Elección deja partidos políticos más devaluados y 40% caerían como inactivos o cancelados

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Mario Bermúdez Vives

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El valor de los partidos políticos en Costa Rica pareciera enfrentar un proceso de devaluación en los últimos años, que podría haberse profundizado luego de la última elección presidencial.

A pesar de que los partidos políticos son el instrumento entre los ciudadanos y los cargos representativos como la Presidencia y la Asamblea Legislativa, su valoración ha estado entre los más bajos niveles en mediciones como las encuestas del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica desde el 2016. En 21 mediciones desde ese año, el promedio de calificación es de 3,9.

Asimismo, lucen cada vez más lejanos de la mayoría de los costarricenses, ya que más de un 80% de las personas consultadas indican no simpatizar con ninguna agrupación en específico.

Este distanciamiento se evidenció en las urnas: en las últimas dos elecciones, el vencedor fue el movimiento vinculado a Rodrigo Chaves, pero el partido político no fue factor de peso: han recurrido a tres banderas diferentes en cuatro años: el Partido Progreso Social Democrático (PSD) en 2022, luego buscaron a Aquí Costa Rica Manda (ACRM) para las elecciones municipales del 2024, y, finalmente, Laura Fernández alcanzó la Presidencia en este 2026 con el Partido Pueblo Soberano (PPSO).

El resultado electoral también mandó un mensaje claro: de los 20 partidos en la contienda, más de la mitad, 13, no lograron captar un 1% de los sufragios.

Esto podría tener consecuencias en el panorama. De los 38 partidos políticos inscritos ante el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en el ámbito nacional, 8 aparecen inactivos, y 6 podrían quedar cancelados: Marta Castillo, directora del Registro de Partidos Políticos, indicó que los partidos que no obtengan el mínimo de 3 mil votos exigidos en el trámite de inscripción quedarán cancelados. Esto deja a los grupos del Partido de la Clase Trabajadora, la Unión Costarricense Democrática, Esperanza Nacional, Esperanza y Libertad, Aquí Costa Rica Manda y Alianza Costa Rica Primero dependiendo de alcanzar más votos que los reportados en el conteo provisional.

La gran pendiente

Es decir, alrededor de un 40% de los partidos nacionales, entre los inactivos y cancelados, podrían quedar fuera del espectro luego de esta elección. Se pasaría de 38 a 24 partidos activos.

Pero la cifra pudo ser mayor, si hubiera estado aprobado el proyecto 23.844 que se tramita en la Asamblea, la Ley para fortalecer la representatividad e institucionalidad de los partidos políticos.

En este proyecto, el TSE propuso aumentar la cantidad de firmas requeridas para la inscripción a 0,15% del respectivo padrón, lo que habría elevado el requisito a más de 5 mil votos. No obstante, los diputados eligieron aumentar la exigencia al 0,5%, lo que habría puesto el mínimo en más de 17 mil votos, lo que de haber estado vigente, habría duplicado la cantidad de formaciones en capilla ardiente en la actualidad. El proyecto se encuentra en la corriente legislativa, superado el trámite de la comisión, a la espera de ser conocido en el Plenario.

Este aumento en la cantidad de respaldo requerido precisamente busca enfrentar uno de los factores de la devaluación de los partidos: el bajo respaldo requerido para inscribirlos, lo que propició que la participación de agrupaciones en las elecciones presidenciales pasara de entre 6 y 8 de 1974 a 1994, a un promedio de 13 entre 1998 y el 2018. A su vez, esta cifra fue superada por niveles de 20 en el 2022 y el 2026.

Más partidos, pero con menos respaldo efectivo entre ciudadanos. Entre 1974 y 1994, el promedio de partidos nacionales que no lograron un 1% de los votos fue de 3,3 participantes por elección. Entre 1998 y el 2018, este promedio de partidos sin el 1% casi se duplicó a 6,3 por elección. Pero en las últimas dos elecciones, 2022 y 2026, el promedio se disparó a 15,5 por cada proceso electoral.

Asimismo, estos partidos —que no alcanzaron el 1% de la votación presidencial— pasaron de representar un 48% de los partidos totales en la papeleta de 1974 a 1994, para aumentar a un 50% en los comicios de 1998 a 2018, y catapultarse a un 68% en las últimas dos elecciones.

Crisis a la vista

“Los partidos políticos en el país están en un gran momento de duda, y posiblemente algunos, de crisis”, comentó el sociólogo y analista Carlos Carranza, quien publicó un estudio sobre la gestación y transformación de estas organizaciones.

Carranza planteó que los partidos empezaron a gestarse alrededor de figuras políticas en el primer tercio del siglo XX, pero posteriormente pasaron a una cohesión ideológica, para pasar posteriormente de la década de los 80 a una concepción de maquinaria electoral, el partido-estructura.

Esto está cambiando nuevamente. “Estamos pasando de la maquinaria, al manejo de partidos líquidos, que se mueven de acuerdo con las demandas y necesidades de diferentes grupos, y se adaptan a esas condiciones”, comentó Carranza.

El panorama apunta a un profundo replanteamiento del espectro electoral. Particularmente después de esta elección, Carranza destacó que el PPSO, aunque logró el Gobierno y mayoría en la Asamblea, “no se ve como un partido político, podría ser frágil, no tienen una ideología o trayectoria común, es más una unión alrededor de una figura”, comentó.

Pero tampoco en la oposición hay claridad. Para Carranza, el Partido Liberación Nacional (PLN) está en una especie de cuerda floja, entre el liderazgo de un Álvaro Ramos que quiere reposicionar un proyecto socialdemócrata, y los desafíos de dirigencia que pareciera reacia y buscar reacomodo. No ayuda que los otros precandidatos y actuales diputados, Gilbert Jiménez y Carolina Delgado, en lugar de cerrar filas, lucen cada vez más distantes de la fracción. “Hay que ver si la próxima bancada sigue al excandidato o fija otra línea”, expresó.

El otro protagonista es el Frente Amplio (FA), que logró renovar su credencial de opositor, pero Carranza considera que su posición de tercera fuerza podría abrir desafíos para mantenerse, y la posibilidad de tener que replantear el proyecto, en el contexto de la ofensiva de la derecha conservadora y la necesidad de lograr formas de comunicarse con una ciudadanía que, a pesar de la reducción del abstencionismo, mantiene un alto nivel de apatía.

Sin embargo, la coyuntura específica no impide considerar el panorama general: una sociedad cada vez más fragmentada, con nuevas formas de comunicación, y un gran desafío en la falta de una conexión entre ciudadanos y partidos. “Hay una parte de la población que pareciera ajena (a estos procesos). Si los partidos no entienden esta realidad cada vez más diversa, con multipolaridad de demandas, posiblemente se van a ver limitados”, opinó Carranza, tras advertir la posibilidad que grupos de la sociedad se organicen para tratar de impactar en otros ámbitos, como el municipal, o directamente en el Poder Ejecutivo.

El desafío incluye las reformas que puedan recibir los partidos, sea con el proyecto en la corriente, que incluye la posibilidad de cancelar también a las agrupaciones que no participen en dos procesos electorales consecutivos, lo que elevaría la apuesta de que las agrupaciones tengan que logran respaldo y participar, en lugar de languidecer en el espectro político. Grandes retos para agrupaciones que están perdiendo su valor en forma acelerada.

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