A
Ana Fornaro
Guest
«No tengo amigos, tengo amores», decía el escritor chileno Pedro Lemebel en una suerte de juego, provocación y declaración política en que se ponen al mismo nivel —o se invierten— el amor romántico y la amistad. Si mis amigos son mis amores —o viceversa—, la amistad aparece como una pasión y lo erótico como un territorio más llano, más libre, una idea que se ve con fuerza en los círculos feminista...
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