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En Venezuela, la historia de un bloqueo parece repetirse con lo sucedido a principios del siglo XX
Una crisis de hace más de un siglo involucró a un dictador aficionado a la fiesta, los objetivos estadounidenses de afirmar su supremacía militar, y fricciones entre las grandes potencias.
The New York Times Company
30 de diciembre de 2025
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00:05h
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Nicolás Maduro afirmó que en el 2025 triunfó lo que llamó "la lealtad suprema" de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), tras varios meses de tensiones por el despliegue militar que EE.UU. mantiene desde agosto en el Caribe y que el líder chavista denuncia como una "amenaza". (Foto Prensa Libre: EFE)
Un bloqueo destinado a asolar la economía de Venezuela. Un vehemente líder venezolano conocido por sus inusuales movimientos de baile en momentos de angustia. Un gobierno estadounidense que pretendía afirmar su supremacía militar en Latinoamérica. Sí, estas descripciones se refieren a la crisis en la que está sumida Venezuela. Pero también se aplican a una campaña militar contra Venezuela en los albores del siglo XX, la cual produjo un cambio radical en las relaciones de Estados Unidos con América Latina. La crisis de Venezuela de 1902-03 centró la atención mundial en Cipriano Castro, un dictador aficionado a las fiestas conocido como el León de los Andes.
Su gobierno en Venezuela estuvo marcado por un persistente estado de beligerancia hacia las grandes potencias de la época. Cuando finalmente se agotó la paciencia por las deudas impagadas de Venezuela, Alemania, el Reino Unido e Italia recurrieron a lo que entonces se conocía como diplomacia de cañoneras, y utilizaron su poder naval para ejercer presión en un intento de hacer que ese país cumpliera sus obligaciones. “Es el análogo más cercano en muchos sentidos a lo que ocurre hoy”, dijo Francisco Rodríguez, economista venezolano de la Universidad de Denver.
Las similitudes entre ambos bloqueos ponen de relieve cómo las características del enfrentamiento actual, como el lenguaje antimperialista de Nicolás Maduro y el empeño del presidente Donald Trump por afirmar el dominio estadounidense sobre el hemisferio occidental, recuerdan épocas anteriores. En la primera crisis de Venezuela, el bloqueo desató una oleada de hostilidad antialemana en la prensa estadounidense, basada en gran medida en temores sobre la rápida expansión de la flota naval alemana y las ambiciones de Guillermo II, el malhumorado káiser que dirigía Alemania.
El presidente Theodore Roosevelt, al principio algo indiferente ante los esfuerzos europeos por cobrar deudas, tomó nota de este sentimiento. Estados Unidos, con la reciente captura de Puerto Rico y Filipinas como botín de la guerra hispano-estadounidense, estaba en ascenso. “Estados Unidos tenía la sensación de que los acontecimientos corrían a su favor, de forma muy parecida a como se ven hoy los chinos”, dijo Jack Thompson, profesor de estudios estadounidenses en la Universidad de Ámsterdam. Roosevelt ordenó la mayor concentración de poder naval estadounidense jamás vista en el Caribe hasta ese momento, señal de que Estados Unidos estaba dispuesto a luchar para impedir que Alemania se afianzara en la región.
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Alemania, junto con el Reino Unido e Italia, acordaron entonces resolver la disputa con Venezuela mediante el arbitraje, y efectivamente dieron marcha atrás frente al creciente poderío militar estadounidense. Al año siguiente, el presidente estadounidense impulsó intensamente la Doctrina Monroe, que era una advertencia a las potencias europeas contra una mayor colonización en América, al añadir su propio “Corolario Roosevelt” a esa piedra angular de la política exterior. Este corolario, que afirmaba que Estados Unidos tenía derecho a ejercer el “poder policial” en América cuando descubriera casos de irregularidades, condujo a décadas de intervenciones militares, golpes de Estado e invasiones directas de países latinoamericanos.
En noviembre, el presidente Trump propuso su propio “Corolario Trump”. Afirma que su gobierno debe intervenir en el continente americano para impedir la migración masiva a Estados Unidos y garantizar un hemisferio “libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave”. Al igual que el refuerzo militar de Roosevelt era un mensaje para Alemania, una potencia emergente en aquel momento, el bloqueo de Trump de los buques petroleros sancionados en Venezuela tiene como objetivo China, que consume el 80 por ciento de las exportaciones de petróleo de Venezuela y ha realizado enormes incursiones económicas en toda Latinoamérica. También abundan las diferencias entre ambos bloqueos; al fin y al cabo, los separan 122 años.
