Erosión carcome las playas y costas del paradisiaco Caribe Sur

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En playa Blanca, dentro del Parque Nacional Cahuita, el problema de la erosión ha cobrado tal magnitud que ya en varias ocasiones se ha recurrido incluso a la colocación de sacos de arena para intentar contener el fenómeno, que desgasta y cambia la morfología de las playas e incluso las empuja tierra adentro.

Ese es tan solo uno de los casos que registró Gustavo Barrantes Castillo, investigador de la Universidad Nacional (UNA), junto a Mirna Cortés Obando, de la Unidad de Monitoreo Ecológico Marino Costero del Área de Conservación La Amistad Caribe (Aclac) del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac).

Su informe, elaborado como parte del trabajo del Sistema Nacional de Monitoreo de Erosión Costera, del Programa de Geomorfología Ambiental de la UNA, es resultado de un trabajo de campo realizado en febrero “para documentar los efectos sobre la playa e infraestructuras a su alrededor, iniciando en playa Moín y finalizando en playa Manzanillo, con la intención de comprender la respuesta del litoral frente a oleajes severos como el presentado en febrero de 2026”.

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El avance del mar por la erosión le pone en contacto con especies vegetales que no se han adaptado para sobrevivir en una playa. (Foto: PN Cahuita)

Ese documento concluye que el oleaje presentado entre el 1 y 8 de febrero provocó “transformaciones sobre las playas del Caribe Sur e incluso en algunos sectores un retroceso temporal de la línea de costa que se evidenció en la afectación sobre la vegetación permanente que marca el final de la playa”.

Se especificó que los sectores con cambios más pronunciados fueron Moín, el sector próximo a la entrada del Parque Nacional Cahuita y la punta de Cahuita, playa Punta Uva, Manzanillo y Gandoca. “En estos sectores se evidenciaron daños sobre la infraestructura colocada en la costa, en especial sobre los puentes de acceso a Puerto Viejo, así como mobiliario turístico”.

Menciona la formación de “altos escarpes de erosión”, así como la “caída y exposición de raíces de la vegetación, incluyendo en algunos casos árboles de entre 20 y 30 metros (m)”.

Los sectores con menos afectación fueron Cocles, playa Bonita, Cieneguita, Westfalia y Puerto Vargas, con excepción de la punta del antiguo muelle.

El hambre con las ganas de comer

Barrantes Castillo explicó que a nivel global las investigaciones de este tipo no son muchas, sin embargo, “apuntan a que la erosión costera se está incrementando y algunos incluso llegan a asegurar que algunas playas van a desaparecer en los próximos 30 o 40 años”.

Matizó esa tétrica predicción al explicar que “cada sector o cada playa en particular tiene sus propias dinámicas y no hay una regla aplicable a todos los casos”.

Explicó que esas dinámicas dependen del contexto geológico, geomorfológico y, por supuesto, antrópico (es decir, producido por la actividad humana) de cada playa. A lo cual se suma “su nueva dinámica frente a las presiones inducidas por el cambio climático”.

De manera que uno de los principales motores de los cambios es “el ascenso del nivel del mar producido como una de las secuelas del calentamiento global, que ya está medido con bastante precisión a nivel mundial”.

En el caso de este país, se suma otro elemento que son sus condiciones sísmicas. Respecto al Caribe, observó que hacia el sur “es un borde tectónicamente activo, capaz de generar terremotos”. Recordó el de 1991, que provocó un levantamiento del terreno de entre 30 centímetros (cm) y 1,5 m en la costa. “Llama la atención que el mar está casi en la misma posición donde estuvo”, acotó.

“El Caribe es muy interesante porque primero tenemos un ascenso del nivel del mar marcado, importante; tenemos una tectónica activa que en este momento es de subsidencia antes del próximo terremoto, y finalmente tenemos una ocupación de la costa que en algunos momentos puede generar procesos de erosión”, puntualizó.

Al respecto avaló el ejemplo que se le mencionó de la terminal de contenedores de Moín (TCM): “las presiones del ascenso de nivel del mar o los forzantes vinculados con esto se suman a las interferencias que las estructuras hacen efectivamente sobre las corrientes que transportan el sedimento”, especificó.

La erosión, subrayó, es un fenómeno natural acelerado por la actividad humana.

