El “lado B” del resultado electoral: solo un tercio de la población votó por el chavismo

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Álvaro Murillo

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La oficialista Laura Fernández ganó la elección del domingo con un porcentaje contundente y una mayoría legislativa, una noticia indiscutible que favorece al movimiento oficialista liderado por Rodrigo Chaves y que, sin embargo, no logró atraer el 66% de la población, del cual poco más de una mitad votó por partidos opositores y casi la otra mitad ni siquiera acudió a las urnas.

Este es uno de los resultados de las elecciones nacionales que tenían un carácter plebiscitario, como nunca antes, para el mandatario de turno, quien en las encuestas recientes del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) sale favorecido con la aprobación de casi 60% de la población y en otros estudios privados llega incluso a 70%, la cifra que él prefiere repetir cuando habla del apoyo popular.

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Simpatizantes de partidos opositores en la noche del domingo en Cartago, provincia donde el oficialismo perdió. (Foto: Ignacio Ortiz)

Siendo estos los primeros comicios del Partido Pueblo Soberano (PPSO), el vehículo elegido por la dirigencia chavista para llevar a las urnas el respaldo popular recibido por Chaves desde que entró a gobernar, el motor de este movimiento residía en la figura preponderante del mandatario y el reto era tratar de endosar ese capital político a la elegida, Laura Fernández.

El resultado principal de los comicios indica que ese trasvase de capital político sí se logró de manera suficiente, que funcionó el innegable protagonismo de Chaves en los asuntos electorales y la constante alusión del PPSO a la figura de Chaves, tanto como a la supuesta necesidad de “continuidad”, una de las muletillas de Fernández en la campaña. La meta de un triunfo en primera ronda está ahora en el bolsillo, pero los números también dan señales distintas.

Fernández obtuvo el 48% de los votos válidos, lo cual indica que un poco más de la mitad prefirió otros platos del menú. Pudieron ser la candidatura de Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional (PLN), que se suponía iba camino a su tumba en esta elección, o la de Claudia Dobles, de la Coalición Agenda Ciudadana (CAC), la versión nueva del Partido Acción Ciudadana (PAC), que hace cuatro años quedó en la ruina al acabar con alta impopularidad del gobierno de su marido, Carlos Alvarado. El CAC atrajo a casi 5% de los votantes, un punto más que la candidatura de Ariel Robles, de Frente Amplio (FA), la agrupación de izquierda que desde 2022 ha protagonizado la oposición más dura contra el gobierno de Chaves y que ahora también creció. Además, otros 16 aspirantes presidenciales, la mayoría con mensajes de campaña críticos contra el oficialismo, captaron casi 10% del padrón.

En resumen: 51,7% de la gente emitió un voto por alguna opción distinta de la “continuidad” chavista en la elección presidencial.

Mientras tanto, 1.1 millones de costarricenses que estaban inscritos para votar no lo hicieron del todo. Si bien los motivos para el abstencionismo son variados, es certero decir que estas personas tampoco fueron seducidas por los numerosos mensajes de tipo electoral desde el Gobierno y la red de proselitismo oficialista.

De ahí salen las cuentas que se pueden sintetizar así: un tercio votó por la “continuidad” chavista, un tercio votó en contra de ella y un tercio no votó. Por eso, la conclusión es clara: la mayoría del país no se subió al barco oficialista en las urnas a pesar del mayoritario respaldo a Chaves y al gobierno, según las encuestas.

Es decir, la votación por Laura Fernández fue de apenas la mitad de la gente que apoya a Chaves, de acuerdo con las encuestas que suele mencionar él.

Preguntas del ganador vs resistencia opositora

Las razones son aún objeto de estudio y pueden estar asociadas, entre otros factores, al perfil de la candidata o incluso a una actitud ciudadana de diferenciar entre el apoyo a un político, a un movimiento o al deseo o no de que se mantenga en el poder.

No se conoce aún el perfil de los votantes pro chavismo, más allá de la información de las encuestas sobre intención de voto en las cuales se señalaba un predominio de hombres y de personas adultas. También se indicaba un peso mayor en Puntarenas, Alajuela y Limón, aunque se indicaba Guanacaste, donde los resultados del domingo al final le otorgaron un 58% al PPSO.

