El derecho a la lectura

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Fausto Segovia Baus

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Un recorrido por las principales fuentes de los derechos humanos, nos llevó a comprobar que el derecho a la lectura es inexistente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en todas las Constituciones Políticas del Ecuador.

Las consultas arribaron a la siguiente conclusión: que el derecho a la lectura está implícito, en los artículos 19, 26 y 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que se refieren a la libertad de expresión, a los derechos a la educación y a la actividad cultural. No hay un artículo específico.

El hallazgo es trascendente porque el Ecuador puede trabajar en una propuesta sobre el derecho a la lectura -que no sea implícito-, como soporte de las políticas educativas y culturales públicas, y de los planes nacionales y locales de fomento del libro y la lectura en todo el territorio nacional.

Este espacio ha formulado una serie de iniciativas orientadas a promover la lectura en todos los niveles, sectores y comunidades, más allá del ejercicio escolarizado de aprender a leer en las escuelas que ha formado, con las excepciones del caso, analfabetos funcionales.

Nadie discute la importancia de la lectura, como opción personal, como requerimiento curricular y como estrategia ciudadana. La razón estriba en que la lectura es mucho más que una campaña, una feria o un café-libro.


En las siguientes líneas algunos elementos a considerar para la redacción e implementación del derecho a la lectura, en el contexto ecuatoriano.

Sociedad lectora​


El tema de la lectura es actual porque está asociado a la calidad de vida y la cultura. Pero el Ecuador está en deuda. Las estadísticas sobre el libro y la lectura son preocupantes. Además, no hay una política pública sobre el libro y la lectura. Si el Estado no tiene como prioridad el libro y la lectura, la sociedad civil puede organizarse, y que se construya una sociedad lectora mediante estrategias movilizadoras.

Una experiencia valiosa fue Fundalectura, en Colombia. Es una fundación sin ánimo de lucro creada en 1990, con el objetivo de fomentar la lectura y la escritura en ese país.
Trabaja con instituciones públicas y privadas para generar espacios y políticas que impacten comunidades diversas; promueve la lectura en escuelas, bibliotecas y espacios no convencionales. Fundalectura también asesora al Gobierno colombiano en la formulación de planes y políticas de lectura. Se enfoca en la generación de recursos educativos y en la celebración de la literatura a través de charlas y eventos.

Fundamentos​


El amor a la vida comienza con el amor a las palabras, desde que una persona nace. Las ilustraciones, los dibujos, los sonidos acercan la literatura a los niños.

Leer es una aventura fantástica, a través de mensajes simbólicos: el viaje -todos somos viajeros en el tiempo y en el espacio-; la felicidad -vocablo indescifrable que podría equivaler a sonreír con espontaneidad; el mundo -los paisajes interiores, personales y únicos, y los exteriores, la naturaleza-; las imágenes y sonidos -que son textos maravillosos-; las historias -lo cercano y lo lejano que nos llevan a las raíces, mitos, leyendas y tradiciones-; los misterios -la lucha sempiterna entre el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, los pasadizos secretos, sus vampiros y duendes-; los animales y sus sorprendentes enseñanzas -y en primer lugar, el animal humano; los héroes y heroínas de siempre…

Y mucho más, porque el libro es el poder de la seducción por su encanto incomparable.
Por su olor a tinta es proverbial, y todos los colores imaginables, comenzando por el arco iris. Corresponde, sin lugar a dudas, al amor sin límites, en palabras de Fernando Pessoa: “Amo -al libro- como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo?”

Leer equivale a comer el potaje más sabroso; bailar con la mujer más linda; viajar por los lugares fantásticos, y pintar el mural más visto del mundo. Con razón Jorge Luis Borges dijo que “si existe cielo mi encuentro sería con los mejores libros leídos de mi historia”.

El placer de leer​


Si bien la escuela enseña a leer, en ocasiones “mata” la lectura cuando se convierte en obligación. El placer de leer se encarna en las familias lectoras y en los espacios ciudadanos: las bibliotecas, los parques, los buses, los jardines y las montañas. ¡No hay espacio que no sirva para deleitarse con un libro! Lamentablemente, Ecuador eliminó por decreto el Sistema Nacional de Bibliotecas (SINAB). Y no reemplazó con nada. Miles de libros quedaron embodegados y convertidos en basura.

Liberar libros​


El proyecto BookCrossing o BC fue creado por el estadounidense Ron Hornbaker, en marzo de 2001. Es la práctica de dejar libros en lugares públicos para que los recojan otros lectores, que después harán lo mismo. La idea es liberar libros en la “jungla” (la ciudad) para que sean encontrados por otras personas.

