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Pablo Deheza
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Hace 25 años, una criatura verde, de mal carácter y que era incapaz de amar llegó a la pantalla grande de los cines en todo el mundo; de ahí para adelante se quedó en el imaginario colectivo de las Navidades a lo largo de los años. Bajo la dirección de Ron Howard, conocido director de películas como El código Da Vinci, Apolo 13 o Han Solo: una historia de Star Wars, llegó El Grinch con la protagonización de Jim Carrey, quien encarnó de forma brillante al personaje. Más allá de su estética y el humor físico, y que ya son varias generaciones las cuales han disfrutado de este filme, este aniversario va a permitir revisar cómo se realizó la misma y cuál es el impacto a lo largo de este tiempo.
El origen de El Grinch se remonta a 1957, en las páginas del libro How the Grinch Stole Christmas del ilustrador y escritor Theodor Seuss Geisel, más conocido como Dr. Seuss. El libro fue escrito en verso rimado y con ilustraciones en plena posguerra y con un desarrollo económico acelerado que fue marcado por el auge del consumismo y la estandarización de la Navidad en los Estados Unidos.
Seuss construye una fábula moral que busca reflexionar sobre el sentimiento de la Navidad y que la misma no se reduce a un intercambio de regalos, decoraciones o grandes cenas. El Grinch es un ser huérfano que vive aislado en una montaña; detesta la Navidad no por maldad pura y simple, sino porque la considera superficial, ruidosa y falsa. Cuando intenta robarla para que no sea celebrada por los habitantes de Villa Quién (Whoville), termina mostrando el mensaje central del libro: la celebración no depende de lo material, sino del afecto sincero, la empatía y el amor que puede mostrar la comunidad.
El trasfondo crítico de la obra es determinante para comprender por qué el personaje ha resistido el paso del tiempo y ha podido ser reinterpretado en distintos contextos históricos; algo muy similar pasa con Cuento de Navidad (A Christmas Carol) de Charles Dickens.
Cuando Universal Pictures decidió llevar al Grinch al cine de acción real, no fue una tarea fácil, pues se debía transformar un libro breve en un filme de más de 100 minutos. Para esta misión se escogió a Ron Howard por la capacidad que tiene para combinar espectáculo, emoción y narrativa para la familia; esto le permite estructurar una historia compleja sin perder la esencia del libro.
Antes de escoger a Jim Carrey, los productores pensaron en actores como Jack Nicholson y Eddie Murphy, pero tanto el director Howard como el productor Brian Grazer pensaban que Carrey era el actor ideal para encarnar al Grinch por su versatilidad y habilidad para la comedia física. Jim Carrey fue fundamental para el éxito de la película, pues dotó al personaje de una expresividad corporal tan grande que se pudo ver el conflicto interno del personaje sin problema.
El maquillaje fue fundamental para permitir mostrar las características faciales de Carrey; para ello se contrató a Rick Baker, ganador del Óscar, quien en sesiones de varias horas diarias creó un maquillaje protésico que permitió a Jim Carrey desarrollar su personaje de forma muy natural y como él quería hacerlo.
El filme expandió el universo de Villa Quién, por medio de introducir subtramas y personajes secundarios que sirvieron para mostrar y explicar por qué el Grinch rechazaba la Navidad. Estos detalles de la narrativa que fueron elaborados en el guion permitieron humanizar al personaje y mostrarnos un personaje trágico que a la vez despide situaciones de humor a lo largo de la película.
El Grinch fue un éxito comercial, recaudando más de 345 millones de dólares, convirtiéndose en la sexta película de mayor recaudación de 2000. Sin embargo, la crítica fue ambivalente; para Rotten Tomatoes, sitio web de revisión de reseñas, tuvo un índice de aprobación de 49 %. El consenso de los críticos dice: «Jim Carrey brilla como el Grinch. Por desgracia, no es suficiente para salvar esta película. Es mejor ver el cortometraje animado de televisión». En resumen, los especialistas señalaban que el filme exageraba el tono grotesco y el humor físico, alejándose de la sencillez del libro original.
Con el paso de los años, esta forma de pensar fue cambiando, gracias en parte a la recepción doméstica; la película fue revalorizada por las generaciones que la vieron desde casa y a lo largo de diferentes Navidades. Actualmente se considera un clásico que está presente en la televisión, plataformas digitales y en la cultura de los memes de época navideña.
