemos hecho. Estamos preparadas y preparados para no bajar la cabeza frente al autoritarismo, al odio, a los insultos, al irrespeto y a la indiferencia. Las personas estudiantes estaremos en las calles siempre que a este pueblo se le intenten violentar sus derechos. Estamos preparadas y preparados para no permitir que esta democracia, que hasta hace poco solíamos presumir, nos sea arrebatada. A usted, persona docente, administrativa y a toda persona que esté leyendo estas palabras, le invito a construir codo a codo con esta juventud que, aunque cansada de poner el cuerpo, sigue dispuesta a luchar sin descanso por esta patria.

Hemos sido las y los estudiantes, al lado de la clase trabajadora, quienes a lo largo de América Latina hemos hecho frente a los regímenes represivos, violentos y autoritarios. Después de haber visto el autoritarismo como algo lejano, hoy lo tenemos instalado en la sala de la casa. Por eso hago un llamado a toda la comunidad universitaria nacional a organizarnos, a movilizarnos y a resistir en colectividad en medio de este país atravesado por la violencia y la desigualdad. Nos vemos en las calles, colegas, hombro con hombro, mano con mano y hasta que la dignidad se vuelva una costumbre. La lucha es larga y apenas empieza.











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