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Ana Lucía Freire
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Los glaciares de Ecuador atraviesan una crisis irreversible a largo plazo, pese a los espejismos climáticos recientes. Este lunes 23 de marzo de 2026, la Fundación Ecociencia emitió una alerta sobre la “pérdida sostenida” de estos ecosistemas, aclarando que el aparente incremento en la cobertura detectado en el último año no representa una recuperación del hielo milenario, sino una acumulación temporal de nieve.
Según el análisis técnico, aunque los datos de 2025 muestran una mayor superficie blanca en las cumbres, este fenómeno se debe a precipitaciones recientes que no llegan a compactarse para formar hielo glaciar. “Estos cambios son temporales y no alteran la tendencia general de retroceso“, señaló la organización en un comunicado que busca evitar interpretaciones erróneas sobre el estado de la criosfera andina.
El informe histórico compara la situación actual con los registros de 1985, revelando cifras alarmantes en los principales volcanes del país:
El dato más dramático corresponde al volcán Carihuairazo, cuyo glaciar fue declarado prácticamente extinto en 2024 al alcanzar un 0% de superficie. Si bien en 2025 se detectaron 5 hectáreas de cobertura, Ecociencia subraya que se trata únicamente de nieve estacional que desaparecerá con el cambio de estación, confirmando que el sistema ha perdido su capacidad de regeneración.
En El Altar, la reducción también es drástica, alcanzando el 59,5 % de pérdida hasta el año pasado. Los expertos enfatizan que la formación de un glaciar requiere procesos de compactación de años, condiciones que el calentamiento global y la variabilidad climática actual están impidiendo.
La desaparición de los glaciares no es solo un cambio paisajístico; representa una amenaza directa para la seguridad hídrica del Ecuador. Estos gigantes blancos actúan como reguladores naturales que garantizan el flujo de agua hacia los páramos y cuencas bajas, especialmente durante las épocas secas. Su retroceso compromete los sistemas productivos andinos, la generación hidroeléctrica y los medios de vida de miles de familias que dependen del deshielo gradual para su consumo y riego.
Información externa Retroceso de los glaciares desde 1850
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Según el análisis técnico, aunque los datos de 2025 muestran una mayor superficie blanca en las cumbres, este fenómeno se debe a precipitaciones recientes que no llegan a compactarse para formar hielo glaciar. “Estos cambios son temporales y no alteran la tendencia general de retroceso“, señaló la organización en un comunicado que busca evitar interpretaciones erróneas sobre el estado de la criosfera andina.
Radiografía de un deshielo progresivo
El informe histórico compara la situación actual con los registros de 1985, revelando cifras alarmantes en los principales volcanes del país:
- Antisana: Pasó de 2 075 hectáreas en 1985 a 1 185 en 2024 (pérdida del 42,9 %). Aunque en 2025 subió a 1 398 ha por nieve, la estructura sigue degradada.
- Cotopaxi: Registra una de las mayores afectaciones, con una reducción del 54,4 % de su superficie glaciar en las últimas cuatro décadas.
- Chimborazo: El punto más cercano al sol perdió el 39,5 % de su masa de hielo hasta 2024.
- Iliniza: El retroceso es crítico, habiendo perdido el 92,1 % de su cobertura original.
El caso extremo: La desaparición del Carihuairazo
El dato más dramático corresponde al volcán Carihuairazo, cuyo glaciar fue declarado prácticamente extinto en 2024 al alcanzar un 0% de superficie. Si bien en 2025 se detectaron 5 hectáreas de cobertura, Ecociencia subraya que se trata únicamente de nieve estacional que desaparecerá con el cambio de estación, confirmando que el sistema ha perdido su capacidad de regeneración.
En El Altar, la reducción también es drástica, alcanzando el 59,5 % de pérdida hasta el año pasado. Los expertos enfatizan que la formación de un glaciar requiere procesos de compactación de años, condiciones que el calentamiento global y la variabilidad climática actual están impidiendo.
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Impacto en el suministro de agua
La desaparición de los glaciares no es solo un cambio paisajístico; representa una amenaza directa para la seguridad hídrica del Ecuador. Estos gigantes blancos actúan como reguladores naturales que garantizan el flujo de agua hacia los páramos y cuencas bajas, especialmente durante las épocas secas. Su retroceso compromete los sistemas productivos andinos, la generación hidroeléctrica y los medios de vida de miles de familias que dependen del deshielo gradual para su consumo y riego.
Información externa Retroceso de los glaciares desde 1850
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