La versión de 2000 no fue la primera ni la última adaptación del personaje; a lo largo de los años el libro ha sido adaptado muchas veces. Primero en 1966 como una película animada para la televisión que contó con la narración de Boris Karloff, quien también hizo la voz del Grinch. En 1977, se hizo en Halloween una precuela llamada Halloween Is Grinch Night, con la voz del Grinch de Hans Conried, o el especial crossover llamado The Grinch Grinches the Cat in the Hat, que fue transmitido el 20 de mayo de 1982 por la ABC.
En 2018, Illumination Studios lanzó The Grinch, película animada con la voz de Benedict Cumberbatch. Esta versión fue de un tono más suave y contemporáneo, ya que fue orientada a un público infantil globalizado. El éxito fue muy relativo y no tuvo el estatus de ícono como la del año 2000.
En 2022, llega a las pantallas El Malo (The Mean One), película estadounidense de terror que hace una parodia sin licencia del libro del Dr. Seuss, que fue mal recibida por la crítica. Más allá de esta última adaptación, esta versión reafirma la vigencia del personaje y la capacidad que tiene para adaptarse con el paso del tiempo.
Además de los medios audiovisuales, el Grinch a lo largo de los años ha sido adaptado al teatro y en musicales, lo cual lo consolida como una figura del entretenimiento navideño.
Han pasado ya 25 Navidades desde el estreno de El Grinch y en diferentes salas del cine del mundo se ha reestrenado para nuevas generaciones que solo lo han visto en sus televisores. La película de Ron Howard puede interpretarse como algo más que una comedia navideña. Como en su origen, nos plantea tensiones sociales que, pese a estar en un nuevo siglo, están vigentes: el individualismo, la exclusión, la mercantilización de las emociones y la presión social para encajar. Así, el personaje representa a ese sujeto que quiere ir en contra de un modelo de felicidad impuesto.
La vigencia del Grinch demuestra que su mensaje sigue siendo pertinente; es un contexto cultural que nos permite reflexionar sobre la posibilidad de tener un cambio social que nos acerque más como personas, que hasta el corazón más pequeño puede cambiar gracias a la empatía y la comunidad.
De esta manera, el aniversario 25 no solo celebra a una película exitosa, sino la persistencia de una narrativa que, al ser capaz de adaptarse a distintas épocas, quiere demostrar que la Navidad es algo más que el detalle de dar regalos; representa ese sentimiento que debería unir a las personas.
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El origen del Grinch: Dr. Seuss y la crítica al consumismo
El origen de El Grinch se remonta a 1957, en las páginas del libro How the Grinch Stole Christmas del ilustrador y escritor Theodor Seuss Geisel, más conocido como Dr. Seuss. El libro fue escrito en verso rimado y con ilustraciones en plena posguerra y con un desarrollo económico acelerado que fue marcado por el auge del consumismo y la estandarización de la Navidad en los Estados Unidos.
Seuss construye una fábula moral que busca reflexionar sobre el sentimiento de la Navidad y que la misma no se reduce a un intercambio de regalos, decoraciones o grandes cenas. El Grinch es un ser huérfano que vive aislado en una montaña; detesta la Navidad no por maldad pura y simple, sino porque la considera superficial, ruidosa y falsa. Cuando intenta robarla para que no sea celebrada por los habitantes de Villa Quién (Whoville), termina mostrando el mensaje central del libro: la celebración no depende de lo material, sino del afecto sincero, la empatía y el amor que puede mostrar la comunidad.
El trasfondo crítico de la obra es determinante para comprender por qué el personaje ha resistido el paso del tiempo y ha podido ser reinterpretado en distintos contextos históricos; algo muy similar pasa con Cuento de Navidad (A Christmas Carol) de Charles Dickens.
La adaptación cinematográfica de 2000: un riesgo creativo
Cuando Universal Pictures decidió llevar al Grinch al cine de acción real, no fue una tarea fácil, pues se debía transformar un libro breve en un filme de más de 100 minutos. Para esta misión se escogió a Ron Howard por la capacidad que tiene para combinar espectáculo, emoción y narrativa para la familia; esto le permite estructurar una historia compleja sin perder la esencia del libro.
