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Giovanni Astudillo
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El ecosistema de emprendimiento en Ecuador vive un momento de transformación. Las cifras del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) revelan que el país se mantiene como uno de los territorios con mayor actividad emprendedora temprana del mundo.
Uno de cada tres ecuatorianos emprende, ya sea por necesidad o por oportunidad.
Según Luis Alcívar, director de Misión Emprende 593 y líder de áreas estratégicas de la Alianza por el Emprendimiento e Innovación (AEI), a diferencia de años anteriores, la brecha entre ambos tipos de emprendimiento se está cerrando.
Para Alcívar, este cambio refleja un avance importante: cada vez más negocios surgen desde la detección de oportunidades comerciales reales, y no solo desde la urgencia económica o el conocimiento preexistente del emprendedor.
El concepto de emprendimiento por oportunidad implica que el emprendedor identifica una demanda insatisfecha y desarrolla productos o servicios innovadores que resuelven problemas específicos.
Este modelo está directamente relacionado con el crecimiento acelerado, la generación de empleo y el incremento del aporte al PIB nacional.
En Ecuador ya existen negocios jóvenes que, tras apenas tres años de operación, superan los 5 millones de dólares en facturación, impulsados por la innovación y el desarrollo de productos mínimos viables.
Por el contrario, el emprendimiento por necesidad —aunque crucial para la estabilidad social y económica de las familias— suele enfrentar limitaciones más rápidas, dice Alcívar.
Cuando un negocio se vuelve replicable, aparecen competidores que reducen el valor diferencial. Sin capacidades de innovación, estas ofertas se vuelven genéricas y pierden competitividad.
Aquí entran en juego las competencias emprendedoras analizadas por el GEM: resiliencia, trabajo en equipo, visión estratégica y capacidad de transformar amenazas en oportunidades. Estas habilidades son hoy tan importantes como la idea misma del negocio, dice Alcívar.
El emprendimiento en Ecuador muestra una distribución de género prácticamente equitativa: 50,04% mujeres y 49,96% hombres. Sin embargo, persisten desigualdades estructurales que afectan especialmente a las mujeres, como menor acceso a empleo, recursos y apoyo institucional.
La estructura sectorial del emprendimiento ecuatoriano evidencia una fuerte concentración en actividades orientadas al consumo, que representan el 81,26% del total, principalmente en comercio y servicios básicos.
En contraste, sectores estratégicos como las actividades extractivas (0,97%), las orientadas a negocios (3,69%) y las transformadoras (14,08%) muestran una participación limitada, lo que refleja baja diversificación y escaso desarrollo de actividades de mayor valor agregado, según las cifras del Global Entrepreneurship Monitor (GEM)
Si bien el 59% de la población considera al emprendimiento como una carrera profesional viable, la intención de emprender cayó del 56% en 2023 al 38% en 2024. La causa principalmente es el temor al fracaso, que afecta al 40% de los ecuatorianos.
A pesar de ello, la resiliencia emprendedora es alta: más de la mitad de quienes cerraron un negocio planean iniciar uno nuevo, lo que confirma que Ecuador mantiene una cultura emprendedora dinámica, aunque con importantes desafíos estructurales por resolver.
En transformación digital, Ecuador se ubica en un nivel intermedio-alto dentro de la región. El 63,12% de las empresas tiene intención de incorporar más herramientas tecnológicas. Sin embargo, un 25,28% aún presenta resistencia, atribuida a barreras económicas, estructurales y de percepción.
Aunque Ecuador supera a economías rezagadas como Argentina, sigue por debajo de líderes regionales como Brasil y Guatemala.
El crecimiento del emprendimiento de oportunidad está directamente relacionado con las ventajas comparativas del Ecuador, entre ellas la alta luminosidad anual, los microclimas, la biodiversidad y la estabilidad de temperaturas.
Estas condiciones naturales han posicionado al país como referente mundial en banano, camarón, cacao y chocolate de alta calidad.
A partir de estas fortalezas, surgen sectores de alto potencial como:
En la última convocatoria de Misión Emprende, que recibió más de 4 000 postulaciones —la más grande registrada en Ecuador—, estos sectores concentraron la mayor cantidad de propuestas innovadoras.
Muchos de estos nuevos proyectos nacen desde el conocimiento técnico y desde un análisis riguroso de las oportunidades reales del mercado.
Hace apenas una década, Ecuador no contaba con la oferta de programas, metodologías y servicios especializados que existen hoy.
