Envejecer no es por los años, sino por cómo dejamos de repararnos

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Juan Paúl Ponce

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Envejecer no depende solo de los años, sino de cuánto dejamos de repararnos. Dormir, hidratarse, hacer pausas, ayunar a veces, reducir el ruido mental y mantener ilusiones de futuro permite que el cuerpo se recargue, se repare y envejezca con mayor salud.”

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que envejecer es una cuestión de calendario, que el cansancio, los dolores y la falta de energía llegan simplemente porque pasan los años; sin embargo, cada vez es más evidente que no envejecemos solo por la edad, sino por la forma en que dejamos de repararnos mientras vivimos.

Repararnos no es hacer algo extraordinario, es, simplemente, pausar, porque el cuerpo no se deteriora de golpe; se desgasta en silencio cuando no encuentra espacios para recuperarse. Cuando nunca paramos, cuando todo es estímulo, ruido y exigencia, el cuerpo deja de reparar y empieza solo a resistir.

El cuerpo sabe repararse: si sufrimos una herida, cicatriza; si atravesamos una separación, con el tiempo el dolor se reordena; si padecemos una gripe, los pulmones se recuperan y volvemos a respirar con normalidad. Eso también es reparación. El problema no es que el cuerpo no sepa hacerlo, sino que muchas veces no le damos el tiempo ni las condiciones para lograrlo.

Dormir no es solo “apagar” el cuerpo; mientras dormimos, el cerebro borra imágenes innecesarias, ordena recuerdos y limpia información que ya no sirve. Cuando dormimos poco o mal, esa limpieza no ocurre del todo y aparecen el cansancio físico, el agotamiento emocional y la irritabilidad, y no es la edad, es la falta de descanso real. Algo similar ocurre con la hidratación; beber agua no es un detalle menor: permite que los riñones filtren mejor, que el cuerpo elimine desechos y que las células se hidraten y se recarguen de energía. Cuando vivimos deshidratados, el organismo funciona forzado, como una máquina sin lubricación. También pasa con la comida: vivimos comiendo todo el día, picando sin pausa, sin darle descanso al sistema digestivo, y ayunar de vez en cuando no es una locura ni una moda, tampoco un castigo; es darle al intestino un respiro, permitirle dejar de digerir por un momento para ordenar, limpiar y repararse. A veces, ayunar en la noche en ciertas personas puede ser empezar a cuidarse.

Repararnos implica detener el ruido mental; vivir conectados todo el tiempo, mirando pantallas sin pausa, no deja espacio para que el cerebro se calme. Apagar el celular, hacer silencio, caminar sin estímulos es una forma de reparación. Tomarse un tiempo sin señal, muchas veces, es hacer mucho por la salud.

Incluso el futuro cumple una función reparadora, tener proyectos, ilusiones y metas le dice al cerebro que vale la pena llegar, ver crecer a los hijos, imaginar a los nietos, terminar algo pendiente o iniciar algo nuevo le da al cuerpo una razón para sostenerse, en cambio, vivir sin propósito, rodearse de rutinas vacías o de vínculos sin sentido acelera el desgaste, por eso vemos personas jóvenes agotadas y personas mayores llenas de energía y la diferencia no está solo en los años, sino en cuánto espacio han tenido para pausar, descansar y recargarse. Envejecer bien no significa evitar el paso del tiempo, significa aprender a repararse: dormir mejor, hidratarse, comer con pausas, ayunar cuando corresponde, moverse, hacer silencio y sostener vínculos humanos.

Tal vez necesitamos cambiar la forma en que entendemos el envejecimiento, no como algo inevitable que llega de repente, sino como un proceso que se acelera cuando dejamos de darnos esas pausas necesarias.

Porque envejecer no es cumplir años.
Envejecer es cuando dejamos de darle al cuerpo las condiciones para repararse.
Las células no envejecen solas: envejecen cuando viven sin descanso, sin pausas, sin silencio y sin propósito.

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