Despido de Izquierdo profundizó polarización para próxima Asamblea y complica panorama de inicio para Presidenta electa

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Mario Bermúdez Vives

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Aunque la presidenta electa Laura Fernández arrancará su gestión con una Asamblea Legislativa de entrada bajo control, con la mayor ventaja en cuatro décadas, varias acciones en la recta final de la actual gestión pueden complicar la maniobrabilidad en el terreno legislativo, al aumentar una polarización que ya era evidente.

El despido del diputado Óscar Izquierdo del puesto que tenía en el Instituto de Acueductos y Alcantarillados (A y A) es el ejemplo mas reciente. No solo envió un mensaje de represalia post electoral, sino que abrió la puerta para que el futuro jefe de fracción del Partido Liberación Nacional (PLN), Álvaro Ramírez, le ofreciera a Izquierdo el puesto de jefe de asesores en la futura bancada. Así, en la siguiente fracción, se colocaría al ex jefe de la bancada y exsubjefe de la campaña presidencial de Álvaro Ramos en un rol clave para la definición de posiciones de los próximos diputados del PLN, y con una herida reciente.

Esto iría en dirección contraria de las primeras declaraciones de la presidenta electa Laura Fernández, al indicar que no tiene reparo en solicitar “con humildad” apoyo a diputados del PLN para iniciativas que requieran mayoría calificada (38 votos), acaso intento de buscar posibilidades de negociación, luego de cuatro años de guerra feroz entre Zapote y Cuesta de Moras. Pero con acciones como el despido de Izquierdo, se estaría manteniendo e incluso profundizando la grieta entre el chavismo y el PLN.

No es un asunto menor. La próxima fracción oficialista de Pueblo Soberano (PPSO) dispone de momento -según el conteo provisional- de 31 diputados, lo que le permite tener control del Directorio Legislativo y las votaciones que requieran mayoría simple. Sin embargo, para decisiones más fuertes que están en la agenda de Fernández, se requerirá de mayoría calificada (38 votos): reformas constitucionales, elección de magistrados, aprobación de procesos de vía rápida para proyectos legislativos, e incluso manejo de la agenda legislativa.

La actual fracción oficialista, aunque tenía menos curules -apenas 8, luego de perder dos en el camino- tenía la posibilidad de buscar alianzas entre otras fuerzas que la acuerparon, como Nueva República, el Partido Unidad Social Cristiana y según algunos temas, el Partido Liberal Progresista. Sin embargo, la elección de febrero dejó un panorama polarizado: lo que queda sobre el tablero es el oficialismo, la continuidad del chavismo, y una oposición que se define por su capacidad de confrontar este oficialismo.

Tambores de guerra

Precisamente, para lograr una ambiciosa agenda legislativa, que incluiría la construcción de una Tercera República y cambios de fondo al Poder Judicial -la promesa inconclusa de Rodrigo Chávez y ahora relanzada por Fernández- se requieren 38 votos en la Asamblea.

El propio Chaves dejó claro que deberán buscar alianzas, al indicar que aunque lograron fuerte respaldo en las urnas, van a requerir una negociación en la Asamblea. Chaves indicó que el equipo de Laura Fernández va a buscar “con lupa, luces fluorescentes o microscopio” esos votos en el PLN.

Pero no ayuda incendiar las relaciones desde ahora con acciones como el despido de Izquierdo, o el nombramiento de Laura Fernández como ministra de la Presidencia, lo que, de entrada, la pone en la complicada situación de tener que mediar con una bancada del PLN que va de salida, y un Ejecutivo que todavía intercambian choques. De hecho, en esta semana los enfrentamientos, en lugar de aminorar, han ido al alza -incendiados en gran parte por el anuncio del despido de Izquierdo-, lo que pone a Fernández en entredicho: ¿debe tratar de mediar y desgastarse, como ministra, antes de iniciar su administración, o ausentarse del escenario, y generar dudas de este nombramiento y sus condiciones de líder desde antes de empezar?

Los primeros anuncios de las futuras bancadas de oposición hicieran énfasis en su vocación de realizar una “oposición firme”. En el PLN, la designación del jefe de fracción Álvaro Ramírez, quien fue el primer jefe de la campaña de Álvaro Ramos, deja clara una postura de confrontación de entrada. El mismo Ramírez que le ofreció casi inmediatamente el puesto de jefe de asesores a Izquierdo, con quien compartió en la campaña presidencial, en el comando y que elevaría la presencia de la campaña en la futura bancada verdiblanca, ante el inminente nombramiento de Izquierdo en la jefatura de asesores.

En el FA, los actuales diputados han dejado claro que no van a bajar sus banderas, sino a alzarlas más. La jefa de fracción Rocío Alfaro lo dejó claro cuando indicó que, si a Jornadas de doce horas se le pusieron 2.500 mociones, sus sucesores le pondrían 5.000. Debe recordarse también la cohesión de esta bancada, que en la actual Asamblea fue la única que no registró separaciones.

Tampoco ayudan los rumores de posibles fracturas dentro del oficialismo, que, aunque desmentidas por la propia Fernández como meras especulaciones, han propiciado algún ruido, a partir del claro distanciamiento de la actual jefa del oficialismo, Pilar Cisneros, con el próximo diputado José Miguel Villalobos.

Situaciones que evidencian que la polarización, lejos de ceder, está siendo convidada cada vez más para la próxima Asamblea Legislativa. Un Gobierno que logró mayoría, pero requiere negociar con una Asamblea que muestra una oposición más vehemente. Y una oposición que salió tocada de la elección, y que es desafiada constantemente por un oficialismo que la cuestiona, pero que a la vez deberá tocarle la puerta para pedirle su apoyo, al menos a varios de sus integrantes.

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