Sin embargo, el ecosistema experimentó una evolución acelerada, en parte gracias al rol protagónico del sector privado, un elemento que sorprende en los análisis regionales del GEL (medición latinoamericana de ecosistemas).
Mientras que países como Uruguay, Chile, Perú o Colombia tienen agencias de desarrollo financiadas con fondos públicos, en Ecuador la mayor parte del impulso proviene de iniciativas privadas y de alianzas con organizaciones como la AEI.
Pese a ello, Alcívar destaca un retraso estructural: no existe un fondo nacional de emprendimiento para financiar etapas tempranas.
En el mundo, este tipo de inversión —considerada de alto riesgo— suele ser asumida por el sector público mediante capital semilla. El Municipio de Quito es uno de los pocos actores que ya entrega 2 millones de dólares anuales para nuevos emprendedores, un paso importante pero aún insuficiente para las necesidades del país, señala Alcívar.
El fortalecimiento del ecosistema también depende de la investigación aplicada, la protección de la propiedad intelectual y la generación de patentes, áreas donde Ecuador tiene un camino por recorrer.
Las principales universidades del mundo financian buena parte de su operación a través de patentes, un modelo que el país debe replicar.
Las incubadoras —como ÉPICO en Guayaquil, ConQuito en la capital cumplen un rol esencial en las primeras etapas del emprendimiento, preparando a los negocios para sobrevivir sin apoyo externo.
Las aceleradoras privadas, en cambio, ofrecen servicios especializados, conexiones estratégicas y modelos de inversión basados en equity, similares a referentes globales como Y Combinator.
A esto se suma la necesidad de que el sistema financiero asuma un rol más activo. Alcívar señala que el emprendedor debe perder el miedo a la banca, y la banca debe modernizar sus procesos para convertirse en un aliado real del crecimiento.
Pese a los retos, Ecuador ya cuenta con un ecosistema sólido, fondos de inversión activos y nuevos espacios como el primer hub de innovación en Quito.
La combinación de emprendimientos basados en oportunidades reales, tecnología y ventajas comparativas del territorio posiciona al país en una ruta de crecimiento que puede transformar su economía en la próxima década.
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Uno de cada tres ecuatorianos emprende, ya sea por necesidad o por oportunidad.
Según Luis Alcívar, director de Misión Emprende 593 y líder de áreas estratégicas de la Alianza por el Emprendimiento e Innovación (AEI), a diferencia de años anteriores, la brecha entre ambos tipos de emprendimiento se está cerrando.
Para Alcívar, este cambio refleja un avance importante: cada vez más negocios surgen desde la detección de oportunidades comerciales reales, y no solo desde la urgencia económica o el conocimiento preexistente del emprendedor.
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Emprender por oportunidad es la ruta hacia el crecimiento económico sostenible
El concepto de emprendimiento por oportunidad implica que el emprendedor identifica una demanda insatisfecha y desarrolla productos o servicios innovadores que resuelven problemas específicos.
Este modelo está directamente relacionado con el crecimiento acelerado, la generación de empleo y el incremento del aporte al PIB nacional.
En Ecuador ya existen negocios jóvenes que, tras apenas tres años de operación, superan los 5 millones de dólares en facturación, impulsados por la innovación y el desarrollo de productos mínimos viables.
Por el contrario, el emprendimiento por necesidad —aunque crucial para la estabilidad social y económica de las familias— suele enfrentar limitaciones más rápidas, dice Alcívar.
Cuando un negocio se vuelve replicable, aparecen competidores que reducen el valor diferencial. Sin capacidades de innovación, estas ofertas se vuelven genéricas y pierden competitividad.
Aquí entran en juego las competencias emprendedoras analizadas por el GEM: resiliencia, trabajo en equipo, visión estratégica y capacidad de transformar amenazas en oportunidades. Estas habilidades son hoy tan importantes como la idea misma del negocio, dice Alcívar.
Las principales cifras del emprendimiento en Ecuador
El emprendimiento en Ecuador muestra una distribución de género prácticamente equitativa: 50,04% mujeres y 49,96% hombres. Sin embargo, persisten desigualdades estructurales que afectan especialmente a las mujeres, como menor acceso a empleo, recursos y apoyo institucional.
La estructura sectorial del emprendimiento ecuatoriano evidencia una fuerte concentración en actividades orientadas al consumo, que representan el 81,26% del total, principalmente en comercio y servicios básicos.
