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Fabiola Pomareda García
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En un momento en que la mayoría de los países generan su electricidad a partir de combustibles fósiles, destacan nueve países cuyos sistemas eléctricos funcionan con energías que no requieren quemar combustibles derivados de carbón, petróleo ni gas natural. En esta lista, está Costa Rica.
El informe «Estadísticas de energía renovable 2025», de la Agencia Internacional de Energía Renovable (Irena, por sus siglas en inglés) muestra que Costa Rica está entre los nueve países con sistemas eléctricos que generan más del 90% de su electricidad a partir de fuentes renovables, junto a Paraguay, Uruguay, Islandia y Noruega.
La producción de electricidad con fuentes no fósiles durante el 2024 fue de un 89,4%, según el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), debido a la baja histórica de los caudales por el intenso fenómeno de El Niño y a una menor disponibilidad de vientos para las plantas eólicas, lo que obligó a usar más plantas térmicas. Sin embargo, este porcentaje se recuperó en 2025, cuando el país produjo un 98,6% de su electricidad con cinco fuentes no fósiles: agua, geotermia, viento, sol y biomasa (residuos agroindustriales como cascarilla de arroz o desechos de caña y materia orgánica).
Unos expertos afirman que el proyecto de ley de apertura del mercado eléctrico pone en riesgo esta matriz renovable porque cambia el modelo de planificación actual y porque se generaría una avalancha de proyectos solares, que requerirán de un respaldo de energía térmica. Sin embargo, otros aseguran que el proyecto se requiere porque ya no se pueden construir más hidroeléctricas grandes y urge la participación de más actores que desarrollen proyectos que reduzcan la dependencia de la energía térmica.
“Canibalización” de energía solar
El proyecto de “Ley de Armonización del Sistema Eléctrico Nacional” se aprobó el 26 de mayo en primer debate en la Asamblea Legislativa; pero requiere 38 votos (mayoría calificada) para aprobarse en segundo debate. El 27 de mayo, el Ejecutivo lo desconvocó del periodo de sesiones extraordinarias temporalmente.
Para el ingeniero Fernando Lizana, especialista en energías renovables y planificación energética, dicho proyecto pone en riesgo la matriz renovable, porque si el país enfrenta una avalancha de proyectos de energía solar, no tendrá suficientes fuentes de energía firme para respaldarla cuando no haya sol y tendrá que invertir en más energía térmica.
Lizana explicó que en todo el mundo se está dando una “avalancha de energía solar”, al ser plantas muy rápidas, livianas y fáciles de construir. Sin embargo, al instalar mucha generación solar, se deben considerar las “rampas de generación”, que son los momentos cuando se apagan todas las plantas solares a la misma hora porque anochece, y que es precisamente el pico más grande de consumo.
Para hacer frente a estas rampas se requieren “respaldos flexibles”, que cubran esa capacidad instalada de solar; es decir, plantas que enciendan con una operación rápida y no muy costosa, como aquellas a base de gas natural —o en menor medida a base de búnker—.
“Lo que ha pasado en los países que tienen mercados liberalizados es un fenómeno llamado la canibalización de la energía solar, y es básicamente que al mediodía estaban saturados de energía solar y tuvieron que instalar baterías; y por otro lado tienen un montón de gas natural, térmica y baterías para respaldar las rampas de generación de energía solar, lo cual al final termina siendo mucho más caro que si hubieran decidido tener otra matriz eléctrica”, aclaró Lizana.
“Todos los inversionistas que quieran ingresar al negocio de la generación eléctrica, que será de $5.000 millones en los próximos 15 años, van a construir plantas solares”, aseveró el experto.
Una “frontera hidroeléctrica”
De acuerdo con el ingeniero Salvador López, consultor en sistemas y mercados eléctricos y exdirector del Centro Nacional de Control de Electricidad (Cence) del ICE, se han dado cambios muy radicales en el entorno nacional e internacional que plantean la necesidad de abrirle espacio a otras alternativas en generación.
López explicó que estos cambios tienen que ver con la “vulnerabilidad” del sistema eléctrico del país debido a la variabilidad climática y con el cambio tecnológico en la transición energética hacia más energía solar, eólica, así como sistemas de almacenamiento.
El país llegó a un punto donde ya se alcanzó una frontera hidroeléctrica y enfrenta la realidad de que “ya no había más plantas hidroeléctricas grandes por desarrollar”, según señaló López en un reciente conversatorio técnico sobre el proyecto de ley organizado por la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Costa Rica (UCR).
El ingeniero reconoció que cuando el ICE empezó a desarrollar el proyecto hidroeléctrico Diquís, se encontró con numerosos obstáculos a nivel ambiental y social, e incluso cuestionamientos de organismos internacionales por los eventuales impactos en el Humedal Térraba Sierpe, lo cual condujo a que no se realizara el proyecto.
A eso se suma que el país empezó a enfrentar fenómenos relacionados con el cambio climático, que expusieron las vulnerabilidades del sistema de generación hidroeléctrica. López no omitió las malas decisiones de las autoridades que plantearon eliminar plantas térmicas porque se tenía muchos años de no usarlas, y más bien se atrasó el incrementar la cantidad de térmico que era necesario en un hidrotérmico.
Asimismo, López destacó que hay un cambio tecnológico trascendental que obliga a acelerar la transición a energías no derivadas del petróleo y que “ese desafío involucra a muchos más actores”. “No podemos seguir pensando igual que hace 70 años, después de todos los cambios que estamos viviendo”, afirmó.
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