Antes de escoger a Jim Carrey, los productores pensaron en actores como Jack Nicholson y Eddie Murphy, pero tanto el director Howard como el productor Brian Grazer pensaban que Carrey era el actor ideal para encarnar al Grinch por su versatilidad y habilidad para la comedia física. Jim Carrey fue fundamental para el éxito de la película, pues dotó al personaje de una expresividad corporal tan grande que se pudo ver el conflicto interno del personaje sin problema.
El maquillaje fue fundamental para permitir mostrar las características faciales de Carrey; para ello se contrató a Rick Baker, ganador del Óscar, quien en sesiones de varias horas diarias creó un maquillaje protésico que permitió a Jim Carrey desarrollar su personaje de forma muy natural y como él quería hacerlo.
El filme expandió el universo de Villa Quién, por medio de introducir subtramas y personajes secundarios que sirvieron para mostrar y explicar por qué el Grinch rechazaba la Navidad. Estos detalles de la narrativa que fueron elaborados en el guion permitieron humanizar al personaje y mostrarnos un personaje trágico que a la vez despide situaciones de humor a lo largo de la película.
Recepción inicial y revalorización con el tiempo
El Grinch fue un éxito comercial, recaudando más de 345 millones de dólares, convirtiéndose en la sexta película de mayor recaudación de 2000. Sin embargo, la crítica fue ambivalente; para Rotten Tomatoes, sitio web de revisión de reseñas, tuvo un índice de aprobación de 49 %. El consenso de los críticos dice: «Jim Carrey brilla como el Grinch. Por desgracia, no es suficiente para salvar esta película. Es mejor ver el cortometraje animado de televisión». En resumen, los especialistas señalaban que el filme exageraba el tono grotesco y el humor físico, alejándose de la sencillez del libro original.
Con el paso de los años, esta forma de pensar fue cambiando, gracias en parte a la recepción doméstica; la película fue revalorizada por las generaciones que la vieron desde casa y a lo largo de diferentes Navidades. Actualmente se considera un clásico que está presente en la televisión, plataformas digitales y en la cultura de los memes de época navideña.
Otras adaptaciones del Grinch
La versión de 2000 no fue la primera ni la última adaptación del personaje; a lo largo de los años el libro ha sido adaptado muchas veces. Primero en 1966 como una película animada para la televisión que contó con la narración de Boris Karloff, quien también hizo la voz del Grinch. En 1977, se hizo en Halloween una precuela llamada Halloween Is Grinch Night, con la voz del Grinch de Hans Conried, o el especial crossover llamado The Grinch Grinches the Cat in the Hat, que fue transmitido el 20 de mayo de 1982 por la ABC.
En 2018, Illumination Studios lanzó The Grinch, película animada con la voz de Benedict Cumberbatch. Esta versión fue de un tono más suave y contemporáneo, ya que fue orientada a un público infantil globalizado. El éxito fue muy relativo y no tuvo el estatus de ícono como la del año 2000.
En 2022, llega a las pantallas El Malo (The Mean One), película estadounidense de terror que hace una parodia sin licencia del libro del Dr. Seuss, que fue mal recibida por la crítica. Más allá de esta última adaptación, esta versión reafirma la vigencia del personaje y la capacidad que tiene para adaptarse con el paso del tiempo.
Además de los medios audiovisuales, el Grinch a lo largo de los años ha sido adaptado al teatro y en musicales, lo cual lo consolida como una figura del entretenimiento navideño.
25 años después: El Grinch como espejo cultural
Han pasado ya 25 Navidades desde el estreno de El Grinch y en diferentes salas del cine del mundo se ha reestrenado para nuevas generaciones que solo lo han visto en sus televisores. La película de Ron Howard puede interpretarse como algo más que una comedia navideña. Como en su origen, nos plantea tensiones sociales que, pese a estar en un nuevo siglo, están vigentes: el individualismo, la exclusión, la mercantilización de las emociones y la presión social para encajar. Así, el personaje representa a ese sujeto que quiere ir en contra de un modelo de felicidad impuesto.
La vigencia del Grinch demuestra que su mensaje sigue siendo pertinente; es un contexto cultural que nos permite reflexionar sobre la posibilidad de tener un cambio social que nos acerque más como personas, que hasta el corazón más pequeño puede cambiar gracias a la empatía y la comunidad.
De esta manera, el aniversario 25 no solo celebra a una película exitosa, sino la persistencia de una narrativa que, al ser capaz de adaptarse a distintas épocas, quiere demostrar que la Navidad es algo más que el detalle de dar regalos; representa ese sentimiento que debería unir a las personas.
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