Es claro el poder oficialista mayoritario en las tres provincias costeras y los cantones de Alajuela fronterizos con Nicaragua, con rangos de apoyo de 60% o más para el PPSO, lo cual se acerca al promedio nacional de aprobación al mandatario Chaves. En cambio en otras provincias o cantones el respaldo no se reflejó tanto en las urnas, pues incluso el PLN triunfó en algunos territorios de mayor nivel socioeconómico o de más apego a lo tradicional, como Cartago en general, el cantón de Dota, Zarcero o los cantones Montes de Oca, Escazú o Belén.

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Laura Fernández celebra su triunfo electoral tras alcanzar el 48% de los votos. (Foto AFP)

Este porcentaje minoritario de expresión chavista en las urnas, aunque resultó suficiente para seguir en el Ejecutivo y para obtener una mayoría en la Asamblea Legislativa (sin alcanzar los 40 diputados que se proponían), podría ser un indicador adverso para proyectos de gran calado en el gobierno actual, como las pretendidas reformas constitucionales e incluso un proyecto de nueva Constitución Política, como ha mencionado el propio Chaves.

Otra comparación relevante es la cantidad absoluta de votos que recibió Fernández frente a la que captó Rodrigo Chaves en 2022, en la elección en segunda ronda que le otorgó el acceso al poder. Después de este gobierno de alta popularidad y de abundantes mensajes en contra de los partidos opositores y la política tradicional, incluida la constante alusión a las elecciones bajo el “tictac” simbólico del tiempo que faltaba para las elecciones, Fernández alcanzó casi 1.2 millones de votos, sólamente 165.000 más que su mentor cuando enfrentó a José María Figueres. Es decir, el crecimiento del “chavismo” entre una elección y otra fue de 16%.

El politólogo Ronald Alfaro, coordinador del CIEP de la Universidad de Costa Rica, confirmó el carácter plebiscitario que en parte tenía esta elección, por el carácter personalista del liderazgo de Rodrigo Chaves como impulsor del movimiento representado por Fernández. “Se ve una diferencia importante en la cantidad de gente que respalda a la Presidencia y la que estuvo (el domingo) con este movimiento. Puede verse como un reto para esta nueva fuerza política en medio de su consolidación”, comentó.

Explicó que, en medio del realineamiento político nacional, hay elementos nuevos como el movimiento oficialista pero también hay circunstancias que se mantienen. “Hay un nuevo orden mezclado con el viejo orden. No es que todo se derrumbó”, añadió Alfaro, sin dejar de mencionar la posibilidad de que el gobierno de Fernández ejecute acciones “de campaña” desde el inicio del mandato, como lo hizo Chaves durante los cuatro años.

Mientras tanto, el PLN se mantiene como la principal fuerza opositora, al margen de si sus votos obedecen al partido o a la influencia directa del candidato, Álvaro Ramos. En 2022 fueron 571.000 en la primera ronda, con el candidato José María Figueres, pero ahora fueron 825.000, un 44% más.

Además, Frente Amplio creció en su caudal de votos para diputados, pues de los 173.000 de la elección de 2022 pasaron a más de 292.000 en estos comicios, un crecimiento de casi 70%. Esto le permite crecer hasta formar una bancada de siete diputaciones que, se prevé, será una voz fuerte de oposición al gobierno de Fernández.

Incluso el PAC, con su versión en coalición, logró levantarse del suelo al dejar atrás los escasos 13.000 votos del 2022 y cero curules, a atraer casi 120.000 sufragios en esta ocasión, lo cual le permite llegar a 4,85% del total de votos válidos para la Presidencia y, al menos, el derecho a compensar parte de sus gastos de campaña con la “deuda política”, así como un escaño legislativo.

Tanto PLN como FA y PAC han sido objeto de duras arremetidas de parte del presidente Rodrigo Chaves y, por tanto, de sus colaboradores y simpatizantes más entusiastas, aunque la “encuesta definitiva” de este domingo muestra que los resultados sumados de esas tres fuerzas son superiores a los de cuatro años atrás. En 2022 las tres fuerzas juntas alcanzaron 768.000 votos para la Asamblea Legislativa y en 2026, 1.037.000, un 35% más. Para diputaciones estas tres fuerzas tuvieron unos 733.000 votos hace cuatro años y ahora captan 862.000 sufragios.

El crecimiento del chavismo, sobre todo en materia de diputaciones, parece haberle pasado la factura a otras fuerzas que desaparecen, Nueva República y Liberal Progresista, y otra que se derrumba de nueve escaños a sólo uno: el PUSC.

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