Uno de ellos se relaciona con la economía de Venezuela. Guerras civiles y levantamientos habían asolado Venezuela, pero a principios del siglo XX el país estaba relativamente cerrado al comercio mundial y no necesitaba importaciones para alimentar a su población. Ahora, Venezuela depende abrumadoramente del petróleo, que representa más del 90 por ciento de sus ingresos por exportaciones. Aunque los expertos afirman que parte de los ingresos petroleros de Venezuela se pierden a causa de la corrupción, el gobierno de Maduro necesita los ingresos de este comercio para mantener en funcionamiento las fuerzas armadas e importar artículos de primera necesidad, como alimentos.
Otro contraste evidente tiene que ver con Estados Unidos, que ya no es una potencia mediana, sino un coloso con armas nucleares. Y después de décadas en las que Estados Unidos dio prioridad a sus objetivos en Medio Oriente y Asia, Trump está volviendo a concentrar su atención en el hemisferio occidental. Su campaña de intimidación contra Venezuela es solo el comienzo de este cambio, según ha dejado claro el gobierno de Trump, parte de un esfuerzo por reafirmar la supremacía estadounidense en una región en la que los dirigentes han colocado durante mucho tiempo la soberanía nacional y la no intervención entre sus valores fundamentales.
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Sin embargo, otros paralelismos entre los dos bloqueos de Venezuela muestran que la historia, si no se repite del todo, sí rima un poco. Por ejemplo, Cipriano Castro, el dirigente venezolano que protagonizó la crisis de 1903. Al igual que Maduro en la actualidad, presentó su presidencia como una línea de defensa contra una nueva oleada de colonialismo y como un repudio a las ricas élites venezolanas alineadas con intereses extranjeros. Con apenas 1.67 m de estatura, solía llevar botas de tacón alto y un extravagante sombrero con plumas para parecer más alto, así como uniformes militares de gran tamaño adornados con medallas y enormes charreteras doradas.
“Tiene la vanidad de un pavo real, el temperamento de un tigre y los hábitos de un sátiro”, escribió una vez un diplomático británico sobre Castro. Cuando los banqueros se negaron a refinanciar la deuda de Venezuela después de que Castro tomara el poder en 1899 hizo que les pusieran grilletes y los hizo desfilar por Caracas. Al día siguiente, aceptaron financiar su gobierno. “Es un poco irónico, pero yo lo llamo la reestructuración de la deuda más exitosa de la historia de Venezuela”, dijo Rodríguez, el economista. En medio del actual enfrentamiento con Washington, Maduro ha cantado y bailado, mientras que Castro se hizo famoso durante el bloqueo de 1903 por celebrar bailes que duraban desde el atardecer hasta la mañana siguiente, según relatos de la época.
Tiene la vanidad de un pavo real, el temperamento de un tigre y los hábitos de un sátiro.
En una ocasión, cuando los buques de guerra británicos y alemanes se apoderaban de barcos de la armada venezolana, organizó un baile en el Palacio de Miraflores, entonces la mansión presidencial oficial de Caracas, bebiendo champán y bailando durante horas con un elenco rotativo de amantes mientras los generales esperaban en los pasillos con telegramas urgentes. El registro histórico no siempre presenta a Roosevelt de la mejor manera durante la crisis de Venezuela. Detestaba a Castro y lo llamaba “pequeño mono indescriptiblemente malvado”, lo cual reflejaba el racismo que impregnaba sus propias opiniones y la política estadounidense de la época.
¿Podría el resultado del primer bloqueo de Venezuela arrojar alguna pista sobre cómo podría acabar el actual enfrentamiento? Puede que sea demasiado pronto para saberlo. Castro se mantuvo en el poder durante unos años hasta que su mala salud (provocada por el “libertinaje”, según los diplomáticos estadounidenses) lo llevó a buscar atención médica en Europa en 1908. Su mano derecha, Juan Vicente Gómez, tomó entonces el poder en un golpe sin derramamiento de sangre apoyado por Estados Unidos. Castro permaneció en el exilio hasta su muerte en 1924.
Gómez gobernó Venezuela con mano de hierro y amasó una inmensa fortuna mientras utilizaba espías y agentes para controlar la nación mediante la fuerza y el terror. Otorgó concesiones a las compañías petroleras estadounidenses, mantuvo buenas relaciones con las potencias mundiales y liquidó la deuda externa de Venezuela. Gómez gobernó hasta 1935, cuando murió tranquilamente en su cama a la edad de 78 años.
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