B
Bertha Payán P.
Guest
Empezar el día con una buena taza de café no tiene precio, sobre todo cuando ese café nace en las tierras altas de Chiriquí, donde la neblina acaricia las montañas y el tiempo parece ir más lento.
El café chiricano es uno de los grandes orgullos de Panamá y un referente mundial del café de especialidad.
Cultivado en regiones como Boquete, Volcán y Renacimiento, a los pies del Volcán Barú, crece entre suelos volcánicos ricos en minerales, temperaturas frescas y lluvias precisas que permiten una maduración lenta y cuidadosa del grano, dando como resultado sabores complejos y elegantes.
De estas tierras surgen cafés arábica de extraordinaria calidad, entre ellos el célebre Geisha, reconocido internacionalmente por sus notas florales y frutales, así como variedades clásicas como Caturra, Catuai, Bourbon, Pacamara y Typica, cada una con carácter propio.
No es casualidad que los cafés chiricanos alcancen premios y precios récord en subastas internacionales.
Aunque Panamá es un productor pequeño, se ha consolidado como una potencia del café de especialidad gracias al trabajo paciente y artesanal de sus caficultores. Cada taza es distinta, casi como un vino de autor.
Tomar café chiricano por la mañana es más que un placer: es bienestar, energía, claridad mental y, sobre todo, un instante de pausa para empezar el día con calma y propósito.
Porque nuestro café no es solo una bebida: es cultura, tradición, excelencia y bienestar. Cada taza cuenta la historia de la tierra volcánica, del esfuerzo silencioso del caficultor y del pequeño lujo de comenzar el día con algo verdaderamente especial.
No lo olvides: en cada taza de café hay un agricultor, un cuidado minucioso y un tesoro escondido en cada grano.
La autora es abogada.
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El café chiricano es uno de los grandes orgullos de Panamá y un referente mundial del café de especialidad.
Cultivado en regiones como Boquete, Volcán y Renacimiento, a los pies del Volcán Barú, crece entre suelos volcánicos ricos en minerales, temperaturas frescas y lluvias precisas que permiten una maduración lenta y cuidadosa del grano, dando como resultado sabores complejos y elegantes.
De estas tierras surgen cafés arábica de extraordinaria calidad, entre ellos el célebre Geisha, reconocido internacionalmente por sus notas florales y frutales, así como variedades clásicas como Caturra, Catuai, Bourbon, Pacamara y Typica, cada una con carácter propio.
No es casualidad que los cafés chiricanos alcancen premios y precios récord en subastas internacionales.
Aunque Panamá es un productor pequeño, se ha consolidado como una potencia del café de especialidad gracias al trabajo paciente y artesanal de sus caficultores. Cada taza es distinta, casi como un vino de autor.
Tomar café chiricano por la mañana es más que un placer: es bienestar, energía, claridad mental y, sobre todo, un instante de pausa para empezar el día con calma y propósito.
Porque nuestro café no es solo una bebida: es cultura, tradición, excelencia y bienestar. Cada taza cuenta la historia de la tierra volcánica, del esfuerzo silencioso del caficultor y del pequeño lujo de comenzar el día con algo verdaderamente especial.
No lo olvides: en cada taza de café hay un agricultor, un cuidado minucioso y un tesoro escondido en cada grano.
La autora es abogada.
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