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En el Parque Nacional Cahuita no es inusual que se recurra a la colocación de bolsas de arena, para intentar proteger la playa contra la erosión. (Foto: PN Cahuita)

“El mar está avanzando”

Barrantes explicó que la erosión “no es como se la imagina la gente”, en el sentido de que la costa no retrocede a una velocidad fija, “sino que es más episódica y está muy vinculada a oleajes severos y estos en general están relacionados con frentes fríos”.

Enfatizó que de manera absolutamente preliminar, los estudios hasta ahora indican que “la playa, más que estar desapareciendo, se está acortando y está migrando tierra adentro, lo cual es un problema grave cuando usted observa la carretera, por ejemplo, que pasa por playa Negra en el acceso a Puerto Viejo”.

Allí “la distancia entre la playa y la carretera es muy poca y la playa está migrando tierra adentro, porque cuando viene el oleaje saca la arena, una parte la mete debajo del agua y genera lo que se llaman barras de arena y otra parte la lanza hacia atrás, o sea, hacia tierra”.

El panorama no es de menor gravedad en Cahuita: “En condiciones más naturales, como es el caso del Parque Nacional Cahuita, esa arena entra en los humedales, y eso provoca un daño muy importante porque primero cambia las condiciones físico-químicas del humedal”, al introducir arena. Por otro lado, también cambia la salinidad, pues “son más dulces y les estamos metiendo sal”.

“La vegetación no resiste estos cambios y empieza a languidecer o a irse marchitando y eso también debilita la posibilidad de que estos ecosistemas enfrenten la erosión, van sufriendo estas transformaciones porque no son en la mayoría de los casos la vegetación que vive en la zona costera, generalmente almendros, cocoteros, etcétera, que ya han sido en algunos casos retirados de la playa por la erosión, la erosión está afectando ya los humedales de atrás”, informó.

Es decir, las variedades de vegetación que tienen capacidad para enfrentar, por ejemplo, la salinidad, sucumben ante la erosión y por eso esa misma salinidad y otras condiciones hacen de las suyas con especies tierra adentro.

El científico ha documentado la caída al mar de árboles de hasta 30 m, “porque no tienen por qué estar enfrente de la playa”, pero están allí “porque la playa los alcanzó”.

De manera puntual, señaló que “efectivamente el mar está avanzando, está haciendo retroceder la costa y estamos perdiendo terreno”. La velocidad del fenómeno varía en los diferentes puntos, incluso en una misma playa. “En algunos sectores muy puntuales de Manzanillo, de 2005 a 2020 hemos registrado una pérdida de terreno frente al mar de 40 m”.

En ese mismo sentido, dijo que se han registrado tasas de erosión de hasta 2 m al año, pero eso no implica que cada año se pierdan esos 2 m, pues “hay momentos en los que la playa se estabiliza y tiene un equilibrio, hasta que llegan oleajes muy fuertes, rompen ese equilibrio y la hacen retroceder”, en una especie de juego de estira y encoge. Así, dijo que en una visita posterior a Manzanillo comprobó una recuperación del escarpe allí registrado en febrero.

El tiempo vuela

La duda que surge es si la defensa de manglares y de bosques incide en la protección de la playa contra la erosión. La respuesta es que la vegetación, especialmente manglares o cocoteros, “tienen una acción de alguna manera en amortiguar o ralentizar el proceso”.

“Hemos notado que en los lugares que no tienen vegetación enfrente, o sea, entre las comunidades o infraestructura y la playa, la erosión es más acelerada, y en los lugares donde hay vegetación costera, aunque sean cocoteros, los escarpes son muy marcados porque la vegetación contuvo el retroceso de la playa”, apuntó.

Por ello, consideró que es una “buena recomendación” protegerla, pero observó que “no es una solución”, pues “lo que hace es retardar el proceso y ese espacio temporal que nos da la vegetación que va a ir retrocediendo, deberíamos usarlo para adecuar el uso de la costa, especialmente ordenar el territorio”.

Barrantes añadió que cada vez que se le hace la pregunta de cómo será la costa en 50 años, responde que se puede hacer estimaciones, pero siempre habrá incertidumbre.

“Creo que más allá de dónde va a estar la playa, lo que deberíamos es decidir qué debe estar en la costa y qué no, para empezar a adecuar el uso del territorio”.

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