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Giovanni Astudillo
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El ecodiseño en Ecuador es un eje operativo de la economía circular, con impactos medibles en residuos, costos y competitividad.
Según Daniel Heredia, especialista en economía circular y docente universitario, el ecodiseño permite prevenir contaminación desde la fase de diseño, reduciendo impactos ambientales y económicos a lo largo del ciclo de vida de productos y servicios.
Este enfoque cobra relevancia en Ecuador donde, de acuerdo con datos del Ministerio del Ambiente, se generan más de 4,1 millones de toneladas de residuos sólidos al año, de los cuales apenas el 7% se recicla.
Frente a ese escenario, el ecodiseño apunta a reducir residuos desde el origen, antes de que se conviertan en un problema de gestión municipal.
La Ley Orgánica de Economía Circular Inclusiva, vigente desde 2021, define el ecodiseño como la incorporación de criterios ambientales en el diseño de productos y servicios.
Este marco legal se complementa con su reglamento (2023) y con la Estrategia Nacional de Economía Circular (2024), que fija metas progresivas para sectores productivos.
Un dato clave para el sector empresarial es que la normativa prevé regulaciones secundarias obligatorias, especialmente para empaques y envases, responsables de cerca del 30% de los residuos sólidos urbanos en Ecuador.
Esto explica por qué el ecodiseño se ha vuelto prioritario para industrias de alimentos, bebidas, consumo masivo y exportación.
El principio central del ecodiseño es extender la vida útil de los materiales. En América Latina, el Circularity Gap Report estima que la región es apenas 7,2% circular, lo que significa que más del 90% de los materiales extraídos no retornan al sistema productivo.
En Ecuador, estudios sectoriales señalan que la aplicación de criterios de economía circular en plásticos podría reducir hasta en 30% la generación de residuos plásticos al 2040, además de crear más de 600 000 empleos circulares, entre reciclaje, refabricación y servicios asociados.
Ecodiseño en servicios: menos productos, más valor
El ecodiseño no se limita a bienes físicos. En servicios, se aplica a través de la economía de la funcionalidad, donde el consumidor paga por el uso y no por la posesión, explica Heredia.
Ejemplos internacionales muestran que los modelos de alquiler y retorno en electrodomésticos y tecnología pueden reducir hasta 40% el consumo de materias primas, según datos de la Unión Europea.
En telefonía móvil, por ejemplo, los esquemas de retorno permiten recuperar hasta 85% de los componentes de un equipo para reacondicionamiento o reciclaje, disminuyendo la presión sobre minerales críticos y reduciendo emisiones asociadas a la fabricación de nuevos dispositivos.
El sector de empaques y envases ha sido el primero en adoptar ecodiseño de forma sistemática. Antes, un solo empaque podía combinar entre cinco y 10 materiales distintos, lo que elevaba costos y hacía inviable su reciclaje.
Hoy, la tendencia apunta a monomateriales, reducción de peso y eliminación de componentes innecesarios, cuenta Heredia
Empresas ecuatorianas del sector plástico ya exportan resinas recicladas de grado alimenticio, y fabricantes locales han logrado reducir entre 10% y 25% el peso de sus envases, generando ahorros directos en materia prima y transporte, además de menor huella ambiental.
El ecodiseño también se refleja en la forma de comunicar. La normativa y las buenas prácticas internacionales recomiendan evitar términos ambiguos. Decir “empaque reciclable” sin infraestructura real puede inducir a error. Por eso, gana fuerza el concepto “diseñado para ser reciclado”, que considera tecnología disponible, mercado y comportamiento del consumidor.
Estudios de mercado muestran que 6 de cada 10 consumidores urbanos en Ecuador valoran información ambiental clara en el empaque, y que una comunicación transparente puede incrementar hasta en 15% la preferencia de marca, siempre que no incurra en sobrepromesas.
Dentro del sector alimentario, Pronaca reporta que 74% de sus empaques y envases ya están diseñados para ser reciclados, señala Camila Hernández, gerente corporativa de Sostenibilidad de Pronaca.
Desde 2022, la empresa implementó un manual de ecodiseño con cinco reglas clave: eliminación de materiales problemáticos, reducción de plástico virgen, uso de monomateriales, disminución del sobreempaque y comunicación responsable.
Entre los resultados concretos se incluyen el reemplazo de bandejas de poliestireno por PET, la incorporación de 30% de resina reciclada en bandejas de embutidos y el rediseño de empaques para alimentos de mascotas, ahora 100% reciclables.
El futuro del ecodiseño en Ecuador dependerá de tres factores: innovación tecnológica, regulación efectiva y participación del consumidor.
Las proyecciones indican que, si se aplican hojas de ruta sectoriales, el país podría duplicar su nivel de circularidad en materiales plásticos en los próximos 15 años.
Para la industria, el mensaje es claro: el ecodiseño ya no es un costo adicional, sino una herramienta para reducir riesgos, optimizar recursos y sostener la competitividad. Para el consumidor, representa la posibilidad de elegir productos con menor impacto real, cerrando el círculo entre diseño, uso y recuperación.