En contraste, sectores estratégicos como las actividades extractivas (0,97%), las orientadas a negocios (3,69%) y las transformadoras (14,08%) muestran una participación limitada, lo que refleja baja diversificación y escaso desarrollo de actividades de mayor valor agregado, según las cifras del Global Entrepreneurship Monitor (GEM)
Si bien el 59% de la población considera al emprendimiento como una carrera profesional viable, la intención de emprender cayó del 56% en 2023 al 38% en 2024. La causa principalmente es el temor al fracaso, que afecta al 40% de los ecuatorianos.
A pesar de ello, la resiliencia emprendedora es alta: más de la mitad de quienes cerraron un negocio planean iniciar uno nuevo, lo que confirma que Ecuador mantiene una cultura emprendedora dinámica, aunque con importantes desafíos estructurales por resolver.
La transformación digital del emprendimiento en Ecuador
En transformación digital, Ecuador se ubica en un nivel intermedio-alto dentro de la región. El 63,12% de las empresas tiene intención de incorporar más herramientas tecnológicas. Sin embargo, un 25,28% aún presenta resistencia, atribuida a barreras económicas, estructurales y de percepción.
Aunque Ecuador supera a economías rezagadas como Argentina, sigue por debajo de líderes regionales como Brasil y Guatemala.
Sectores estratégicos: agroindustria, biotecnología y tecnología impulsan nuevos emprendimientos
El crecimiento del emprendimiento de oportunidad está directamente relacionado con las ventajas comparativas del Ecuador, entre ellas la alta luminosidad anual, los microclimas, la biodiversidad y la estabilidad de temperaturas.
Estas condiciones naturales han posicionado al país como referente mundial en banano, camarón, cacao y chocolate de alta calidad.
A partir de estas fortalezas, surgen sectores de alto potencial como:
- Agroindustria de valor agregado
- Biotecnología aplicada a procesos productivos
- Emprendimientos basados en biodiversidad
- Nanotecnología y desarrollo de microorganismos
En la última convocatoria de Misión Emprende, que recibió más de 4 000 postulaciones —la más grande registrada en Ecuador—, estos sectores concentraron la mayor cantidad de propuestas innovadoras.
Muchos de estos nuevos proyectos nacen desde el conocimiento técnico y desde un análisis riguroso de las oportunidades reales del mercado.
El ecosistema emprendedor ecuatoriano
Hace apenas una década, Ecuador no contaba con la oferta de programas, metodologías y servicios especializados que existen hoy.
Sin embargo, el ecosistema experimentó una evolución acelerada, en parte gracias al rol protagónico del sector privado, un elemento que sorprende en los análisis regionales del GEL (medición latinoamericana de ecosistemas).
Mientras que países como Uruguay, Chile, Perú o Colombia tienen agencias de desarrollo financiadas con fondos públicos, en Ecuador la mayor parte del impulso proviene de iniciativas privadas y de alianzas con organizaciones como la AEI.
Pese a ello, Alcívar destaca un retraso estructural: no existe un fondo nacional de emprendimiento para financiar etapas tempranas.
En el mundo, este tipo de inversión —considerada de alto riesgo— suele ser asumida por el sector público mediante capital semilla. El Municipio de Quito es uno de los pocos actores que ya entrega 2 millones de dólares anuales para nuevos emprendedores, un paso importante pero aún insuficiente para las necesidades del país, señala Alcívar.
El rol de la academia, incubadoras y aceleradoras
El fortalecimiento del ecosistema también depende de la investigación aplicada, la protección de la propiedad intelectual y la generación de patentes, áreas donde Ecuador tiene un camino por recorrer.
Las principales universidades del mundo financian buena parte de su operación a través de patentes, un modelo que el país debe replicar.
Las incubadoras —como ÉPICO en Guayaquil, ConQuito en la capital cumplen un rol esencial en las primeras etapas del emprendimiento, preparando a los negocios para sobrevivir sin apoyo externo.
Las aceleradoras privadas, en cambio, ofrecen servicios especializados, conexiones estratégicas y modelos de inversión basados en equity, similares a referentes globales como Y Combinator.
A esto se suma la necesidad de que el sistema financiero asuma un rol más activo. Alcívar señala que el emprendedor debe perder el miedo a la banca, y la banca debe modernizar sus procesos para convertirse en un aliado real del crecimiento.
Ecuador mira al futuro con innovación, inversión y hubs tecnológicos
Pese a los retos, Ecuador ya cuenta con un ecosistema sólido, fondos de inversión activos y nuevos espacios como el primer hub de innovación en Quito.
La combinación de emprendimientos basados en oportunidades reales, tecnología y ventajas comparativas del territorio posiciona al país en una ruta de crecimiento que puede transformar su economía en la próxima década.
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