Otras estrategias son las librerías de libros usados, los incunables de los mejores escritores; los cuenta-juegos; los diálogos entre autores y lectores; las tertulias en los parques; los concursos del libro leído, hoy casi extinguidos; el teatro de la calle; los festivales de humor y las dramatizaciones de autores conocidos, intercaladas con música autóctona y danza; los desfiles de disfraces de niños y niñas con trajes de personajes de la literatura (El Quijote, Sancho Panza, el Chulla Quiteño, la Torera…); la recreación de los mitos, leyendas y tradiciones del Ecuador…

Iniciativas ciudadanas​


El derecho a la lectura como marco legal de la política pública sobre el libro y la lectura es emergente. Porque sociedad que no lee está condenada a ser dependiente en lo social, político, económico y científico. En este sentido, así como el Estado tiene la obligación de atender a los niños, niñas y adolescentes en salud y educación, asimismo, el libro y la lectura deben ser prioritarios. El derecho a la lectura es la respuesta.

Hace años, la Casa de la Cultura tuvo magníficas iniciativas en esa línea; hoy yace adormecida. Hubo también colecciones de libros que circularon con El Comercio, El Universo y Últimas Noticias. Otras colecciones maravillosas fueron Bruguera, Alianza Cien, Clásicos Ariel y Ariel Juvenil.

En la actualidad, la Corporación Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura, constituye la única organización ecuatoriana que, entre sus propósitos esenciales, busca mejorar el comportamiento lector mediante procesos de autogestión y a través de la asociación con diversas entidades. Como iniciativa ciudadana, esta corporación edita y distribuye masivamente libros, capacita a mediadores de la lectura, difunde la literatura nacional en el extranjero, y promueve la reflexión teórica sobre el tema de la lectura.

El problema de fondo: la lectura crítica​


La importancia de la lectura va mucho más allá de enseñar a leer. El reduccionismo ha matado la lectura y por extensión a la calidad de la educación. Las contribuciones de las neurociencias son trascendentes.

Los educadores enseñamos a leer –y es un mérito relevante- bajo sistemas que aprendimos en los normales y en las universidades. Pero en el siglo XXI, el tema de la lectura ha superado los modelos tradicionales centrados en la lectura mecánica, orientados a adquirir una serie de automatismos que permiten a los estudiantes a interpretar signos gráficos, mediante una percepción visual y darles una identidad oral. Se insiste en la lectura comprensiva, que tiende a asociar las letras con los sonidos y las palabras con su significado, y lograr, en última instancia, la lectura crítica.

El cerebro lector​


Lo anterior sería imposible entender sin considerar la existencia de un cerebro lector, de acuerdo con la terminología del científico Stanislas Dehaene; es decir, la arquitectura cerebral que hace posible las relaciones entre las neuronas que explican las neurociencias, que permiten, según Max Weber: saber pronunciar las palabras escritas; saber identificar las palabras y el significado de cada una de ellas; y, saber extraer y comprender el significado de un texto.

El tema es complejo y fascinante. Según algunos investigadores estamos todavía en la “madrugada” de la palabra escrita, porque recién comienza a descifrarse en el ADN de la lectura y algunos campos específicos de la neuroeducación: el aprendizaje, la memoria, la atención, la dislexia, entre otros asuntos, donde la bioingeniería, la computación y la biología molecular se han unido para cambiar para siempre a la pedagogía y la medicina.

Las ciencias aplicadas a los aprendizajes están en “pañales”. Pese a ello, en los últimos veinte años, la pedagogía y la psicología, con el apoyo de las neurociencias, han podido generar mapas preliminares del cerebro, en los cuales se identifican los circuitos cerebrales de la lectura, a través de neuro imágenes o imágenes cerebrales, que revelan las áreas que se activan cuando desciframos palabras escritas. ¡La ciencia de la lectura no es una ilusión!

Un ministerio para la lectura​


Joaquín Rodríguez es el autor del libro “Lectocracia: una utopía cívica” (Gedisa, 2023), quien plantea esta idea maravillosa.

“Lectocracia” intenta responder a una pregunta fundamental: ¿Está la lectura en condiciones de cumplir todavía con su promesa de humanización y racionalización?

Responde Joaquín Rodríguez: “En contra de la opinión general, la lectura no nos hace automáticamente más inteligentes, ni más humanos o compasivos. Los regímenes autocráticos han coincidido en el poder de los libros y la lectura como una especie de ‘bombas atómicas espirituales’ cuyos efectos hay que utilizar o controlar”.

Rodríguez destaca en “Lectocracia” que la lectura ha encarnado un principio de esperanza al cultivar el juicio autónomo y el pensamiento crítico de la sociedad. La idea de una lectocracia es, según Rodríguez, “la del empeño serio y explícito, mediante políticas culturales y educativas promotoras de la lectoescritura, por alentar una actitud de compromiso cívico crítico”. ¡Y porque no hay democracia sin lectura!

Derecho y deber​


¡El derecho a la lectura -inexistente en el Ecuador- no se ejerce! Porque este derecho subyace en cada libro que nos da sentido para vivir y ser felices. Es hora de tomar en serio esta iniciativa ciudadana, porque junto al derecho de leer está unido, inseparablemente, al deber del Estado y de toda la sociedad de proveer instancias concretas para ejercerlo, a través de políticas públicas.

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