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Según Daniel Heredia, especialista en economía circular y docente universitario, el ecodiseño permite prevenir contaminación desde la fase de diseño, reduciendo impactos ambientales y económicos a lo largo del ciclo de vida de productos y servicios.
Este enfoque cobra relevancia en Ecuador donde, de acuerdo con datos del Ministerio del Ambiente, se generan más de 4,1 millones de toneladas de residuos sólidos al año, de los cuales apenas el 7% se recicla.
Frente a ese escenario, el ecodiseño apunta a reducir residuos desde el origen, antes de que se conviertan en un problema de gestión municipal.
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¿Qué establece la ley y por qué importa a las empresas?
La Ley Orgánica de Economía Circular Inclusiva, vigente desde 2021, define el ecodiseño como la incorporación de criterios ambientales en el diseño de productos y servicios.
Este marco legal se complementa con su reglamento (2023) y con la Estrategia Nacional de Economía Circular (2024), que fija metas progresivas para sectores productivos.
Un dato clave para el sector empresarial es que la normativa prevé regulaciones secundarias obligatorias, especialmente para empaques y envases, responsables de cerca del 30% de los residuos sólidos urbanos en Ecuador.
Esto explica por qué el ecodiseño se ha vuelto prioritario para industrias de alimentos, bebidas, consumo masivo y exportación.
Del residuo a la materia: cifras que explican el cambio
El principio central del ecodiseño es extender la vida útil de los materiales. En América Latina, el Circularity Gap Report estima que la región es apenas 7,2% circular, lo que significa que más del 90% de los materiales extraídos no retornan al sistema productivo.
En Ecuador, estudios sectoriales señalan que la aplicación de criterios de economía circular en plásticos podría reducir hasta en 30% la generación de residuos plásticos al 2040, además de crear más de 600 000 empleos circulares, entre reciclaje, refabricación y servicios asociados.
Ecodiseño en servicios: menos productos, más valor
El ecodiseño no se limita a bienes físicos. En servicios, se aplica a través de la economía de la funcionalidad, donde el consumidor paga por el uso y no por la posesión, explica Heredia.
Ejemplos internacionales muestran que los modelos de alquiler y retorno en electrodomésticos y tecnología pueden reducir hasta 40% el consumo de materias primas, según datos de la Unión Europea.
En telefonía móvil, por ejemplo, los esquemas de retorno permiten recuperar hasta 85% de los componentes de un equipo para reacondicionamiento o reciclaje, disminuyendo la presión sobre minerales críticos y reduciendo emisiones asociadas a la fabricación de nuevos dispositivos.
Empaques y envases son lo más visible del ecodiseño
El sector de empaques y envases ha sido el primero en adoptar ecodiseño de forma sistemática. Antes, un solo empaque podía combinar entre cinco y 10 materiales distintos, lo que elevaba costos y hacía inviable su reciclaje.
Hoy, la tendencia apunta a monomateriales, reducción de peso y eliminación de componentes innecesarios, cuenta Heredia
Empresas ecuatorianas del sector plástico ya exportan resinas recicladas de grado alimenticio, y fabricantes locales han logrado reducir entre 10% y 25% el peso de sus envases, generando ahorros directos en materia prima y transporte, además de menor huella ambiental.
Comunicación responsable y evitar el greenwashing
El ecodiseño también se refleja en la forma de comunicar. La normativa y las buenas prácticas internacionales recomiendan evitar términos ambiguos. Decir “empaque reciclable” sin infraestructura real puede inducir a error. Por eso, gana fuerza el concepto “diseñado para ser reciclado”, que considera tecnología disponible, mercado y comportamiento del consumidor.
Estudios de mercado muestran que 6 de cada 10 consumidores urbanos en Ecuador valoran información ambiental clara en el empaque, y que una comunicación transparente puede incrementar hasta en 15% la preferencia de marca, siempre que no incurra en sobrepromesas.
Pronaca ha logrado avances medibles en ecodiseño
Dentro del sector alimentario, Pronaca reporta que 74% de sus empaques y envases ya están diseñados para ser reciclados, señala Camila Hernández, gerente corporativa de Sostenibilidad de Pronaca.
Desde 2022, la empresa implementó un manual de ecodiseño con cinco reglas clave: eliminación de materiales problemáticos, reducción de plástico virgen, uso de monomateriales, disminución del sobreempaque y comunicación responsable.
Entre los resultados concretos se incluyen el reemplazo de bandejas de poliestireno por PET, la incorporación de 30% de resina reciclada en bandejas de embutidos y el rediseño de empaques para alimentos de mascotas, ahora 100% reciclables.
Lo que viene: metas, tecnología y consumidor
El futuro del ecodiseño en Ecuador dependerá de tres factores: innovación tecnológica, regulación efectiva y participación del consumidor.
Las proyecciones indican que, si se aplican hojas de ruta sectoriales, el país podría duplicar su nivel de circularidad en materiales plásticos en los próximos 15 años.
Para la industria, el mensaje es claro: el ecodiseño ya no es un costo adicional, sino una herramienta para reducir riesgos, optimizar recursos y sostener la competitividad. Para el consumidor, representa la posibilidad de elegir productos con menor impacto real, cerrando el círculo entre diseño, uso y recuperación.
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