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Laura Martínez Quesada
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Diversos estudiosos de la realidad nacional y de nuestra propia historia patria, le dan un carácter de enorme excepcionalidad y de trascendental relevancia a las elecciones presidenciales y diputadiles del próximo domingo 1 de febrero de 2026.
Lo mismo pensamos quienes, por una u otra razón, ejercemos acción política desde las organizaciones civiles, como los sindicatos. Sin duda, están pensando igual las personas integrantes de las diversas colectividades político-partidistas que compiten por los puestos en disputa de los poderes Ejecutivo y Legislativo
Estos comicios serán de fuerte connotación estratégica para la convivencia civilizada de nuestro país; y, desde que entró en vigencia la actual Constitución Política, el 7 de noviembre de 1949, no hubo comicios similares en cuanto a impacto colectivo y social.
Desde la perspectiva de un votante que todavía no resuelve a quién le dará su voto en materia de elección presidencial -como es mi propio caso- y que, seguramente, elegiré frente a la papeleta dentro de la urna de votación; pienso que lo mejor para nuestra querida Patria es que haya segunda ronda y que sea el primer domingo de abril próximo cuando, de manera definitiva, se decida quién será la próxima persona en la silla presidencial.
El actual Gobierno lo está apostando todo a la “continuidad” de su “tesis ideológica” fundamental: el liquidacionismo de la institucionalidad republicana fundamental establecida en la Constitución del 49.
Su accionar ejecutivo en estos 4 años de gestión encabezada por el señor Rodrigo Chaves Robles, está caracterizado por la institucionalización de la mentira como política de Estado, la descalificación burlona y grotesca de las jerarquías de los otros poderes públicos, difamar-calumniar-injuriar a sus opositores de los otros partidos políticos y a las personas dirigentes de organizaciones civiles, sindicales y de los movimientos sociales.
Además, su administración está manchada por la sombra de la duda de su financiamiento de campaña electoral; marcada por la duda del impulso a una acción gubernativa de favorecimiento al crimen organizado del narcotráfico; un manejo macroeconómico generador de gran desconfianza acerca de la realidad de la situación fiscal del país.
El desfinanciamiento de programas sociales para la gente más vulnerable, el colapso de la educación pública, el congelamiento salarial abusivo en el empleo público, la vulneración del patrimonio ecológico nacional, así como el “entierro” definitivo de la producción agropecuaria nacional, forman parte de la ruta del fracaso de la presente administración. Se nos queda por mencionar otros muchos aspectos erráticos e injustos de la actual administración.
Si se da una segunda ronda electoral, vamos a estar en mejores condiciones para visibilizar cada una de las áreas de fracaso gubernamental, brindando a la ciudadanía y a la población, en general, la realidad de un estado de cosas que nos retrocedió en el tiempo, como ese dato de que la educación pública llegó al nivel de deterioro que tenía en los años ochenta del siglo pasado.
Una segunda ronda electoral nos posibilitará escudriñar al máximo el plan de gobierno de la candidata del oficialismo para desenmascararle en los aspectos de la “continuidad fracasada” que decidiera impulsar; y/o para señalarle los vacíos y quebrantos a la institucionalidad que fuera pensada y diseñada para la inclusión social y para el bien común, como la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Al considerar los contenidos de la propuesta electoral de quien tenga que enfrentar al oficialismo en segunda ronda electoral, podremos tener idea de cuánta sinceridad tienen planteamientos programáticos de política pública, si es que los tiene, en el campo de la salud, de la educación, de la inversión social, de los derechos laborales, de la justicia social y de los propios Derechos Humanos.
Si vamos a una segunda ronda electoral tendremos la posibilidad de ejercer el voto con un mayor nivel de comprensión de lo que se está poniendo en juego; porque, además, los culpables del desastre multidimensional que afecta a la sociedad costarricense, que ya venían ejerciendo acción gubernativa antes de que apareciera en escena Chaves Robles, tampoco podrían pretender que se les elija a “ojo cerrado” sin constatar planteamientos críticos a su catastrófico y errático accionar de administraciones anteriores. Es mejor que haya segunda ronda electoral.
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